Cruzada de sangre

Capítulo 31

He vuelto a mi anterior habitación. Después de lo ocurrido con Víctor, me ha evitado por más que intente hablar con él y explicarle que el abrazo entre Cristóbal y yo solo había sido un accidente. Me expulsó de su habitación, se levanta temprano a trabajar y no vuelve hasta bien entrada la noche, ni siquiera los fines de semana pasa aquí, de seguro se va a quedar en esa pequeña casa que una vez compartimos. Me duele que tampoco fuera capaz de buscarme para arreglar esto. Solo si no fuera tan orgullo si me dejará acercarme y conversar, se que solucionariamos las cosas de cierta forma, pero mi paciencia ha llegado a sus limites y me siento herida, con un rencor inevitable hacía su injusta conclusión huyendo sin permitirme defenderme.

 

Los días avanzan lentamente. Es agradable sentirme libre en mi cuarto privado y aunque a veces extraño a Víctor me consuelo en pensar que es mejor así, tal vez es una forma de darme cuenta que su actitud es un claro gesto de que no me quiere cerca por el hecho de que no quiere que me enamoré de él... pero me confunde su actitud y molestia por creer que yo y Cristóbal estábamos escondiendo una relación ¿O habrá sido otra cosa la que lo molestó?.

 

Trato de distraerme leyendo o viendo la televisión a mi gusto. En las mañana salgo a veces a desayunar al jardín llevando un par de libros, o me entretengo junto a Cristóbal que se ha tomado unos días de descanso. También Natalhy nos visita continuamente para ayudarme con mi entrenamiento.

 

Es así como llego la noche de la fiesta de Las Tres Sangres. Luego de vestirme y que me ayudaran con el maquillaje y peinado me encontraba lista sentada sobre la cama y preocupada. El tener que conocer a los miembros de los tres clanes principales sabiendo que al parecer no eran muy bien aceptados quienes no poseen sangre pura, como yo y además agregando que de seguro no contaría con la ayuda que Víctor me había prometido, me pone realmente muy nerviosa. Tal vez fue por ello que no prestaba mucha atención a lo que Cristóbal le decía a Víctor cuando llegue al lado de ambos.

 

—Estas linda, Cat —indicó galantemente Cristóbal con una sonrisa.

 

Me sonrojé al escucharlo, intente sonreirle como agradecimiento a sus palabras. Víctor me contempló desde los pies a la cabeza con expresión molesta e indiferente, y sin decir nada volvió a dirigir su atención a Cristóbal.

 

—No necesito escuchar tus sermones —dicho esto me agarró de la muñeca y volviendo a dirigirse a Cristóbal agregó—. Ya he aprendido bastante a como jugar en eso de aparentar ser un esposo amado.

 

El escucharlo decir "aparentar ser un buen esposo" debo reconocer que me dolió aunque siempre había sido así, lo nuestro no es más que una actuación teatral frente a todos. Y aunque estaba al tanto de eso escucharlo hablar así fue un golpe amargo que no pude disimular y lo que notó al ver la expresión de mi rostro.

 

—Imagino que debes estar cansada también de jugar a este matrimonio falso —exclamó cuando salimos fuera de la casa con un tono hiriente mientras buscaba las llaves de su vehículo.

 

—Sí estas tan cansado de este juego entonces divórciate de mí y acabemos de una vez con esto —respondí serenamente, impresionándome de mi misma al ser capaz de decir algo que el solo pensarlo hace arder mi pecho del dolor.

 

Me contempló con sorpresa y luego sonrió con ironía, como si la rabia dibujara aquella extraña sonrisa de su rostro. Y colocando sus manos con fuerzas apoyándolas en el vehículo a ambos lados de mi me dejo atrapada entre su cuerpo y el auto provocando que me sobresaltara por su brusco movimiento. Sus ojos fríos se quedaron fijos en mis sorprendidos y asustados ojos.

 

—¿Quieres ser libre para ir detrás de mi "perfecto" hermanito? —habló secamente.

 

Ante mi silencio pareció molestarse. ¿Por qué no le respondo? Siento tanto rencor que quiero verlo sufrir de celos, sentir si le duele sentirse rechazo, el no ser querido, aunque de seguro lo único que le dolerá será su orgullo.

 

—¿Y que con eso? —respondí en el mismo tono tratando que mi mirara fue indiferente.

 

Me miró agriamente sin alejarme como si compitiera cuál de los dos era capaz de no dejar de mirar al otro. Levante mi rostro mirándolo desafiante, la rabia me daba una valentía desconocida.

 

Tensando su semblante se acercó a mi tal como si fuera a besarme, eso me sorprendió pero retrocedió dándome la espalda.

 

—Pues, mala suerte —agregó finalmente mientras se alejaba hacia el lado del piloto—. Tendrás que seguir fingiendo un tiempo más en ser mi mujer.

 

Titubeé levemente, si en vez de atacarnos hubiéramos tratado de arreglar la situación de ambos las cosas tal vez hubieran resultado mejor, pero yo también tengo mi orgullo y él con su carácter no ayuda tampoco a suavizar la situación. Subí al vehículo en silencio. Hubiera preferido dejarlo plantado e irme junto a Cristóbal pero de seguro eso solo serviría para echar más leña al fuego.



A.L. Méndez

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En el texto hay: vampiros, romance, cruzada de sangre

Editado: 30.03.2018

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