Como la primera vez

27. Reunión familiar. Parte 1.

Katherine

Aun no terminaba de creerme que Jonathan aceptó. Y aunque mi plan era colarme en su vida y seducirlo, juro que yo no tenía ni la más mínima intención de entrometerme en sus problemas familiares.

—Lo lamento, pero es una locura—le contesté a Beatrice después de que me pidiera que los acompañara a cenar esa noche.

Su hermana había llegado sin previo aviso media hora antes y en cuanto abrí la puerta, se metió sin más a la habitación, sentándose de golpe en la cama de Jonathan. Miró todo el lugar desde su asiento y yo no pude estar más confundida de que una extraña se metiera sin más en un cuarto ajeno.

—Disculpe… ¿Quién es usted?

Era una mujer muy guapa. A simple vista se notaba su porte y lo grácil que era. Cualquier chica se sentiría inferior a su lado y por ello no pude evitar sentirme intimidada también. Se me ocurrió entonces que si se sentó con tanta naturalidad, debía ser una mujer que salía con Jonathan. Aquella incógnita me hizo entrar en pánico.

¿Qué haría si ya tenía a alguien en su vida? No necesitaba que nadie me respondiera. Sería obvio que todos mis planes de venganza se irían al desagüe. Yo no sería capaz de entrometerme en la relación de nadie. Jamás. No les haría a otros lo que me hicieron a mí. Me observó de reojo pareciendo extrañamente interesada.

 —No tienes por qué estar tan nerviosa, Katherine. Me llamo Beatrice, soy la hermana de Johnny.

Algo hizo clic en mi cabeza cuando noté lo parecidos que eran ambos. Debí parecer una idiota creyendo que era su novia o algo por el estilo. Pero todavía había algo de la situación que no me terminaba de convencer.

— ¿Cómo es que sabes mi nombre?

Mi tía me habló de ti. Además, te recuerdo por lo que Jonathan me contaba de ti cuando salían.

Sentí mis mejillas arder. Siempre creí que la probabilidad de que Jonathan le contara a alguien sobre mí era casi nula. Nunca deseó confesarle a nadie nuestra relación. Aquel recuerdo me llenaba de desasosiego.

—Creí que nadie lo sabía—murmuré.

Beatrice me miró con sus bellos ojos oscuros y sonrió.

—Era una época muy difícil para mi hermano. Si no le decía a más personas era porque tenía sus motivos. No porque deseara esconderte.

Sus palabras hacían un eco en mi corazón. Había transcurrido tanto tiempo desde aquellos días, pero aun teníamos tantos asuntos sin resolver que nos seguían persiguiendo como fantasmas. Fue entonces que la duda comenzó a filtrarse por mi cabeza. ¿Y si había juzgado mal a Jonathan todo ese tiempo? ¿Y si solo fue un malentendido que nos llevó al rompimiento? Pensé con detenimiento en aquel día y negué con la cabeza. Lo que vi y él me dijo no podía ser una vil mentira. No después de lo mucho que lloré y le supliqué.

—Ya veo—fue todo lo que pude responder. Compuse una sonrisa en respuesta a su agradable actitud y me dispuse a cambiar de tema—. Jonathan llegará en unas horas, si gustas esperarlo aquí, no hay ningún problema. Saldré un rato a hacer unas compras.

Tomé mi cartera en una desesperada forma de huir sin que me viera muy grosera, y antes de poder enfundarme en mis zapatillas, Beatrice me detuvo.

— ¡Espera! —exclamó. Volteé a verla sin otra opción—. La verdad es que no lo buscaba a él. Si no a ti.

— ¿A mí? —ahora sí que la situación no tenía ni pies ni cabeza.

—Así es—se reacomodó su caro bolso encima de sus piernas—. Me gustaría pedirte un favor.

Oh no, que no tenga nada que ver con algún encargo. Rememoré como en el pasado, las chicas ricas del colegio tenían la absurda idea de que podían usarme de su recadera. Sin embargo, antes de rechazarla, esperé. Viendo que guardaba silencio, a la espera de ella, suspiró con alivio.

—Iré directo al grano—carraspeó—. Quiero que vengas a cenar con mi familia hoy en la noche.

Si me hubieran dicho que me gané la lotería y era millonaria, tendría más sentido a que mi ex cuñada viniera a mi habitación específicamente para pedirme que salga a cenar con ella y los padres de Jonathan. Estaba tan estupefacta que ella tuvo que proseguir.

—En realidad no tenía planeado venir y arrastrarte con nosotros, pero fue lo único que pensé que haría a Johnny presentarse a la cena.

¿Por qué Jonathan iría si yo estaba involucrada? Fruncí el entrecejo, muy confundida con toda la situación.

—Creo que no termino de entender. Dices que si yo me presento, ¿él iría solo porque estoy yo?

Beatrice asintió. No pude evitar reírme ante lo absurdo que era todo eso.

—Lo lamento, pero es una locura.

—No, créeme que no lo es—espetó. De pronto se había puesto muy seria—. Te juro que si hubiera otra manera, no estaría aquí molestándote. Pero en verdad es muy importante que Jonathan se reúna con nuestros padres y arreglen sus diferencias. Me temo que si las cosas siguen así nunca más vuelven a hablarse.

Me mordí el labio. Era cierto que Jonathan nunca tuvo una buena relación con sus progenitores. Rara vez hablaba de su familia y mucho menos de la situación en la que se encontraba. Lo único que conocía era que poseían mucho dinero y que le ponían un exagerado peso sobre los hombros. Y ahora que me ponía a pensar en ello, aun no terminaba de entender cómo diablos acabó estudiando arte. Si ya tenía todos los planes hechos para irse a estudiar a una universidad prestigiosa en ciencias políticas y economía. De pronto, comencé a juntar todas las pistas y no necesitaba ser más lista para entender por qué se había distanciado tanto de sus padres. Exhalé.



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

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