Con P mayúscula

Capítulo 3:

Hailee 

Toda la semana esperé a que Jason tomara represalias. Pero para mi sorpresa, nunca lo hizo. De hecho, el martes por la mañana, cuando salí de mi habitación para bajar, casi me tropiezo con una bolsa llena con mis sujetadores. Había llevado a cabo una investigación exhaustiva para revisar que estaban bien. No hubo ni una sola queja. Ni trampa oculta. Sólo mis sostenes en toda su  gloria de super soporte habitual. Cualquiera podría haber pensado que era una bandera blanca. 
Pero yo no soy cualquiera. 
En todo caso, sé que el gesto es un señuelo, destinado a despistarme de cualquier cosa que él tenga planeada. Así que esperé toda la semana. 
Y esperé. 
Mis antenitas de vinil en alerta máxima cada vez que me he encontrado a Jason y sus amigos en los pasillos de la escuela. Pero apenas miran en mi dirección, justo como me gusta. Excepto por Cameron. Sus ojos siempre se demoran demasiado. Como si estuviera conspirando; planeando mi caída. Es desconcertante, pero no lo pienso demasiado. ¿Tal vez se sienta particularmente idiota este año? Lo que sea que sea, no me importa, porque no importa lo que manden en mi dirección, puedo manejarlo. Lo había estado manejando durante los últimos cinco años y medio. Todos piensan que Jason y yo nos odiamos. Pero no se trata de odiarlo, sino de odiar todo lo que él representa. 
¿Qué él puede lanzar un balón? Como si fuera la gran cosa. También pueden miles de otros chicos de dieciocho años. Personalmente, no entiendo el enamoramiento de la nación. Hacer deporte no hace de alguien una buena persona. No los hace confiables o amables. En mi experiencia, los jugadores de fútbol Americano generalmente son pendejos engreídos que se preocupan más por sus pollas y ganar partidos que por lo que sucede en el mundo que los rodea. O de cómo sus acciones afectan al mundo a su alrededor. 
—Tierra a Hailee —Flick me fulmina con la mirada y parpadeo, reteniendo los recuerdos.  
—¿Sí?- Se mete una papita a la boca y frunce el ceño.  
—Te ves extraña.  
—Y tú no deberías hablar con la boca llena.  
—No mires ahora —baja la voz—. Pero Jason acaba de entrar. 
¿Entonces qué hago? Miro. Que me digan que no haga algo es como una bandera roja para que reaccione. Mamá me llama terca, pero prefiero que me digan que soy obstinada. Jason ni siquiera mira en nuestra dirección. 
Extraño. 
—Huh —digo, comenzando a sentirme un poco decepcionada por su falta de represalias.  
—¿No me digas que realmente quieres que venga por ti? —Flick me mira boquiabierta, mentras empujo una papa frita alrededor de mi plato, cubriéndola con una deliciosa combinación de salsa de tomate y mayonesa. 
—No digo que quiera que él… —Mis palabras mueren en mi lengua cuando siento ojos en mí. Levantando mi rostro, mi mirada se encuentra con la de Cameron.  
—Si no supiera mejor, diría que Cameron Chase tiene interés en ti. Es la cuarta vez esta semana que lo veo mirando para acá —dice ella, con sus labios torciéndose.  
—Sí —resoplo—. Y los cerdos pueden volar.  
—¿Sería tan extraño? Lo conoces desde hace años.  
