Cómulus

12. Posible ayuda

Se escucharon pasos que iban y venían, pero Alexa permanecía paralizada, indefensa ante cualquier peligro representado por entidades desconocidas a cualquier estabilidad mental.

– ¡Ah!... no puede ser… Bien hecho, inútil –

Justo después de esto, la cortina monumental  empezó a moverse y los sonidos que se producían eran ya en otro tramo de la habitación, un tramo bastante lejano, según parecía. Alexa se dio cuenta de que se estaba hiperventilando, ya la frustración se estaba escapando por todo su cuerpo, por lo cual, era muy difícil dejar de temblar.

"Debo salir de aquí ahora mismo... debo encontrar esa maldita puerta cuanto antes" Decidida, se levantó con un temor inmenso e intentó con todas sus fuerzas abrir la magnánima puerta por la cual había entrado, pero no resultó, ya que la misma estaba cerrada con llave. Al parecer, Neridia era la culpable de ese percance, pero la joven no lo supo hasta ese momento, uno en el que el alma se le calló al suelo.

Estuvo allí por un tiempo en silencioso, un impotente y agobiante silencio. A su vez, como ya no se percibía movimiento en el ambiente ni señales de vida, Alexa siguió intentando abrir su único boleto de salida para continuar con su busqueda interminable, pero luego de unos dos intentos inútiles más, el evidente ruido de la puerta despertó la curiosidad de otra persona que no se había alejado del todo de la habitación. Unos pasos se escucharon de nuevo, estos se hacían cada vez más cercanos, en lo que la jovencita abría sus ojos debido al natural miedo de ser dañada. Se adhirió a la pared más cercana al fondo del pasillo y, debido al pavor que sentía ante las desconocidas intenciones de su extraña compañía, las piernas de Alexa se sentían de gelatina, lo cual la hizo deslizarse por el muro hasta caer de nuevo en el helado piso, en espera de que las sobras volvieran a jugar a su favor y la hicieran invisible, como última esperanza de defenderse.

El hombre escuchado antes, y también el mismo que Alexa detalló en el pasillo antes de ver al rey, movió la cortina gigante, para averiguarr qué era lo que estaba causando ruido en su alcoba. Al hacer esto, manifestó que la cortina roja ocultaba una pared con una abertura en la parte de arriba, lo suficientemente grande como para que un hombre se parara cómodamente; pero la figura masculina estaba recostada con una pierna estirada y la otra flexionada, tratando de ver algo inusual que demostrara la opción de que su mente no estaba jugando con él. Entrecerró sus ojos, como intentando enfocar mejor hacia lo lejos. Detalló cada parte de su habitación, hasta que, allá en el lejano piso, notó con dificultad que había un pequeño bulto gris oculto en la oscuidad, uno que incluso a esa distancia, se veía tembloroso. La preocupación hizo que el extraño se levantara insofacto, bajó deslizándose por la cuerda dorada sin dejar de ver a la persona que entró en su cuarto sin permiso. Luego de haber descendido, fue acercándose poco a poco, para no provocar sustos y evitar la huida de la presencia. Mientras más se acercaba, más notaba sus características femeninas.

A Alexa se le entumecían las piernas respecto a la precipitación con la que se aproximaba el joven. De repente, toda su anatomía comenzó a prepararse para correr, ya que si el joven intentaba algo, Alexa estaría prearada mentalmente para huir.

– Cordakñe… ¿Paim Iqir?, ¿Ñaicu Exaceqsi? – Agachándose, se colocó frente a Alexa, le tocó la cabeza con su palma para que la muchacha dejara de temblar – ¿Ñaicu Exaceqsi? – Insistió, al parecer, en una lengua que no se pronunciaba como las tantas lenguas que Alexa había escuchado en sus viajes por Europa, tampoco se parecía a lenguas latinas de otros continentes... no, este lenguaje era extraño, pero, ¿Por qué le hablaba en este idioma, si Alexa sabía que él podía hablar su lengua con absouta fluidez? 

Alexa levantó su mirada, sin importarle lo que supuestamente le habían preguntado, tensando todos sus músuculos en espera del primer movimiento de su posible contrincante, sin embargo,  al ver el rostro de su dialogante, se quedó completamente sin aliento.

Unos ojos azules, grandes y profundos, de alguna manera le robaron la voz, el calor que emanaba ese joven era tan reconfortante que a ella le dieron ganas de decir un “no te vayas”, la paz resaltaba en su mirar, con un dulce diferente a cualquier otro, sus labios emitían una esplendorosa sonrisa sin mostrar sus dientes, la piel de su cara relucía en contraste con una barba circular desarreglada en las comisuras de la barbilla afilada y, como guinda del pastel, su mano en la cabeza de ella fue bajando hasta tocar la mejilla de Alexa, rozándola lentamente… era tan cálido y jovial. Sus abundantes cabellos medianamente ondulados, muy desordenados, le pasarón por delante de los hombros cuando dijo un dato y otra pregunta.



Eyis

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En el texto hay: reinos, romance

Editado: 27.05.2020

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