Crónicas de una mestiza Vestigios de mí sangre

Capítulo 17 Los tres cerditos y el lobo

Habían estado corriendo hasta que los gruñidos y semiladridos se habían perdido, un gran alivio.

Ahora se encontraban sentados detrás de un gran tronco caído, mientras Nicklaus un poco más adelante estaba arrodillado en el fangoso suelo, vaya a saber porque. Jamie estaba tratando de recuperar el aliento, difícil con esa espesa niebla que los rodeaba.

—Lo siento —dijo su padre haciéndola sobresaltar.

—¿Por qué? No es tu culpa que nos hayan agarrado, estaban tras de mi primero —Jamie intentó quitarse el barro de su rodilla, algo completamente inútil.

—No por eso, deberíamos habértelo dicho —su padre cerró los ojos—. Al menos yo debí decírtelo, así nada de esto hubiera pasado. O si pasaba estarías preparada—. Jamie no dijo nada, no es que los odiara por ocultárselo, pero no podía no decir que si se lo hubieran dicho aquella situación no estaría sucediendo. Al ver que Jamie no decía nada su padre continuo: —Es nuestro error, debíamos haberte criado sabiéndolo, así tú podías elegir qué vida querías vivir.

—Era lo que mamá quería ¿Verdad? —Jamie no sabía que era lo correcto sentir, enojo o agradecimiento.

—Sí, no quería que vivieras la vida que ella vivió. Una vida sin tranquilidad y normalidad.

—Normalidad ¿eh? —Jamie no creía que la vida aquella fuera tan mala, al menos Rachel y los demás no parecían muy afligidos por ello—Quizá esta vida no es tan mala como nos parece, puede que tengamos una idea equivocada.

—¿Con la normalidad? —preguntó su padre mirándola.

—Con todo, digo, porque nosotros no sabemos de la existencia de este mundo —Con las manos abarcó a sus alrededores señalando aquel lugar casi mágico—, entonces creemos que es anormal pero ¿Qué pasa con los brujos y humanos que luchan con los demonios? Para ellos esta es su normalidad, y vemos que no tiene comodidad, ni tranquilidad porque nos parece que su vida solo se basa en luchar y luchar, pero ¿Acaso los humanos tienen una vida lo suficientemente tranquila? ¿Acaso no hay pobreza, robos, asesinatos y dolor también en nuestras vidas?

—Tienes razón —su padre tomó sus manos entre las suyas—, sé que tú piensas que fue una estupidez pero tu madre tenía sus motivos, y arriesgo todo para salir de allí empezando por su dignidad. Fue rechazada por todos los de su raza, repudiada —su padre sintió su agitación—. No estoy diciendo que no puedas elegir en que mundo vivir, sino que los estudies a ambos y allí recién te decidas por cual vivirás y morirás.

—Yo…gracias papá —dijo Jamie al borde de las lágrimas—, yo quiero estar en donde tú estés, con el recuerdo de mamá en ambos.

Su padre la abrazo con fuerza. La calidez de él siempre la transportaría a un sitio seguro, lejos de los monstruos y los muertos, lejos del dolor agonizante y más cerca del recuerdo nostálgico y dulce de su madre.

—Ejem —Nicklaus los interrumpió—. Acabo de mandar un mensaje.

—¿Un mensaje? ¿Cómo? —Jamie observó que el chico parecía cansado y se veía pálido.

—De una manera que no me hubiera gustado tener que usar —se sentó pesadamente en el suelo—. Y hay otra cosa.

—¿Qué?

—Estamos bajo tierra.

—¡¿Qué?! ¿¡Bajo tierra!? ¿¡Cómo!?

—Es mi familia al fin y al cabo —dijo de manera obvia, Jamie lo miró sin entender—. Los demás brujos obtuvieron sus poderes porque la evolución y la naturaleza misma se los otorgo, en cambio mi linaje…fue dado por un demonio, hace años, siglos, pero allí están. Marcas que se agarran a nuestra sangre y permanecen inalterables por muchas mezclas con sangre de brujos puros que haya habido en el tiempo.

—O sea que ¿estamos en el infierno? —preguntó Jamie un poco aterrorizada.

—Claro que no, solo bajo tierra —le pegó una palmada al suelo.

—¿Por qué no mandaste el mensaje antes?

—Porque no quería usar “eso’’ pero bueno, ya lo he hecho. Jamie le lanzó una mirada asesina y gustosamente el chico se la devolvió.

—¡Ah, claro! —gritó Nelson y ambos jóvenes se sobresaltaron—. ¿Por casualidad tu padre no se llama Halstein Söderberg?

—¿Sí? —Nicklaus lo miró extrañado.

—Lo conocí cuando era joven, junto a tu madre, una mujer muy estilizada —asintió recordando—. La verdad es que siempre me pareció espeluznante.

Nicklaus rio como diciendo ‘Si, no eres el único’.

El sonido de aullidos y ladridos les advirtió que el descanso había terminado.

—Sera mejor que nos pongamos en marcha, aunque ahora nuestro objetivo será solo huir sin que nos agarren, solo estamos dando vueltas por este escenario —Nicklaus se puso de pie, les hizo una señal para que lo siguieran.

Jamie ayudó a su padre a parase, levantándose la falda del vestido se puso en marcha. La verdad era que un vestido bonito no estaba hecho para caminar en el barro. La hermosa tela roja estaba toda manchada y desgarrada, realmente lo lamentaba, debió habérsela hecho saltando por los troncos. En cuanto llegara a casa la arreglaría…¿Casa? ¿Qué casa? ahora su casa estaba hecha astillas, no tenía un lugar en donde volver con comodidad, sintió un dolor en el pecho pensando en que el hermoso jardín de su madre había quedado bajo escombros, lo único vivo que quedaba de ella.




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