Crónica Z

DESCONOCIDOS

Era irónico, hasta gracioso podría decirse, como el hecho de que algo tan trivial como un baño con agua caliente se había vuelto un lujo. Johan lo disfrutó como pudo, relajándose en la tina hasta que el agua -para nada clara ahora- se enfrió. Como es obvio, luego del desastre que colapsó el mundo, los sistemas de gobierno cayeron y, por lo tanto, los servicios básicos se fueron con ellos. Aun así, en Oasis al parecer tenían agua almacenada y la racionaban sin mezquindad. A lo mejor tienen un pozo, una piscina de agua potable o algo así, pensaba con gracia.

Se vio en el espejo del baño y casi no reconoció a la persona que ante él se presentaba. Era delgado, moreno, el cabello rizado largo hasta el hombro, el vello facial le había crecido considerablemente, haciéndolo parecer mayor de lo que en realidad era. La barba le cubría toda la parte baja del rostro, salvo por la cicatriz que poseía en la base de la mandíbula, con forma de corte que le llegaba hasta la mejilla izquierda a la altura de la comisura del labio. Su nariz vuelta ligeramente aguileña tras varios golpes, como demostraba la pequeña cicatriz q surcaba el puente nasal. Tenía ojeras y la arruga del entrecejo se le notaba claramente, de lo que siempre andaba con un gesto de enojo, aún cuando no se sintiera así, después de todo esa era su expresión facial por defecto. Sus ojos color marrón, estaban más oscuros de lo que recordaba, tanto que casi le parecían negros.

Sonrió ante lo raro de volver a contemplarse después de tanto tiempo y encontrarse con un desconocido, pues si bien nunca fue bien parecido, jamás había tenido un look tan descuidado como ese. ¿Que habrían dicho su padre o su abuelo? Un vagabundo pareces, seguramente. Para los militares -y más los viejos- era difícil ver algo diferente a la vida disciplinada a la que son sometidos. Tomó el rastrillo que estaba en la mochila que le dieron y procedió, con parsimonia y algo de satisfacción, a afeitarse. Silbaba, tarareaba y con gusto, dándose el lujo de gastar un poco del agua que le habían racionado.

Al terminar sonrió victorioso, pero su gesto murió casi al instante. Sus dientes tenían un leve tono amarillo en la parte más próxima a las encías, producto de no poder cepillarse más que en lugares cerrados, pues el ruido también atraía a los muertos. Tuvo q empezar a usar papel higiénico y un enjuague bucal que se llevó de una tienda, en la que vivió un par de semanas. Suena trivial y aún más para quien jamas le gustó su propia sonrisa pero, al menos aún conserva sus dientes y eso es algo que sí agradecía.

Rebuscando entre las ropas que le habían "donado" encontró ropa interior, un pantalón de buzo negro, un polo manga larga gris que usó debajo de otro polo negro manga corta y zapatillas deportivas rojas que, para su suerte, eran de su talla. Se amarró la casaca de buzo en la cintura, completando su vestimenta con sus gafas y el colmillo de lobo marino que usaba como collar. Mi único objeto de valor y mi amuleto de la suerte, pensó mientras se veía al espejo. Alguien llamaba a su puerta.

-¿Todo Bien?- decía una voz desconocida detrás de la puerta del departamento. -¡Ya voy!- respondió Johan con desgano.

Por que sí, Villanueva había cumplido su parte y le había otorgado un departamento vacío para él solo. Dos habitaciones, dos baños, una sala de estar y una cocina. Uno diría ¡Puta, que ofertón!" es mucho lujo para alguien que acaban de conocer, pero lo que no se ve en el contrato de alquiler es que el primer piso está infestado de zombies carnívoros y lo único que evita que suban es una improvisada doble barricada en la escalera por lo que hacer mucho ruido en el segundo piso está prohibido. Un pequeño riesgo por el sueño de la casa propia en el fin del mundo.

-¿Ya estás listo novato? - preguntó el joven frente a Johan con un sonrisa tonta. Le diría que deje las drogas si aún hubiera dealers... jejeje, pensaba divertido el muchacho.

-¿Listo para qué? Quería dormir un poco.

-¡Reunión general novato! Tienes que presentarte con los vecinos, además tienes que saber cuál va ser tu chamba aquí.- Respondió el otro joven sonriente.

-Está bien...vamos- aceptó con cansancio el moreno, siguiéndolo. El tipo era más alto, delgado, de tez blanca, de láceos cabellos castaños, largos por debajo de los hombros, ojos color miel en unos párpados llenos de ojeras, una incipiente barba descuidada y nariz aguileña. Llevaba una desteñida polera con capucha rojinegra, unos arrugados jeans azul oscuro rasgados en las rodillas y un par de tenis color negro. La apariencia de un fumón, un abandonado de la vida, en términos de un militar como su padre al menos; a Johan no le molestaba pues siempre odió la formalidad, pero no lo libró de su desconfianza.

Subieron hasta llegar al quinto piso, donde terminaban de entrar los demás inquilinos al departamento 504. En nada más que una simple sala de estar donde se habían apretujado varios muebles de dos juegos distintos aparentemente, en donde algunos charlaban, reían y otros solo esperaban. Había también, pegada a una pared, un comedor con unas cuantas sillas en donde se sentaban unos 3 niños, cada uno frente a una taza de lo que olía como chocolate caliente y un humeante tazón del que comían con distintas ganas cada uno. 

El hecho de ver tanta gente reunida después de tanto tiempo no lo molestó tanto como el hecho de que todos ellos se pusieron a observarlo ni bien dio un par de pasos dentro del departamento, razón por la cual solo metió las manos al bolsillo e, ignorando a los presentes, siguió a su larguirucho guía que tomó el "asiento del anfitrión" y se ubicó a su izquierda, dándole un acceso más fácil a la salida. Precaución ante todo -pensaba.

El flaco acompañante le decía algo a lo que no prestaba atención, los niños seguían en lo suyo con cierto recelo hacia él, aquella muchacha que ya lo había observado seriamente el día anterior volvía a dirijirle una fría y cautelosa mirada, las señoras en los muebles cuchicheaban mientras intercambiaban uno que otro vistazo, otros solo esperaban que hiciera algo. Era insoportable tanta atención, estaba a punto de largarse de ese lugar cuando ingresó al ambiente el capitán, acompañado de uno de los hombres que lo salvaron aquella noche o capturaron depende del punto de vista.



A.J. Galvez

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En el texto hay: apocalipsis zombie, realidad y ficcion, sangre y romance

Editado: 26.09.2019

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