Cuando el Caos Aprendió a Amar

Donde renace el amor

La luz del faro atravesó la oscuridad como una promesa.

Su resplandor recorrió el mar, iluminó las nubes y bañó las ruinas de la ciudad con un brillo dorado que nadie había visto desde el comienzo del caos.

Los hombres enmascarados se detuvieron.

Algunos retrocedieron.

Otros cayeron de rodillas, cubriéndose los ojos.

El líder del grupo permaneció inmóvil. Vestía un largo abrigo negro y una máscara blanca agrietada que ocultaba por completo su rostro. En una de sus manos sostenía un bastón de hierro rematado por un extraño cristal oscuro.

Su voz era grave y tranquila.

—Han despertado aquello que debía permanecer dormido.

Elena dio un paso al frente.

—La luz nunca estuvo dormida. Solo esperaba a quienes fueran capaces de protegerla.

El líder levantó lentamente el bastón.

—Entonces también morirán por ella.

Antes de que pudiera dar la orden de atacar, un estruendo sacudió el cielo.

Las partículas luminosas que llevaban días cayendo comenzaron a girar alrededor del faro formando una inmensa espiral.

El viento aumentó con tanta fuerza que las ventanas estallaron y las antorchas de los invasores se apagaron.

Emma abrazó la pequeña caja de madera contra su pecho.

Sintió un calor intenso.

Como si algo vivo latiera en su interior.

De repente, la tapa se abrió sola.

Dentro no había un arma.

Ni un mapa.

Solo una pequeña semilla dorada, tan brillante que parecía contener un amanecer entero.

Emma la observó fascinada.

En cuanto la tomó entre sus dedos, una visión invadió su mente.

Vio un enorme árbol creciendo en medio de una ciudad destruida.

Miles de personas dejaban sus armas para abrazarse.

Niños volvían a correr por las calles.

Los ríos recuperaban su color.

Las flores cubrían los edificios derrumbados.

Y en el centro de aquel mundo renacido, Noah la miraba con una sonrisa.

La visión desapareció tan rápido como había llegado.

Emma cayó de rodillas, respirando con dificultad.

Noah corrió hacia ella.

—¡Emma!

Ella levantó la mirada.

Las lágrimas recorrían su rostro.

—Lo vi...

—¿Qué viste?

—El mundo... como era antes.

Elena sonrió con emoción.

—No era el pasado.

Era el futuro.

El líder de los Hijos del Vacío observó la escena desde la entrada.

Aunque su rostro estaba oculto tras la máscara, su voz revelaba preocupación.

—Destrúyanla.

Los hombres avanzaron.

Pero, antes de que alcanzaran a Emma, una enorme onda de luz salió de la semilla.

Los invasores fueron lanzados hacia atrás sin que nadie los tocara.

El silencio volvió a caer sobre el faro.

El líder comprendió que no podría vencer ese día.

Retrocedió lentamente.

—Esto apenas comienza.

Se dio la vuelta y desapareció entre la niebla junto a sus seguidores.

Cuando el peligro pasó, Noah ayudó a Emma a ponerse de pie.

Por un instante quedaron muy cerca.

Tan cerca que podían escuchar la respiración del otro.

Ninguno dijo una palabra.

No hacía falta.

En medio de un mundo destruido, habían encontrado a alguien por quien valía la pena seguir luchando.

Esa noche permanecieron en la parte más alta del faro.

Elena curó la herida del brazo de Noah mientras Emma contemplaba el mar.

Las estrellas comenzaban a aparecer entre las nubes.

—Hace mucho que no veía un cielo así... —susurró.

Noah se acercó lentamente.

—Yo tampoco.

Durante varios minutos permanecieron en silencio.

No era un silencio incómodo.

Era de esos que solo existen entre personas que empiezan a comprenderse sin necesidad de palabras.

Emma rompió el silencio.

—¿Sabes qué era lo que más extrañaba del mundo de antes?

—¿Qué?

—Reír.

Noah sonrió.

—Yo había olvidado cómo hacerlo.

Emma lo miró divertida.

—Entonces tendremos que aprender otra vez.

Por primera vez desde el inicio del caos, Noah soltó una carcajada.

No fue larga.

Pero fue real.

Emma también rió.

Y aquella risa, pequeña y frágil, sonó más poderosa que cualquier explosión.

Elena los observó desde la distancia.

Sabía que aquello no era una simple historia de amor.

Era el comienzo de algo mucho más grande.

Porque la luz no había elegido a Emma solo para salvar el mundo.

La había elegido porque el amor verdadero podía devolverle a la humanidad aquello que había perdido: la capacidad de creer.

Sin embargo, mientras el faro iluminaba la costa, muy lejos de allí, en una antigua ciudad enterrada bajo las montañas, el líder de los Hijos del Vacío descendía por unas escaleras de piedra.

Al llegar al último nivel, se detuvo frente a una inmensa puerta de roca cubierta de símbolos antiguos.

Apoyó su mano sobre ella.

La montaña comenzó a temblar.

Desde el otro lado de la puerta, una voz profunda y antigua habló por primera vez en siglos.

—¿La Portadora ha despertado?

El hombre inclinó la cabeza.

—Sí, mi señor.

Hubo un largo silencio.

Luego, la voz respondió con una calma escalofriante.

—Entonces... ha llegado el momento de que el caos vuelva a reclamar el mundo.

Muy lejos de allí, Emma sintió un escalofrío sin saber por qué.

Sin imaginar que, mientras el amor comenzaba a renacer en su corazón, una oscuridad aún más antigua acababa de despertar.




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