Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

13-una parte de la verdad.

Águila había estado ya varias horas leyendo y observando los grabados de las inmensas paredes, su vista de largo alcance (debo decir que ella ignoraba que su vista fuera un don, pues creía que todo ser poseía una vista similar) le permitía ver casi toda la pared sin moverse de lugar, los grabados narraban con detalles la historia que la bruja serpiente les contara a ella y al cazador en la lata de atún, solo que en los grabados decía que la criatura que se sacrifico era una águila, hecho que la sorprendió.

El cazador, fumando un cigarro recargado en una de las columnas cerca de águila estaba muy aburrido, pero no interrumpía a la ave, pues sabía perfectamente lo que haría cuando tuviera a los cuervos frente a él, y lo que pudiera águila decirle acerca de los grabados, podría serle útil.

-¿sabías que la bruja serpiente fundo el barrio sin nombre junto al primer león de bronce?- le pregunto águila sacándolo de sus ideas, -sí, ella me lo dijo- contesto el cazador sin interés, -bueno- volvió a decir águila –sabias que el barrio sin nombre se llama realmente…- .

-barrio de la media luna- la interrumpió el cazador, -y también sé que las brujas tienen como quinientos años, ni te molestes en decirlo.- añadió levantándose del piso y mientras se sacudía el polvo de la ropa dijo: -si no tienes nada interesante en tus paredes, voy a preparar el equipaje-, -¿equipaje?, ¿para qué?-, el cazador la miro a los ojos y dijo: -para ir al vertedero, a rescatar a tu amigo- y volteando a la escalera de mármol agrego en tono de burla: -pero que memoria-.

No creo que se pudiera culpar a águila, en menos de dos días su vida había dado varios giros extraños, había descubierto secretos y cosas que requerían que dejara atrás casi todos sus miedos, la desaparición de búho por un instante paso a segundo plano.

-Antes de que te vayas- le dijo al cazador – aquí hay algo que quizás te interese-.

-¿Qué es?- pregunto el cazador caminando hacia lo que a él le parecía garabatos de infante.

-esto de aquí narra el primer día de fronteras- comenzó a hablar águila, señalando una imagen de ocho mujeres puestas en dos grupos, de forma vertical, levantando la mano derecha, ante una figura blanca octagonal, -aquí dice que fronteras era parte de algo más, que no siempre fue como ahora es, estas ocho damas mágicas o brujas lo separaron del resto, por una razón que no se explica- agrego águila mirando al cazador que respondió: -eso ya lo sé, ¿Qué más?- águila harta de la actitud del cazador, grito: -¡si sabes tanto por qué no lees el resto tu solo!- y volteo al lado contrario del que se encontraba el cazador para evitar que este la viera llorar de rabia, -vamos- dijo el poniendo la mano izquierda en la cintura de águila mientras que con la derecha la tomaba del hombro, -no quise molestarte, lo que pasa es que no puedo leer- agrego volteando a águila hacia él mientras secaba sus lágrimas, -¡eso no justifica que seas un imbécil inconsciente!- le grito águila soltándose de él, - lo sé, lo sé- le respondió acercándose a su oído y susurrándole agrego: -te necesito, perdóname no volveré a interrumpir, ¿Qué más dice?-.

Águila se puso muy roja y volteo a la pared, -eso era casi todo- dijo –solo queda un verso-, -¿un verso?- pregunto muy sorprendido el cazador -¿podrías decírmelo por favor?- dijo tratando de ser amable.

Águila asintió con la cabeza y comenzó a recitar con voz clara y fuerte: -“nombres extraños de formas de hombres, no tiene sentido la vida a los lados, adentro o afuera de las fronteras, buscas y encuentras, trillado y absurdo, donde la cara se le oculta al mundo, fronteras de sueños, de vidas, de ilusiones y de infiernos”-.

Desde el momento en que águila había comenzado a recitar, el cazador había retrocedido sin ruido y lentamente había caído al piso de rodillas, tocándose con las palmas abiertas su cabeza, como si luchara con algo invisible, cuando águila termino y volteo, lo vio hincado y respirando con gran dificultad, sin que hubiera perdido por esto su sombrero.

-¿estás bien?- le pregunto águila, -no sentir, no sentir- repetía el cazador respirando cada vez más aprisa hasta que por fin dijo -¿Dónde he oído eso antes?-.

Águila pensó que iba a empezar a presumir nuevamente, así que se dirigió a las escaleras, el cazador se repuso y levantándose le pregunto:-¿Qué significa eso para ti?-, -nada es una simple leyenda- contesto águila –lo que a mí me enseñaron es que esta tierra nació con el sol y eso es lo que yo creo, me parece tonto pensar que fronteras fue creada por ocho brujas que todo lo que les he visto hacer es embaucar imbéciles- para esto águila no había volteado a ver el cazador.

El cazador alcanzo a águila en las escaleras y mientras subían le dijo: -no sabes cuánto desearía que tuvieras razón-



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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