Cruzada de sangre

Capítulo 3

No cerré los ojos, es imposible dormir en estas circunstancias, la angustia de mi actual condición me tortura, aun me niego a aceptar esto. No tengo la tranquilidad para poder conciliar el sueño, aun cuando me siento cansada la multitud de ideas insanas que dan vueltas en mi cabeza me siguen dañando. ¿Realmente existen los vampiros? Aún peor yo ahora soy uno de ellos, toque mis labios recordando el sabor metálico y embriagador de la sangre que había en esa copa, sentí repugnancia hacia aquel apetito voraz que me produce la añoranza de aquel rojo liquido.

 

Mi mirada recorrió la estancia vacía lo que permitió la nostalgia de las voces familiares de mi hogar, mis padres, mi hermano; de lo preocupado que deben estar ante mi ausencia. Tal vez a estas horas me buscan por las calles, llamándome, yendo con la policía. Me senté en la cama al pensar en ellos y apesadumbrada al pensar en que estarían sufriendo por culpa de mi descuido. Si tan solo encontrará la forma de huir de este lugar, evitando que pudieran sorprenderme en mi fuga, porque temo que al descubrir mi tentativa les diera el empuje de saciar su sadismo contra mi persona.

 

Fije mi atención en la puerta mientras las cavilaciones discurrían en mi inseguridad, mi cobardía me aferra a la cama y a la obediencia con tal de evitar un doloroso castigo, pero es inevitable la  desesperación por lograr mi libertad por salir de este suntuoso calabozo, antes de que mi vida termine demasiado enredada en las manipulaciones de aquellos hombres.

 

Me vestí pensando en lo que haré, y un sin fin de ideas toman parte en mi cabeza agobiada por preguntan sin respuestas ¿y si lograba llegar a la puerta sin ser vista? ¿Podría huir y llegar a casa de mis padres? ¿Y si después a ellos se les ocurre ir a la casa de mis padres a buscarme? ¿Y si nos mataban a todos?

 

— "De todas formas yo no soy quien debería estar aquí" — pensé recordando que a quien querían como su sirvienta era a la otra chica llamada igual a mí.

 

Abrí la puerta con intención de hacer el menor ruido y esta crujió más fuerte de lo que me esperaba, me quede en silencio respirando agitada, no apareció nadie. Un pasillo enorme esta en frente, camine con cuidado mirando cada una de las puertas cerradas temiendo que repentinamente se abriera una de ella y me encontrará frente a uno de los vampiros. El color naranjo de las paredes le da calidez a aquel corredor a pesar de que el lugar en que me encuentro podría ser mi tumba. Finalmente llegue hasta una impotente escalera de color marfil y en cuya pared cercana hay una gran cantidad de pinturas con rostros de muchos hombres, mujeres y niños; resulta escalofriante sentirse observada por toda esa cantidad de ojos desconocidos. Fui bajando las escaleras evitando hacer mucho ruido, por fortuna los escalones son de mármol por lo que no se sintieron mis pasos. Me detuve observando el amplio salón que hay frente a mis ojos, lámparas de lágrimas cuelgan del techo de color crema, mientras un piso de madera reluce de limpio. Hay hacia el costado izquierdo sofás de color negro y al derecho una sala abierta en donde una amplia mesa de madera con candelabros de plata indica que es el comedor. Mi análisis finalizó abruptamente  cuando mis ojos se posaron sobre una puerta amplia desde la cual podía salir al exterior, la ansiedad se apoderó de mi, ahí estaba mi salida, el volver a mi vida anterior, a la que tanto ansiaba, solo unos pasos más y estaría libre.

 

Y tal vez por mi desesperación por huir no me percate que ya alguien estaba atento a mis movimientos en aquella sala. Apenas puse los pies en el suelo salí corriendo en dirección a la puerta, casi sin importarme el ligero ruido que hacían mis pasos sobre el aseado piso.

 

— Sabes que el Sol podría matarte — me detuvo una voz desconocida.

 

Aterrada de haber sido descubierta no supe si huir de vuelta a la habitación o correr hacia la puerta, aun cuando tenía razón, había olvidado el daño que el Sol produce en mi piel. Eso arruinaba mis planes de huida y no pude evitar la frustración y la congoja que se apodero de mí.

 

— ¿Eres la sirvienta de Víctor? — el hombre se acercó mirándome de pies a cabeza con gesto altanero — No eres gran cosa, la verdad es que eres una mujer bastante común... — lo dijo en tal tono que sentí mi autoestima herida, le dirigí una mirada molesta.

 

Pero la frialdad de su rostro me hizo sentir torpe, y sin decirle nada baje la cabeza desilusionada conmigo misma por no ser capaz de defenderme. Aquel hombre de cabellos oscuros posee una mirada más fría que Víctor, en sus ojos hay una especie de crueldad que no esconde. Es altanera, lo noto por sus gestos y su forma elegante de vestir. Mis ojos se detuvieron más atrás de él, hay una chica muy bella y con expresión fría, tiene largos cabellos claros y ojos de un azul profundo, no sé si noto mi estupefacción en la figura de aquella joven porque sonrió.

 

— Veo que entiendes a lo que me refiero, ella es mi sirvienta, es mi Rosa — luego me miro despectivamente — Tú no te comparas en nada con ella.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros, romance, cruzada de sangre

Editado: 30.03.2018

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