Scarlett
Luego del arrebato masoquista del cavernícola, no hubo más altercados hasta el receso del segundo periodo. Sea como fuera, me encontraba junto con Adelaida y Catalina. Lo bueno es que podían contestar alguna de mis dudas respecto a ciertos temas.
Como por ejemplo el hecho de que la mayoría de estudiantes estuviera observándome y no de la forma en la que estaba acostumbrada, una mezcla de cautela y escepticismo, puede que algunas veces la paranoia nublara mi mente, de forma extraña, prefería esta fuera una de ellas.
—Ayer humillaste a Lincy y Fabián —recordó Catalina en un susurró, como si el solo hecho de mencionarlo fuera algo reprochable— . Lincy querrá cobrárselas, a estas alturas habrá puesto a la mitad del colegio en tu contra, si es que Beverly no lo hecho ya.
Cierto, ella era otro punto interesante.
—¿Qué tipo de relación tienen?
—Son... —Adelaida dudó, como sino supiera que palabra usar—. Son algo así como mejores amigas.
¿Qué? ¿Por qué?
—Hmm —la voz de Catalina apareció, como sino creyera en las palabras de la castaña—. No amigas exactamente, son —ahora ella dudo, abriendo y cerrando la boca varias veces—. Lincy siempre obedece a Beverly, es algo así como su brazo izquierdo.
Mi ceño se frunció.
¿Brazo izquierdo?
—Es complicado de explicar. Cuando las veas juntas entenderás a lo que me refiero.
Mi ceja se arqueó, con franqueza, eso se encontraba en ultimo lugar en mi lista de pendientes, de hecho, ni siquiera clasificaba para estar dentro de la lista.
Caminamos un poco más, la siguiente clase era historia, hasta donde había podido investigar el perfil del profesor, sería una clase interesante, su perspectiva sobre la colonización sería cuando menos singular de escuchar.
—Nosotras tenemos biología —menciono Adelaida—. Nos vemos cuando termine.
Asentí con la cabeza, mintiendo, una vez terminará la clase buscaría un lugar alejado donde poder adelantar algunos cursos.
—Y otra vez, perdón —repitió Adelaida, por decima vez desde que había regresado de darle una paliza al cavernícola. Respiré profundo, si las primeras tres veces que recite una explicación exhaustiva no dio resultado, dudaba que esta fuera diferente.
Así que solo asentí, de nuevo, esperando que ambas se alejarán.
—Así que estabas escondida con ellas —apareció una voz detrás mío, a estas alturas podía reconocer su voz sin la necesidad de girarme—. Típico de alguien de tu clase.
Rodé los ojos.
Yo en serio, no tenía intensión de meterme con ella. No era de las que se ensañaba con una sola persona. Quizá podía jugar más de dos veces si es que era divertido, pero la cosa de atorarme con una rubia quejumbrosa que creía que todo giraba alrededor de su cabello, comenzaba a ser sofocante.
Y solo habían pasado dos días.
Giré poniéndome frente a ella, cuando me resigne a que no cerraría su boca por más que la ignorará.
—Mi clase —repetí, usando el mismo tono despectivo que ella utilizó—, por si nadie te lo ha explicado, tú y yo somos iguales —decirlo colocó un sabor amargo en mi boca, pero si con eso conseguía asquearla, entonces, podría tolerarlo—, tú eres igual a todos. Bueno, quizá con un leve retraso mental, pero en esencia estamos hechos de lo mismo. Grábatelo, por que no pienso seguir desperdiciando saliva en ti.
Luego de ver como su rostro se tornaba de un divertido color rojo, me decidí a hacer lo más inteligente que se me ocurrió.
Irme.
Camine con pasos calmados y seguros, lo suficientes para que nadie tuviera la idea de que yo estaba huyendo de la maraña de pelo teñido. O esa era la idea.
—¿A donde crees que vas? —Me sujeto del brazo, con fuerza, mientras adornaba una sonrisa incomoda en su rostro.
Okey al parecer a alguien le importaba demasiado la opinión pública. Podría usarlo a mi favor en algún futuro, o, quizá ahora.
—Estamos en medio de una conversación.
Sacudí mi brazo, soltándome de su agarre. Fue suficiente para que sus labios se fruncieran, como si estuviera tratando con algún tipo de plaga desagradable.
—No eres nadie. —Me empujo, no con la fuerza suficiente para hacerme caer, aunque quizá ese no fue su objetivo principal, de lo contrario no entendía ese brillo peculiar en sus ojos.
—Contrólate —ordenó una tercera voz, captando la mirada de la rubia como un imán.
¿Qué hacía Leonel aquí?
Para una persona que había decidido terminar su relación, buscaba con demasiada insistencia cualquier escusa para tener contacto con ella. Aunque Lincy, tampoco estaba mejor.
Antes que pudiera detenerme a pensarlo, dos personas me arrastraron lejos, okey, tenía que dejar de ser tan tolerante, los zarandeos estarían oficialmente prohibidos a partir de ahora.
Me soltaron por fin, solo cuando lograron ingresar a un salón desocupado, no muy lejos de ahí, se veían agitadas—. Fue por tu bien —habló la castaña una vez que termino de cerrar la puerta.
—No entiendo porque le tienen tanto miedo —bufe con los brazos cruzados.
—Lincy podría haberte lastimada. Es muy capaz.
Mi ceja de arqueó. Insegura si estábamos hablando de la misma persona.
—Sería capaz de nada —corregí algo más que un poco enfadada, lo note por como retrocedieron—. Yo ya la desafié y sigo aquí. —Extendí mis manos para que me vieran, racionalmente estaba actuando ridícula, pero, quería que despertarán, de alguna forma—. ¿Me ven? ¿Puede ver que sigo bien, intacta? Nada malo me ha pasado.
—Aún.
Era casi cómico que para lo único que Adelaida tomaba valor era para temer a la loca ésa. Respiré hondo. Tratando de tomar otra perspectiva, una que me hiciera más tolerable. Mis ojos se enfocaron en ambas.
¿Cuánto tiempo la ha atormentado para estar tan presente en su mente? No es normal.
Antes que pudiera decir algo, la puerta corrediza se abrió. Un cuerpo masculino atravesándola.
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Editado: 05.03.2026