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Capítulo 5. Inesperado

La noche se estaba volviendo larga, Lara no podía dormir, giraba a un lado y luego al otro, pero no conseguía la tranquilidad para descansar. Miró al techo, sin mucho interés y empezó a divagar sobre lo sucedido semanas atrás:

Lara había regresado al recinto de los cazadores, tan pronto como el hombre bestia se había alejado de ella. En el pasillo principal del edificio colgaban los retratos de todos los cazadores que habían muerto desde la fundación del Gremio. Era un altar para rendir tributo a todos los miembros caídos.

En el largo camino del pasillo, como siempre, se detuvo frente al retrato de la madre de Vanesa, y como ella se lo había enseñado, se inclinó ante el retrato de Kalla Franco, como le había dicho que se llamaba su madre, era un cuadro diferente, porque éste no tenía la inscripción de su historia, de cómo había muerto; siempre se lo quiso preguntar a Vanesa pero le había parecido impropio y de mal gusto.

Cuando terminó su tributo hacia la madre de Vanesa, siguió avanzando hasta el final del pasillo, donde estaba el retrato de Regina, la Primera Cazadora, pero a diferencia del cuadro de Kalla, éste sí contaba la historia de un romance prohibido en los tiempos de la fundación de los cazadores, hasta que finalmente fue asesinada.

De pronto escuchó unos rápidos pasos que se dirigían hacia ella, por la esquina de su ojo pudo ver a una de las niñas del Gremio, nada más vio su cabello rubio ondear mientras corría, hasta que se estrelló contra ella en un cálido abrazo.

—¡Ya llegaste! –exclamó con infantil entusiasmo.

Poco después, vio cómo una chica castaña aparecía por el pasillo, ella se aceraba con un poco más de tiento, casi con timidez.

—Hola, Alejandra, Emi. –sonrió con un asentimiento, a lo lejos–. Yo también te eché de menos. –dijo, abrazando a Alejandra.

—¡Oye! Sabes que me llamo Pi. –reclamó.

—Está bien, de ahora en adelante te llamaré así.

Lara se crispó un poco, cuando Emilia estuvo lo bastante cerca, era algo que no podía controlar, sabía que Emilia jamás le haría daño, al menos no intencionalmente y como ella, en su momento, ella era una niña que buscaba y necesitaba apoyo y orientación; lo que le extrañaba, porque Emilia era mestiza de lobo, y los lobos eran as criaturas que ella más cazaba.

—Estás haciendo sentir incómoda a Lara. –dijo Emilia, con voz baja.

—En realidad eres tú. –comentó Alejandra, apretando más fuerte el abrazo.

La forma en que Emilia se encogió y retrocedió unos pasos, hizo sentir a Lara que estaba equivocada al juzgar a todos los lobos como bestias.

—Alejandra. –regañó y la separó de sí misma, sujetándola de los hombros–. No vuelvas a decir esas cosas. –había zarandeado un poco a la niña–. Emii, no… no se me ocurriría cazarte a ti.

Emilia levantó su joven rostro y la miró con mucha más seriedad de la que hubiera imaginado jamás en una chica de su edad, una que realmente no debía de tener; pero siendo una niña mestiza, como todos los cazadores, madurar rápidamente era un requisito vital para no dañar pero sí proteger (aunque Alejandra podía portarse como una niña entusiasta, en sus ojos de color se podía ver dicha madurez).

—Soy mestiza de lobo. –comentó, encogiéndose de hombros.

—Cierto, pero sin importar lo que yo sienta hacia los lobos, tú eres una Cazadora.

—Gracias. –dijo la niña con los ojos brillantes.

Por un momento un calosfrío cruzó su espina cuando recordó al hombre lobo.

—¿Ya llegó Vanesa? –preguntó rápidamente para cambiar el tema.

—No, no ha llegado. –respondió Alejandra, cruzándose de brazos–. El Jefe está preocupado por ella. –comentó.

Lara se enderezó, con el ceño fruncido, porque Elijah –el padre de Vanesa– no era del tipo de hombres que demostrara sus sentires, pero ¿cómo no iba a estar preocupado, si Vanesa era su hija? Además, era como si Vanesa hubiera desaparecido, una cacería generalmente no tomaba más que un par de semanas, pero no era de extrañar que alguna fuera más extensa, pero Vanesa ya tenía demasiado tiempo sin volver.

—Parece que el Jefe va a hacer un Tratado de Paz con las Brujas y los Lobos, porque al parecer, tanto mujeres cazadoras, como brujas y lobas han desaparecido. –comentó Emilia.




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