Cruzada de sangre

Capítulo 12

Desperté de un salto, acababa de tener una pesadilla. Me levanté a tomar un poco de agua y luego abrí las cortinas de mi habitación. Aun es de noche, y una espesa neblina cae sobre el negro paisaje. Miro mi reloj, aun son las dos de la mañana, pero no puedo dormir. Prendo el televisor.

 

Dentro de la casa aun se siguen escuchando sonidos, recuerdo que Cristóbal me contó levemente sobre una especie de reunión familiar de emergencia. ¿Tratarían sobre mi condición? ¿Sobre el reclamo de Marcos?, aunque lo dudo. Se podía haber esperado que luego del descubrimiento de que soy una descendiente de un vampiro original las cosas hubieran cambiado. Pero no, la vida dentro de la mansión seguía igual, por una parte eso es un alivio, tenia cierto temor de que las cosas cambiaran demasiado cuando ya empezaba, en cierta forma, a tomarle algo de cariño a mi actual vida. Pero algo me inquieta, como una especie de presentimiento de que las cosas no seguirán así.

 

Me quede dormida con el televisor prendido. Cerca de las 6 de la mañana alguien empezó a golpear la puerta de mi habitación. Aun no es la hora de levantarme para llevarle el desayuno a Víctor, ¿por qué me molestan a estas horas? De mala gana me levanto y abro la puerta, era Alex. Me extraña verlo a estas horas, y sobretodo venir el mismo a golpear mi puerta.

 

—El amo Cristóbal dice que te arregles porque van a salir —me indicó seriamente— Sofia luego vendrá a ayudarte, es importante que vengas bien arreglada.

 

Lo observo extrañada. ¿A donde quería llevarme Cristóbal?, sentí un leve temor al preguntarme esto. Acaso era el raro presentimiento que venía sintiendo desde hace unos días. Pero antes de poder hacerle esta pregunta a Alex, este ya se había retirado.

 

Luego de que Sofía me ayudara, recordándome lo desordenada que era para peinarme y vestirme, me encuentro sola, parada, casi inmóvil, en el salón de la casona con la mirada fija hacia las escaleras. Esperaba que Cristóbal, conociendo su puntualidad, no se demorara en aparecer, pero me equivoqué. Han pasado unos 15 minutos, que se me han hecho eternos, hasta que al fin lo veo bajar. Viste muy elegante, se ve muy bien, pero hay tal gravedad en su rostro que me asusta.

 

—Me alegro que ese vestido te quedara bien —trató de sonreírme, pero su semblante triste me inquieta.

 

No entiendo el porqué tanta solemnidad y elegancia, mi vestido es demasiado suntuoso, me recuerda a los vestidos que usaban las mujeres en la antigüedad, me siento como si fuera a una fiesta de disfraces.

 

—No tengo ánimos de estar presente en este veredicto injusto —agregó con rabia Víctor bajando las escaleras—. Malditos corruptos.

 

Hay rabia en su mirada aun cuando no nos mira fijamente. Viste tan elegante como Cristóbal, y tal vez por un ataque de rebeldía lleva la corbata desabrochada. En eso me queda mirando, es tan sorpresivo que mi única reacción es sonreír con torpeza, tal vez en espera de una de sus frases irónicas, pero levantó su mano tocándome el rostro. Me sentí extraña ante aquel nuevo gesto "cariñoso" de su parte.

 

—¡Maldición! —exclamó con coraje dándole un golpe a la pared.

 

—¿Que está pasando? —pregunte un poco asustada.

 

Ambos me miraron fijamente, Cristóbal suspiro y puso su mano en mi cabeza y luego agregó.

 

—Escucha esto, Catalina, no lo olvides pase lo que pase —me dio un fuerte abrazo, pero en vez de sentirme más tranquila me sentí más preocupada —. Confía en mí, haz lo que te diga, no dudes, y aun cuando la situación sea extraña no dejes de confiar en mí.

 

—Siento que te estás despidiendo —murmure esperando que se riera y sacara este absurdo miedo que tenía en mi cabeza.

 

Pero guardo silencio.

 

—No... —Respondió sin mirarme— solo un hasta pronto.

 

Levante la mirada aterrada ¿qué quería decir con eso de un "hasta pronto"?. En eso Alex aparecía anunciando.

 

—El Joven Marcos junto al representante de los jueces de la alta corte acaban de llegar.

 

¿Qué hacia aquí Marcos? ¿Y un juez? Retrocedí con intenciones de huir a mi habitación, pero Cristóbal me agarró del brazo y casi arrastrándome me llevo junto a los hombres que acababan de llegar. Su expresión se endureció ante la burlesca sonrisa de Marcos, que nos miro a los tres con gesto triunfal.

 

—Bueno, vengo a buscar lo que ahora es mío —indicó altaneramente Marcos burlándose de la expresión seria de Cristóbal y Víctor.

 

Quise soltarme del brazo de Cristóbal, pero me lo apretaba tan fuerte que me hacía daño, no sé si se daba cuenta de ello o estaba más preocupado de mirar a su rival que parecía divertido con el espectáculo. ¿Qué estaba pasando? ¿Habían perdido el juicio?



A.L. Méndez

#232 en Fantasía
#188 en Personajes sobrenaturales
#285 en Otros
#13 en Aventura

En el texto hay: vampiros, romance, cruzada de sangre

Editado: 30.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar