Corazón de cristal

Capítulo 12

Su verde mirada es dulce, cálida, su pelo está algo alborotado y él parece más relajado que de costumbre. Lleva puesta una remera blanca que resalta su piel bronceada y una gran sonrisa que acompaña su rostro. Nunca me había fijado en lo alto que es. Seguro está alrededor del metro ochenta y cinco. Comprendo el porqué las chicas buscan tanto a Steven, es lo más parecido a un modelo de ropa, realmente atractivo.

Aunque no tanto como Owen...

¿Por qué he pensado en eso?

―Hola, Steven. ¿Qué haces aquí?

―Oh, bueno. Tengo que acompañar a mi prima luego de... esto. Pensé que me aburriría pero vaya ―curva una de las comisuras de sus labios―. Parece que no. Así que quiero hablar contigo ―dice después, poniéndose serio.

―¿Conmigo? ―pregunto―¿Qué? ¿Algo de lo que dijiste la noche del baile?

Él me mira algo confundido, Pero luego en sus ojos brilla la comprensión. Sacude la cabeza. ―No, no. Hablar simplemente ―su voz es grave―. Quería pedirte disculpas por el comportamiento de Carla la otra vez, porque vi que te pegó y pues... Ella es... un caso especial. Pero no estoy saliendo con ella, no me gusta. Y en realidad, estoy allí para pasar el rato ―mira a ambos lados con histrionismo―. ¿Un secreto? No me cae realmente bien, ¿sabes? Me siento acompañado, pero solo al mismo tiempo ―Se lleva una mano hacia el pelo, y lo sacude más―. Realmente no sé por qué te cuento, pero ―sus manos se apoyan en el marco de la puerta― no quiero que pienses que soy un gilipollas.

—Bueno, el que uses a Carla, por más monstruo que sea, te convierte en gilipollas.

—Buen punto. Pero te juro que ni siquiera la he besado.

—Uh, ¿está bien? —digo alzando una ceja—. Es extraño que te sientas solo estando rodeado de tantas personas, ¿no?

—Si tenemos en cuenta cuántas personas existen en el mundo, nadie debería sentirse solo, Emma. Pero sí lo hacemos. Yo estoy rodeado de personas que quieren estar conmigo por mi popularidad en el colegio o por mi físico, que de todas formas es lo mismo en mi caso. ¿Qué me deja eso? Nada. Los únicos que me quieren realmente de todas las personas que conozco son algunos de mis familiares.

¿Ese es Steven? ¿El chico de mi colegio? ¿El del boliche la otra vez?

—Bueno, no me esperaba eso —admito.

—Ya, porque crees que yo soy un gilipollas poco profundo —ríe un poco—. Creí que tal vez podríamos ser amigos —dice, tomándome nuevamente por sorpresa.

Si soy amiga de él, ¿no podría obtener algunas respuestas? ―Mmm, podríamos serlo. Steven... quiero preguntarte algo ―él asiente. Tengo que hacerlo. Ahora o nunca―. ¿Qué ocurrió en el baile contigo? ¿Dónde fuiste luego? ¿Y por qué dijiste eso que dijiste sobre Owen?

Sus ojos se amplían. ―Dije de ser amigos, no hacer una escena de novios celosos. Pero bueno, no tendría problema sobre eso...

—¡Oye! —le digo, codeándolo—. Estoy hablando en serio: hay cosas que no me cuadran y no podemos ser amigos si no me explicas.

—Bueno... vale. Fui a casa de mi padre porque precisaba ayuda, siento haberte dicho esas cosas extrañas. Pero es cierto: Yo no sabría si confiar o no en el chico que estaba en el club.

—¿Por qué? ¿Le conoces?

—No sabría explicártelo, es un ¿presentimiento? Y además creo que tu profe nos está callando —dice señalando a la profesora de canto que nos observa con el dedo índice en sus labios. Acto siguiente una señora mayor comienza a cantar y Steven hace un gesto de dolor de oídos. ―Escucha, vayámonos a otro sitio, ¿sí? Te invito un helado.

―Tengo que quedarme.

―Nah, ven conmigo y luego te traigo ―dice él―. Igualmente vendré por mi prima. ¿Vamos?

Un helado sería algo muy inocente. Pero, ¿salir con él?

—¿Cómo sé que puedo confiar en ti?

—Eso lo decides tú, Emma. Pero mis intenciones no son malas, lo prometo. Y no rompo mis promesas.

―Vale, vamos —digo, pensando cómo encarar las preguntas. Si él sabe algo de Owen, lo descubriré.

Al salir del ensayo, Steven se dirige hacia una motocicleta



Brisa Novas Passo

Editado: 16.02.2018

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