Conociendo al príncipe (el Príncipe 1)

4: Choques

Cuando volvió a casa se encontró con todo lo que Tatiana le había comprado, era más de lo que recordaba, y sus padres estaban tan sorprendidos como ella. 

—¿Todo esto te lo compró la señora Byrne? —preguntó Irem, su mamá. 

—Sí, yo también aún no lo puedo creer —admitió Willow. 

—¿Y le diste las gracias? 

—No me alcanzaron las palabras, y no me dejo. Dijo que la mejor forma de agradecerle es esforzándome en la academia. 

—Bueno, ahora estás obligada a hacerlo —dijo Emilio, su padre. 

—Ni me lo recuerden... —suspiró—. No sé qué haré, iré a esas clases de ricos y seré la burla. 

—Mira el lado bueno —agregó Irem—, ir a las clases de la alta sociedad podría darte la oportunidad de conocer a un duque, un príncipe o algo que se le parezca. 

Willow se levantó de golpe del sofá. 

—¿Cómo puedes decir eso, mamá? Nadie jamás me verá con otros ojos siendo pobre. Lo único a lo que puedo llegar será a planchar su ropa fina. 

—No, pero podría darse la casualidad de que llegues a más... Solo digo. 

La chica se dejó caer de nuevo sobre el incómodo sofá, tenía la mente en los próximos días y en cómo sería su estancia en la academia Royal. Y su visión no era nada buena. Lo poco que sabía de esa escuela, era que ahora estaría siendo gobernada por el heredero al trono de Arcadica, Carston Sutherland, quien no era nada agradable. Desconocía cómo eran sus amigos, pues siempre iba en grupo, cinco contando a Carston. Sabía de su existencia debido a recientes visitas de chicas al taller de costura que no dejan de hablar de ellos, y es que con solo saber su nombre ya llamaban bastante la atención. Willow sabía que sería imposible no toparse con ellos, pero al menos sí evitaría hablarles, reconocía que no era buena idea meterse con un grupo tan poderoso y popular a pesar de que uno de ellos podría terminar contratándola. 

No esperaba una vida turbulenta, pero a veces las circunstancias cambian.

~~~~~

Willow sentía una extraña sensación en su estómago, como una punzada de nervios. Afortunadamente nadie la miraba pues todos estaban metidos en sus asuntos. Agradeció no haber comido tanto antes de irse, ya que sentía que vomitaría en cualquier momento. No estaba preparada para entrar en un lugar tan lujoso, la academia royal estaba ante ella. 

Un edificio moderno con ventanales enormes, jardines amplios, estatuas de diferentes figuras, flores y espacio para los autos, Willow supuso que eran para los profesores, sin embargo, eran exclusivos de los alumnos. Ella había ido en tren, tenía que recorrer un largo camino de su casa hacia la escuela, una distancia de al menos hora y media. 

El uniforme no lo había hecho ella, sino Patsy, y agradecía que conociera sus medidas, sin embargo, como era invierno no fue muy eficiente. El saco solo era de adorno, la tela no era cálida, aún así llevaba un suéter debajo de él, la falda era larga afortunadamente hasta los tobillos cubriendo casi sus botas. El cabello lo llevaba suelto sobre los hombros, enredándose con la bufanda sobre su cuello. 

Emprendió la marcha para entrar al edificio, solo la separaba unos escalones que daban a la puerta. Subió por ellas y la abrió encontrándose con una sala bien arreglada y amplia. Los alumnos caminaban de un lado a otro, contentos de iniciar un nuevo semestre, podía identificar a los de distintas clases. Los sirvientes de gris y los de clase alta de negro. 

Tatiana le había dado su horario y era claro que no sabía dónde quedaba cada aula. Buscó algún mapa que pudiera ayudarla, pero no encontró nada parecido. 

—¿Busca algo? 

—Algo así —respondió Willow volviéndose al extraño. 

—Los salones no están ahí. 

Era un sirviente como ella, el, traje era gris mate, y no llevaba corbata sino moño; era notoriamente más alto que ella, cabello negro y una sombra de barba sin rasurar sobre el rostro. 

—En realidad buscaba un mapa o algo.

—Bueno no creo que haya algo así, y yo también soy nuevo, pero lo que me dijeron fue que los salones de los sirvientes están en planta baja —explicó. 

—¿Y las aulas de los ricos?

El chico alzó las cejas sorprendido. 

—¿No eres una doncella?

—Ah, sí, pero también asistiré a las otras clases. Mi patrocinadora me inscribió a ambas. 

—¿Patrocinadora? Cielos, cada vez sacas más sorpresas. Qué suerte tienes. Por cierto, no me presenté, soy Murray Armour. 

—Willow McGilvery. 

—Bien, Willow, acabas de conseguir un amigo pero ya me tengo que ir a clase —retrocedió animado—, si alguien te molesta, dímelo. 

Se volteó para correr pero solo consiguió chocar con otra persona y tirarlo al suelo. 

—¡Murray! —exclamó Willow. 

Lo vio levantarse sin notar que aquella caída había llamado la atención de todos. Cuando Murray se incorporó se dio cuenta de que a quien había derribado era Carston Sutherland. Este se veía enojado, y con razón, pues Willow sabía que su traje no era de cualquier tela y ahora estaba manchada de café. 



Epsilion Crescent

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En el texto hay: amorprohibido, enemistad, diferenciassociales

Editado: 25.12.2020

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