—¿Es en serio? —Es mi turno de mirarla boquiabierta—. ¿Olvidaste que ayudó a mi hermano esa vez que me robaron la bicicleta y la ropa cuando estaba nadando junto al arroyo y tuve que caminar tres millas a casa sólo con mi traje de baño y chanclas? Por supuesto, solo teníamos trece años en ese entonces, pero había tenido ampollas durante una semana y la insolada que me di estuvo buenísima también.  
—¿O el momento en noveno grado cuando él y Asher se colaron en la casa cuando Jason estaba enfermo y decidieron asustarme con esas extrañas máscaras de payaso o aquella vez que…?  
—Así que le gusta provocarte… Sabes, algunas personas llaman a eso juego preliminar. —Sus cejas se mueven sugestivamente. 
—Oh, Dios mío, hablas en serio.-Flick se encoge de hombros.  
—Lo que digo es que te está mirando como si fueras oxígeno y se estuviera ahogando. 
No, eso no es cierto, de ninguna manera. 
¿O sí? 
Discretamente miro de nuevo al equipo de fútbol americano. Siempre se sientan en las mismas mesas; los que están al lado de las ventanas que dan a la pista de carreras. Cameron no me eest mirando ahora. Está hablando con una pequeña rubia: una joven llamada Kayla, o tal vez era Kylie. No estoy segura, porque a diferencia de la mayoría de los chicos en Rixon High, no es mi misión en la vida conocer a todos. De hecho, podría contar a mis amigos con los dedos de una mano. Pero es más fácil así. Cuando comenzamos el bachillerato y la gente se dio cuenta de que soy la hermanastra de Jason, me miraron de manera diferente y rápidamente me convertí en un peldaño hacia la realeza de Rixon High. Algo que no tenía ganas de ser. 
Nunca. 
Los veo juntos. Cameron sonriendo, ella prácticamente en su regazo, con los ojos saltones y tímida, de una manera totalmente obvia.  
—¿Son esos celos que veo en tu rostro? 
Me inclino sobre la mesa y presiono mi mano contra la frente de Flick. 
—¿Estás segura de que te sientes bien? —Nunca habíamos hablado mucho sobre Jason y sus amigos, y mucho menos de haberlos mirado. Pero he atrapado los ojos de Felicity vagando en su dirección más de una vez esta semana.  
—Niégalo todo lo que quieras, pero sé estas cosas —la risa llena su voz—, y te estoy diciendo que Cameron está interesado en ti. En hacer mi m vida un infierno, mejor dicho. 
Pongo los ojos en blanco, pero descubro que mi mirada vuelve a él. La rubia está acariciando su barbilla ahora con el pecho apretado contra el suyo. Dios, no estoy celosa. Tengo náuseas. La forma en que las chicas se arrojan sobre ellos es asquerosa. Los Raiders no salen con las chicas. Ellos se las follan nada más. Se rotan entre las chicas como un buffet de todo lo que puedas comer. Y las chicas de la escuela están demasiado dispuestas a estar en el menú. 
—¿Recuerdas esa prueba que tuvimos que hacer en la feria de trabajo el año pasado? —Flick dice, sus ojos recorren las mesas que el equipo de fútbol ocupa—. ¿Cuántas chicas crees qque respondieron cazadoras de jugadores de futbol americano para la pregunta “¿dónde te ves dentro de cinco años?” 

