Crónicas Tzargarianas I: El Albor De Un Imperio

Capítulo 14: La Visión.

«Todos tenemos una función temporal en esta vida que debemos desarrollarla y saber para que estamos aquí ...» «El circulo se cerrará», Las palabras pronunciadas por el viejo kohanita Yohan retumbaban en su mente.

Maya abre sus ojos y observa que está en lo alto de un monte que predominaba sobre un frondoso valle, mira y desde ahí observa a lo lejos lo que parece una ciudad que no reconoce. La luz del día era rojiza, no era similar a la luz de su estrella Araah, sino en cambio, era un gigantesco disco rojo que alumbraba a plenitud penumbrosa en el cenit del firmamento. Comprendió que no era en Tzargaria donde estaba, «¿Esto es Enular?, ¿aquí es donde llegamos cuando morimos?», pensó. En ello escucha una firme voz que le resulta familiar.

─¡No has muerto, aún no es tu hora!

Era el kohanita misterioso, y aunque todavía no le puede divisar el rostro, como le vio en la entrada del laboratorio, su aspecto era impecable, la tela de la túnica brillaba con la luz del día, su piel brillaba como el bronce, Maya siente algo de tranquilidad al escuchar estas palabras, sin embargo quiere decir algo y las palabras no le salen. El hombre estaba a su lado, y le volvió a hablar aunque no se le veía que gesticulaba palabra alguna:

«Maya, mira bien y escucha con sumo cuidado; pon mucha atención a todo lo que te mostraré, se te ha traído aquí para que veas muchas cosas del pasado. Esto es, porque has sido elegida para cumplir una gran tarea, para ello deberás tener mucha valentía y fortaleza para las situaciones terribles que enfrentarás en el futuro inmediato. Sin embargo, nada de lo que enfrentarás será comparable con lo que verás aquí, son hechos del pasado que es muy probable que sucedan de nuevo en el futuro si no cumples lo que se te va a encomendar». Dijo con una voz mental que retumbó fuerte y claramente en su cabeza.

El hombre le toca el hombro y en un abrir y cerrar de ojos la transporta a otro lugar. Maya vio que ahora estaba en un lugar boscoso, era el mismo valle que minutos antes había visto desde el monte alto, el ambiente era del tipo jurásico, las plantas eras verdosas a negras, algunas rojizas, vio caminar animales extraños, similares y parecidos a los extintos hace millones de años, que solo había visto en los libros y museos de Fronda durante su época de estudiante de biología. Maya escucha el correr de las aguas de los ríos, siente el aroma fresco de la brisa que provenía de todo el bosque, el sonido de las bestias que pastaban en un claro cubierto de hierbas, mientras caminaba llegó a una parte del valle que le permitía ver más de cerca la ciudad antigua que lucía mas futurista, estaba cubierta por una cúpula hecha de energía, nada similar a lo que había visto en su planeta natal Tzargaria.

Repentinamente, observa que viene desde el cielo una gran bola de fuego que impacta en la ciudad, y con una gran explosión, la ciudad comienza a ser consumida por una explosión nuclear, el hongo subía por todo el firmamento, la onda expansiva caliente comenzaba arrasar todo alrededor de la ciudad, sin dudas la alcanzaría a ella misma ya que estaba cerca. Las aves vuelan en vano a todas partes, escucha los gritos de animales bramando haciendo desesperados sonidos de alerta, otros iniciando estampidas corriendo en diversas direcciones sin esperanza alguna de poder salvarse ante el cataclismo nuclear,  sin tener donde correr o donde ponerse a cubierto, la onda expansiva va hacia ella, pero justo antes de que el fuego la alcance, el misterioso kohanita le traslada a otro lugar.

Ahora está en la calle de otra ciudad extraña, pero esta vez, en medio de una encarnizada batalla urbana, explosiones y sonidos de disparos de diversas armas suenan por todas partes, gente corriendo y poniéndose a resguardo en cualquier lugar que permitiera hacerlo, vehículos en llamas ardiendo por doquier, y otros vehículos voladores que nunca había visto sobrevolando lanzando bombas y disparando hacia la superficie, otros fueron alcanzados siendo derribados por baterías de artillería planetarias defensivas.

La gente venía huyendo y otras luchaban contra unos seres de un terrible aspecto con forma humanoide pero con grotescos implantes robóticos, sus armas eran avanzadas y llevaban un estandarte de una estrella negra en sus uniformes, los cyborgs como los identificaría Maya, eran los Urz pero ella aún desconoce el gentilicio de la raza agresora como la que estaba siendo atacada.

A medida que avanzaban los primeros; iban vejando, saqueando y destruyendo todo a su paso, matando a toda forma de vida que se les cruzara por delante, Maya comienza a correr con miedo y ve a otros humanoides que le ofrecen fiera resistencia, sin saberlo, eran los shuraks, humanoides fornidos pero si pupilas en sus ojos, llevando sus gruesas armaduras y su estandarte era una corona, Maya se pone a cubierto con los shuraks, pero están arrinconados como protegiendo una entrada a lo que parecía ser una nave a punto de despegar, los hombres libran un mortal intercambio de fuego, y acto seguido con total valor, se abalanzan a su enemigo a punta de láser, cuchillos de energía, tradicionales espadas, y otras armas que ella no conocía. La sangre brotaba por todas partes, alaridos y chirridos de dolor, sudor, humo y fuego es lo que destila el ambiente, caen soldados de ambos bandos, la lucha se hace muy intensa, nota que otro grupo de shuraks cargan una serie de cubos negros a la nave, ella reconoce que son similares a los monolitos sagrados que descubrieron en su planeta.



srosuna

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En el texto hay: cienciaficcion, ficcion, aventura espacial

Editado: 31.01.2021

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