Cómulus

16. Huida reveladora

Lo único que se escuchaba en toda la escena, eran los gritos de Kardálo y la muy leve respiración entrecortada de Alexa, causada por el pánico, angustia y miedo incesante. Nicoláhe, por su parte, miraba la puerta como si el odio mismo estuviera plasmado en ella, solo que, el objetivo de su cólera se hallaba justo del otro lado; parloteando una infinidad de blasfemias dignas de una boca inmunda, o por lo menos, eso era lo que dictaba la opinión secreta del joven. En eso, mientras la tensión del ambiente se incrementaba, los calosfríos de Alexa persistían mientras que unas palabras le causaron un respingo  irremediable.

– Recuerda que mientras estemos juntos, él no podrá hacerte daño –

Aunque no podía verle los ojos, Alexa sabía que la decisión que mostraba Nicoláhe era severa y definitiva, por lo cual, decidió confiar enteramente en él por primera vez. Tal vez fue su instinto de supervivencia el causante de dicho acto, ya que en definitiva, era su única salida hacia una realidad menos violenta y oscura, pero de un modo u otro, esa fue la primera vez que los nervios de Alexa lograron calmarse en aquella tierra extraña, o por lo menos eso creía, hasta que de la nada, las blasfemias del terrible monarca supremo se convirtieron en gritos incesantes.

 – ¡No me importa si deben destruir muros enteros, pero quiero que la encuentren YA! –

Debido a estas aclaraciones inquietantes, la hiperventilación le fue inevitable a la pobre humana prófuga, por lo cual, los sonidos que emanaban de su boca se hacían cada vez más frecuentes y, lamentablemente audibles. En eso, con un instinto de protección tremendo de dudosa procedencia, Nicoláhe musitó unos pequeños “Shhh”, mientras la abrazaba muy fuerte, con la esperanza de calmarla y que así, su vida estuviera a salvo.

“Me va a matar, me va a matar, me va a matar” pensaba la joven sin descanso, y sin percatarse de los brazos que la rodeaban, pues los nervios e impotencia podían por completo con su alma. Solo cuando el silencio reinó en la habitación, Alexa logró calmarse un poco, desanubló su mente y cayó en sí, sabiendo que debía de ser cuidadosa, pues la próxima vez, tal vez no tendría tanta suerte. Nicoláhe la soltó a un paso muy lento, para asegurarse de que no se desplomara por la falta de oxígeno.

– ¿Estás bien? – Preguntó el muchacho.

– E-eso c-creo – los temblores hicieron que la joven se mordiera la parte interna de las mejillas, pero ni siquiera se percató del sabor ferroso en su boca, ni de que Nicoláhe la había abrazado, pues en su mente, las palabras de Kardálo habían llegado para quedarse: “Encuéntrenla YA”

– Debemos movernos, puede volver – En eso, la adrenalina se apoderó de la joven como el relucir de un instinto milenario, por lo cual, sus piernas comenzaron a correr por sí mismas, obviando la presencia de los pulmones o cualquier sistema respiratorio. Fue tanto su afán, que el propio príncipe de Cómulus quedó impresionado al no poder seguirle el paso en ciertos momentos.

Fueron casi volando hacia la habitación. Entraron y Nicoláhe cerró de un portazo poniendo su frente contra la puerta, ambos parecían hiperventilados mientras el cerrojo sonaba con un pequeño “click”, el cual, Nicoláhe nunca accionó con una acción física. Alexa no hallaba un lugar para recostarse, ya que una vez se detuvo, descubrió el peor ataque de cansancio ligado con una respiración acelerada y la angustia, por su puesto, por lo ocurrido antes de la carrera

– Nunca… – Indicó Nicoláhe poniendo una palabra entre cada respiración – Nunca… vuelvas… a correr… así… nos pudieron haber descubierto, y prometí… que él no te haría daño – Se lamentaba con un poco de rabia, ya que en cierta manera, este tipo de acciones precipitadas ponían en aún más riesgo a la delicada situación de Alexa, aunque era totalmente entendible, pues si un maniaco homicida acosador merodea cerca de ti (sin mencionar que eres su blanco actual), tu única alternativa es correr, ocultarte, o defenderte (y si ejecutaba esta última, es más que seguro que acabaría apresada, y quién sabe cómo serían las sentencias legales para actos como esos en aquella tierra)

– Lo siento… no pude contenerme –

Confesó, con una especie de alivio al saber que, una vez en esta habitación, sus probabilidades de ser encontrada eran muy escasas. Pero, un nudo en su garganta se acrecentaba, por lo tanto, decidió guardar silencio mientras se adentraban en la estancia. Era increíble que, de un modo u otro, la estancia se mantuviera iluminada, y se describe de esta forma pues, no importa cuánto mirara a su alrededor, la luz parecía provenir directamente de la totalidad del techo, como si este mismo tuviera luz propia, pero tenue a la vista y perfecta para ahuyentar a la oscuridad metafórica. En eso, Alexa sintió un frío estremecedor proveniente del magnánimo balcón, un frío que haría retorcerse de envidia al de los largos inviernos acaecidos por los terrenales países nórdicos . Debido a esta nuevas situación, que la tomó por sorpresa, la joven abrió sus ojos mientras que sus labios temblaban sin piedad. Sus brazos la rodearon como un reflejo automático y el seño se frunció a modo de incomodidad cuando un dolor de cabeza terrible se apoderó de ella.

En ese momento, Alexa se percató de todas las molestias que Nicoláhe se estaba tomando solo por ella, por lo tanto, no quería informar esto a su anfitrión, así que optó por el silencio como aliado temporal. Mientras tanto, el principe ordenaba unos cuantos papeles en la extraña mesa, donde aún se hallaba la extraña tetera con el mismo humo azul. “Si sirve para el miedo, por alguna razón aparente, tal vez podría servir para el dolor… el miedo es un tipo de dolor, le diré que tengo sed” Sin ninguna pena, en busca de un poco de alivio, Alexa fue lentamente, tocó el hombro de Nicoláhe y este se volteó atento a cualquier palabra de la joven.



Eyis

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En el texto hay: reinos, romance

Editado: 27.05.2020

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