Me rio por lo bajo. —Demasiadas. 
—Es muy patético.  
—Desesperado —agrego, sintiendo una extraña inmersión en mi estómago. Ignorándola apartó mi plato, me pongo mis lentes y saco mi cuaderno de dibujo y lápices de colores.  
—¿En qué estás trabajando? —Flick se inclina para ver mejor—. Wow, eso es bueno, Hails, realmente bueno. 
El orgullo se hincha en mi pecho. No dibujo para otras personas, pero nunca está de más escuchar que alguien aprecia tu arte. La pieza, un boceto de niños que ingresan a la escuela que titulé “prisa del primer día”, me había llevado horas, pero aún no está terminada. Me gusta que tenga un proyecto conmigo en momentos como este. Momentos en los que necesito escapar de toda la mierda que viene con ser la hermanastra deJason Ford. 
—Mmm, Hails. —La voz de Flick arruina mi concentración y la fulmino con la mirada. 
—¿Qué?  
—¿Es esa la forma de saludar a tu… amigo? 

Miro por encima del hombro para encontrar a Asher Bennet de pie detrás de mí, con una sonrisa engreída en su rostro.  
—¿Qué es lo que quieres? —Con el lápiz entre los dedos, la columna rígida, me preparo para cualquier mierda que esté a punto de tirarme. 
Las mesas que nos rodean se han quedado en silencio. Todos saben que Jason y yo somos hermanastros. Todos también saben que no hay amor perdido entre nosotros. Por lo general, no viene detrás de mí durante la escuela, prefiriendo mantener nuestros juegos fuera del alcance del público, por lo que cada vez que él o uno de sus amigos se acerca a mí, generalmente garantiza la atención de todos.  
—Solo quería devolverte esto. —Toma algo de su espalda y lo deja caer sobre la mesa frente a mí. 
Mis ojos se abren y luego se entrecierran con desprecio.  
—¿De dónde demonios sacaste esto? —El calor inflama mis mejillas mientras cubro el familiar sujetador de encaje negro con mis manos, arrastrándolo lentamente hacia mí. Es una pregunta estúpida, una que ya sé la respuesta, pero me ha pillado desprevenida.  
—Lo dejaste en mi casa. —Asher se acaricia la mandíbula, alzando la voz unos decibelios para asegurarse de que todos en las inmediaciones lo escuchen—. Cuando nosotros… ya sabes… 
Sus cejas se arquean, una sonrisa malvada pegada en su rostro. La mesa frente a nosotros se ríe, un murmullo comienza a formarse a mi alrededor. Hijo de puta. Aprieto mis manos en puños, mis uñas mordiendo mis palmas. No hay forma de hacer esto a mi favor y, por el brillo arrogante en sus ojos, lo sabe. Se que, si miro a la mesa de fútbol, Jason estará observando cómo se desarrolla su plan tal como había esperado. Fui tonta al bajar la guardia. Pero después de tres días de silencio radial, una pequeña parte de mí esperaba que finalmente hubiera llamado una tregua. Estúpida. Nunca habrá una tregua entre nosotros, y había dejado de preguntarme hace mucho tiempo por qué me odiaba tanto. 
Pero me niego a darme la vuelta y tomar su mierda. 
No puedo. 
Manteniendo mi mirada en Asher, y no en la mesa de fútbol, me pongo de pie, y antes de que pueda detenerme, lo abofeteo. El chasquido de mi palma contra su mejilla atraviesa el aire y sus ojos se oscurecen. 
—Que… 
—Lo prometiste —chillo con un gusto digno de un Oscar—. Prometiste que no se lo dirías a nadie. Pensé… pensé que significaba algo para ti. Pensé que me amabas. 
Él se echa hacia atrás.  
—¿Am… te amaba? —Asher se echa a reír, pero sale todo ahogado—. Nunca dije… 
—Seguro que lo hiciste. —Me acerco a él, bajando los ojos y mirándolo con lo que espero que sean ojos convincentes de cachorrito—. Justo después de que … lo hicimos, dijiste que me amabas. 
Por el rabillo del ojo, veo a Jason moviéndose hacia nosotros, la ira ardiendo en sus ojos azules. Sabiendo que tengo su atención, continuo.  
—Sé que estás preocupado por lo que Jason dirá, Ash, pero está bien. —Mis manos se deslizan por su pecho y su expresión cae—. Podemos estar juntos. Jason no… Oh, hola, Jason. 
Finalmente lo miro.  
—¿Qué coño estás haciendo? —Dice todo enojado, desprecio saliendo de su cuerpo. 
Dando un paso atrás, me acerco a Jason, separándonos de miradas indiscretas ya que ahora tenemos la atención de toda la cafetería.  
—Crees que eres tan jodidamente astuto —le digo con los dientes apretados, aún sonriendo. - Tendrás que esforzarte mucho más que eso para avergonzarme.- 
En el segundo que dije las palabras, veo que sus ojos se iluminan. Mierda. Usualmente no cedo, pero él se metió debajo de mi piel tanto. Demasiado tarde ahora, sin embargo, lo hh desafiado abiertamente. Y Jason nunca retrocede de un desafío. Una de las pocas cosas que tenemos en común. 
—Jase. —El sonido de la voz ronca de Cameron me sorprende. Ni siquiera me había dado cuenta de que se había acercado a nosotros. 
Mis ojos se alzan hacia donde él está al lado de Asher. 
—Vamos, ella ni siquiera lo vale —dice con frialdad, sin siquiera estremecerse cuando las palabras salen de sus labios, sus ojos se niegan a encontrarse con los míos. Pero me desarma. 
