Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

28- El refugio.

Algunos seres, basamos nuestra existencia en promesas y ya sea que se cumplan o no, le dan sentido a nuestras vidas, aunque sea por unos días o para siempre, a veces creemos que el momento presente será el definitivo, por eso prometemos, ya sea a otros o a nosotros mismos, sin saber que pasara inmediatamente después de que pronunciamos: “lo prometo”.

El refugio, un lugar en medio de una cadena de montañas, solo conocido a través de leyendas, era una de esas promesas que alguien en el fondo de la realidad y la conciencia, se había prometido no olvidar.

Por fuera, ese lugar era todo de madera sacada de la selva, tenía mucho espacio y como estaba en un lugar en el que casi nadie se paraba, no era necesario que estuviese oculto.

La parte de enfrente (la cual, los amigos habían destruido) era una plataforma bajo techo en la cual había varios elevadores rudimentarios que llevaban a la selva, donde, una gran montaña había sido partida a la mitad, para crear un largo pasillo de roca, el cual estaba lleno de árboles y animales únicos, tanto reales como fantásticos, alejada de la plataforma, al final de este “pasillo”, había una casa con grandes ventanales como puertas, era un invernadero que rodeaba una parte de las montañas e iba a terminar en un camino hacia la punta de una de ellas.

Águila despertó con un zumbido en la cabeza sin saber que había pasado, todavía no se asentaba el polvo, lo cual no le permito ver claramente a su alrededor, se concentró un poco, apenas y se le aclararon las ideas, para ver a través del polvo, vio a sus amigos, estaban bien, aunque aún inconscientes. Los movió a la parte menos dañada de la plataforma de madera en la que estaba parada, frente a ella, pudo observar la góndola, hecha pedazos y volteada sobre su costado, había un enorme boquete en el lugar donde habían aterrizado, el sol se filtraba por ahí, dándole a águila la sensación de que era la primera vez que ese lugar conocía el sol.

Reconoció el recinto como el sitio en que había visto a los cuervos golpeando a búho apenas unos minutos atrás y recordó entonces lo que había pasado, recordó la voz del cazador gritando: “agárrense” y lo siguiente que vio fue un desfile rápido e incomprensible de colores pasando por la ventana de la pequeña góndola, azul, luego verde y luego un golpe brutal en quién sabe dónde, seguido por una terrible y profunda oscuridad.

Águila vio al fondo de esta plataforma, dos grandes cubos de madera, ambos tenían una liana gruesa en el centro, águila avanzo tranquila, después de ver que sus compañeros estuvieran bien, subió a uno de los cubos, jalando la liana en el centro.

-voy a buscar ayuda- dijo águila mientras bajaba, aunque sabía que no la escuchaban sus amigos.

Al llegar al fondo, vio una enorme cantidad de árboles frutales a ambos lados de un camino café que describía una ligera curva, hasta llegar a un invernadero, no muy alto, casi hecho en su totalidad de cristal, camino, un poco temerosa, el sol pasaba muy levemente por entre los árboles, se escuchaban ruidos de animales, que en la imaginación de águila sonaban hambrientos, noto sin embargo al acercarse a la casa, que sus ventanas estaban rotas y que los arboles estaban dañados, con pequeños agujeros, algunas ramas de estos estaban tiradas en el suelo, -¿Qué habrá pasado aquí?- se preguntó mientras se acercaba lentamente al invernadero, consciente de que lo que había pasado ahí, lo habían hecho los cuervos.

Se acercó a la casa de cristal, al mirar dentro se preocupó más, todo estaba destrozado y revuelto, dentro había mesa y muchas jaulas que parecían de un laboratorio, a águila le causo mucho terror el olor repugnante que había en todo el sitio.

Retrocedió lento y tropezó con algo, cayó de espaldas, al mirar frente a ella encontró un cuerpo inerte, largo, extraño e incomprensible, era un ser de cuatro patas y de larga cola, su piel estaba llena de escamas, parecidas a las de la bruja serpiente.

Águila no lo sabía, pero era un cocodrilo, observo curiosa esa cosa tan rara, se acercó a su hocico que yacía sobre la tierra, era largo y plano, como una enorme pala, al acercarse brillo en su bolsillo la lagrima eterna y ella por instinto retrocedió, justo en el instante en que la extraña creatura le lanzaba una poderosa mordida, que de no haber esquivado, le habría arrancado la cabeza.

Águila retrocedió bastante desconcertada, viendo la cara de ese ser, que parecía inerte en un principio, avanzaba, rápido y decidió a comerse a águila.

Águila no sabía que pensar, ese ser se parecía mucho a otros que había visto entrar en su iglesia (bueno, catedral) pero ninguno había tratado de comérsela.

Trato de razonar con él: -espera, ¿tú sabes dónde estoy? ¿Por qué me quieres comer? ¡Por favor responde!-, águila ya estaba con la espalda en la pared, pues el cocodrilo la había arrinconado en el extremo opuesto de la casa de cristal, cerca de los elevadores, había notado las siluetas de varios animales que también andaban en cuatro patas, pero ninguno la ayudaba, águila cayó al piso sin decir nada, de pronto, antes de que el cocodrilo diera la primera mordida, un silbido agudo se escuchó, el cocodrilo retrocedió y se quedó tan quieto que parecía de piedra.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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