Como la primera vez

16. Acusaciones

Maratón (2/2)

 

Katherine

No estaban, me había robado la cámara. 

Intenté darme de golpes contra la pared, porque necesitaba encontrar todo el material para la mañana, sin embargo ni siquiera sabía por dónde comenzar a buscar. No sabía siquiera en qué situación la extravié. Caminé como alma que lleva el diablo hasta la exclusiva imprenta de la universidad, era de una enorme ayuda y de máxima comodidad tener una propia en nuestra academia, puesto que sus horarios eran bastantes accesibles, así que hoy cerrarían sus puertas a última hora.

Recordé lo emocionada que estuve con el trabajo y me sentí aún más devastada. La inspiración de esa tarde me había llegado como un cubetazo de agua fría, golpeando cada uno de mis sentidos y causando que abriera de lleno los ojos al hacerme acreedora de una inmensa imaginación, solamente al observar a la pequeña chica. Aún me carcomía el desasosiego por el paradero de ella, tal vez nos habría mentido en el momento en que le pregunté sobre su situación, pero sin duda, logré un gran progreso al poder entablar una pequeña brecha de confianza entre nosotras. Cuando recién me acerqué, ella había comenzado a temblar, como si tuviera miedo al tacto humano o como si le recordara cosas muy pero muy tristes.

Fue la mejor musa que pude conseguir para ese trabajo, era la viva representación de un sueño anhelado, la minúscula razón de la inocencia, y lo mejor de todo era que Jonathan sería más que idóneo para plasmarla en pintura. Puede que él y yo no coincidamos en nuestros valores y ética, pero aun así, está aún presente el testimonio de por qué un par de chiquillos tan diferentes se volvieron novios, lográbamos ver lo que otros no podían ni con una lupa.Y ahora, pese a nuestro enorme esfuerzo, todo se había ido por la borda en tan solo unos segundos. De seguro él me asesinaría, y luego me despedazaría para tan solo arrojarme al mar en una bolsa de plástico negra, dejando que los tiburones terminaran de devorar mis restos; y obvio no lo culparía, aguantó todas mis faltas de concentración y mis crisis tan poco civilizadas de frustración que ahora no sabía cómo mirarle directamente a la cara.

Corrí en dirección a mi habitación y estampé la puerta con todo el ímpetu que tenía reservado. Jonathan me miró con cierto desconcierto, y me percaté de que lo interrumpí en su trabajo, lo que solo hizo que el dolor en mi estómago aumentara.

— ¿Qué es lo que haces?— preguntó con fastidio.

—Jonathan, me han robado la cámara—exclamé en un grito asfixiado.

— ¿Disculpa? Debe ser una de tus típicas bromas, no puedo creerlo, deja de tomarme el pelo con algo tan importante.

Lo miré con desconsuelo y algunas lágrimas se escaparon de mis globos oculares.

—Yo no haría tal cosa, es cierto, lo lamento tanto—escondí mi terrible lloriqueo entre mis manos, ocultándome de la mirada consternada de mi compañero—. La he buscado por todos los rincones de la facultad, pero cuando me di la media vuelta en la entrada de la imprenta simplemente desapareció, y vamos, sabes que eso no es posible. Además no soy del tipo de persona que pierde las cosas. Menos cuando me cuesta tanto dinero conseguirlas.

Estaba mentalizada para que reclamara mi falta de responsabilidad y por descuidar algo tan valioso, pero fue algo diferente, advertí su duro toque bajo mi piel, y con gracia me atrajo hacia su pecho. Abrí mis ojos con brusquedad, anonadada por la pronta invasión del sentimiento de protección que él me producía, se sentía como ser cobijada. Estaba apoyándome.

—La encontraremos Katherine. Ya verás que podremos hacer algo.

Pasé mis manos temblorosas por su torso, intentado bordearlo con ellas y aferrarme en su camisa.

—He arruinado todo—lloriqueé a moco tendido en su hombro—. Después de todo lo que te esforzaste. 

—Te prometo que le encontraré una solución.

Me preocupó la manera en que dictó esas palabras pero mi propia desesperación no me dejó sospesarlo demasiado. Cuando estuve lo suficientemente tranquila, me trasladé hasta la puerta del dormitorio pensativa, decidiendo si me quedaría fuera reflexionando acerca de todo o si afrontaba las consecuencias de mis actos hablando con los encargados. Detestaba el ser una persona vergonzosa y tímida, como era yo en el pasado. Ahora, me había transformado en alguien fuerte y repleta de confianza en sí misma, que afrontaba sus problemas con la frente en alto y que mostraba aquella cara lamentable que alguna vez me caracterizó. Por mucho tiempo, siempre fui lo que las personas desearon que fuese, pero no más. Y por eso mismo aunque me retorciera al afirmarlo, debía admitir que ya no sentía todo ese odio y despecho acumulado con el pasar de los años que había acumulado hacia Jonathan. Por fin sentí que estaba dejando ir el pasado.

Sonreí ante ese hecho y proseguí a seguir buscando por todas las áreas posibles del campus mi cámara. Ya casi eran las dos de la madrugada y la desesperación carcomía mi paciencia. Mañana era el día de entrega y no tendríamos otra oportunidad de presentar el proyecto. Regresé a la habitación desconsolada, pensando en lo estúpida que me sentía.

Llegó la mañana y no obtuve ni un diminuto avance, estaba tendida en mi cama con mis ojos ardiendo, pidiendo que les dejara liberar todas esas lágrimas acumuladas, todo era un desastre. Con el pasar del tiempo, pensé en todos los eventuales desenlaces en que nos veríamos envueltos por mi culpa, deseaba que si Jonathan presentaba su parte del proyecto yo fuera la única afectada, él no tenía que pagar por mis platos rotos. Tal vez tendría que hacer algunos días de trabajos extras y muchas asesorías para poder aumentar mi promedio, pero eso era lo de menos, simplemente debía conservar mi beca a cualquier costo y que Jonathan no fuera sancionado por mi descuido.



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

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