Incluso ahora, después de todos estos años, es difícil olvidar que Cameron no es un buen tipo. Es un imbécil, al igual que mi hermanastro, Asher y el resto del equipo de fútbol. Pero hasta esta semana, nunca había sido tan obvio sobre su aversión hacia mí. No es que realmente importara porque el sentimiento es completamente mutuo. 
Flick se equivoca. 
Está muy equivocada. 
Cameron no me desea, lo único que busca de mí es arruinarme. Y aparte de ser la pequeña puuta de mi hermanastro, no tengo idea de por qué.  
—Deberías escucharlo, Jase —me burlo—. No quisiera que la gente piense que eres… 
—Está bien, Hails. —Los brazos de Flick me rodean la cintura y ella comienza a alejarme—. Creo que tu trabajo aquí está hecho. 
Los tres me miran, una mezcla de confusión, desprecio y desafío brillan en sus ojos. La mayoría de las chicas habrían tenido miedo. La mayoría de las chicas habrían corrido a los baños y llorado por la posibilidad de que los chicos más populares de la escuela la ataquen. Pero no soy la mayoría de las chicas.  
—¿Qué demonios fue eso? —Flick sisea en el momento en que salimos de la cafetería. Empuja mi bolso hacia mí.  
—¿Qué? No iba a esperar y dejar que Asher hiciera eso.  
—¿Pero llamar a Jase así? 
Me encojo de hombros y me dirijo hacia el estudio de arte. Luego tengo un período libre y el Señor Jalin está más que feliz de que use uno de sus salones, siempre y cuando limpie después de que termine. Y necesito eliminar mis frustraciones. Flick me alcanza.  
—Oye, no quise decir… 
Me detengo y me encuentro con su mirada de disculpa.  
—Lo sé. ¡Yo solo… ugh! Es muy irritante. ¿Crees que quiero pasar el último año yendo y viniendo  con él? Confía en mí, no es lo que quiero. Pero tampoco no puedo hacer nada. 
Lo había intentado antes y no funcionó. En noveno grado había decidido ignorarlos. Si no reaccionaba, se aburrirían, ¿verdad? 
Incorrecto. 
La gota que colmó el vaso fue cuando Jason le pagó a Macauley Denver para que me iinvitará all baile de primavera. Fue tan dulce e insistente, y compartimos una aversión común al equipo de fútbol. Había sido imposible decirle que no, pero debería haber sabido que todo era una artimaña. 
Debería haber sabido que mi torcido hermanastro tenía algo que ver con eso. Pero ttenía catorce años y, como toda adolescente, quería una noche de normalidad. La madre de Macauley nos había llevado a la escuela y, como un verdadero caballero, me abrió la puerta y me cogió la mano cuando entramos en el gimnasio. Después de encontrarnos una mesa, Macauley se había asegurado de que estuviera cómoda antes de ir y traernos una bebida. 
Había visto a los otros chicos bailar, reír y sonreír, y durante esos preciosos minutos, me sentí como uno de ellos. Hasta diez minutos después, cuando vi a Macaulay besándose con su verdadera cita, Sarah McKrinsky. Jason había disfrutado mucho al decirme la verdad, sonriéndome con Cameron y Asher flanqueando su costado como malvados lugartenientes. Podría haber salido corriendo de allí con lágrimas en los ojos y el corazón hecho jirones, pero no lo hice. 
Porque Jason me subestimó. No se dio cuenta de que cada vez que jugaba conmigo, cada vez que intentaba hacerme sentir menos, me hacía más fuerte. Y mis paredes eran tan impenetrables ahora, que no estoy segura de que hubiera algo más que pudiera hacer para llastimarme para molestia de mi hermanastro, me había quedado en el baile esa noche. Flick y su cita estaban más que felices de dejarme ser su violinista, así que bailamos y reímos hasta que la música se acabó y las luces se encendieron. Macaulay incluso se había disculpado; diciendo que se sintió intimidado para aceptar. Después de todo, no le dices a Jason Ford que no. Incluso entonces, a la tierna edad de catorce años, la gente lo trataba de manera diferente debido a su talento en la cancha. Por el legado de su padre. Los alumnos de noveno grado rara vez tenían reclutadores universitarios para verlos, y mucho menos pedir un compromiso verbal con su escuela, pero Jason lo consiguió. Pronto me di cuenta de que iba a empeorar a medida que crecieramos. Ignorarlo no iba a funcionar, así que no tuve más remedio que intensificar y jugar a la altura de sus trucos. No fue ninguna sorpresa cuando nunca me volvieron a invitar a salir.  
—Lo sé, lo sé. —Flick suspira—. Pero me preocupo por ti. Sé que nunca lo ha llevado demasiado lejos, pero algo se siente diferente este año. 
Ella no está equivocada. Yo también lo siento. El cambio. El cambio en el aire. 
¿Pero qué opción tenía? 
Esta es mi escuela, mi vida y estaré jodida si Jason Ford también me lo roba. 

 



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En el texto hay: problemas, amor, futbol

Editado: 13.12.2020

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