Cuando el Caos Aprendió a Amar

El punte de las almas

El amanecer cubrió el bosque con una fina capa de neblina.

Las gotas de lluvia aún descansaban sobre las hojas, reflejando los primeros rayos del sol como si miles de pequeños diamantes hubieran caído durante la noche.

Emma despertó antes que Noah.

Durante unos minutos permaneció observándolo mientras dormía junto al fuego ya casi extinguido.

Su rostro parecía distinto cuando descansaba.

Las arrugas de preocupación desaparecían y, por un instante, volvía a parecer el hombre que alguna vez soñó con construir una casa frente al mar.

Emma sonrió sin darse cuenta.

No entendía en qué momento había dejado de verlo como un compañero de viaje.

Ahora, cuando imaginaba el futuro, él siempre estaba allí.

Sacudió la cabeza intentando alejar esos pensamientos.

En un mundo donde cada día podía ser el último, enamorarse parecía una locura.

Noah abrió lentamente los ojos.

—¿Hace mucho que estás despierta?

Emma apartó la mirada, un poco avergonzada.

—No... solo estaba viendo si la tormenta había terminado.

Él sonrió con picardía.

—Claro... era eso.

Emma sintió cómo sus mejillas se calentaban.

Hacía mucho tiempo que no se sonrojaba.

Y aquello le recordó que seguía viva.

---

Reanudaron el viaje apenas salió el sol.

El bosque se volvía cada vez más denso.

Los árboles eran tan altos que ocultaban el cielo.

El silencio era absoluto.

Ni pájaros.

Ni insectos.

Ni viento.

Solo el sonido de sus pasos sobre las hojas húmedas.

Después de varias horas encontraron un viejo puente de piedra que cruzaba un profundo cañón.

La estructura estaba agrietada.

Algunas partes habían cedido por el paso del tiempo.

En el centro del puente había una estatua cubierta de musgo.

Representaba a dos personas abrazándose.

En la base podía leerse una inscripción casi borrada.

"Solo quienes crucen con un corazón sincero encontrarán el camino."

Emma pasó lentamente los dedos sobre las letras.

—¿Qué significa?

Antes de que Noah pudiera responder, una voz surgió detrás de ellos.

—Significa que el puente juzga el alma de quien lo cruza.

Ambos giraron sobresaltados.

Un anciano de barba blanca apareció entre los árboles.

Vestía una túnica sencilla y llevaba un bastón tallado con ramas y hojas.

Sus ojos eran claros y transmitían una paz difícil de explicar.

—¿Quién es usted? —preguntó Noah.

—Mi nombre es Gabriel.

He cuidado este puente desde mucho antes de que el caos comenzara.

Emma intercambió una mirada con Noah.

Gabriel continuó.

—El Jardín Olvidado está del otro lado.

Pero no cualquiera puede llegar hasta él.

El anciano señaló el puente.

—Solo quienes estén dispuestos a enfrentar la verdad de su propio corazón podrán cruzarlo.

---

Noah fue el primero en avanzar.

Apenas puso un pie sobre las piedras, el aire comenzó a vibrar.

La neblina cubrió el puente.

Todo desapareció.

Emma dejó de verlo.

Noah sintió que el suelo cambiaba bajo sus pies.

Cuando la niebla se disipó, ya no estaba en el puente.

Se encontraba frente a una pequeña casa de madera.

Su antigua casa.

La puerta se abrió.

Una mujer salió sonriendo.

Era Sofía.

La mujer que había perdido al inicio del caos.

Corrió hacia él y lo abrazó.

—Volviste...

Noah sintió que el corazón se detenía.

Era imposible.

Podía sentir el calor de sus manos.

Escuchar su respiración.

—Nunca debiste irte —dijo ella.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Noah.

Durante meses había soñado con volver a verla.

Ella tomó su rostro entre las manos.

—Quédate conmigo.

Olvida el dolor.

Olvida el mundo.

Olvida a Emma.

El nombre resonó en su cabeza.

Emma.

Entonces comprendió.

Aquello no era real.

Era una ilusión.

Con el corazón destrozado dio un paso atrás.

—Te amaré toda mi vida...

Pero ya no perteneces a este mundo.

La imagen comenzó a desvanecerse.

Antes de desaparecer, Sofía sonrió.

—Ahora eres libre.

Todo volvió a oscurecerse.

---

Mientras tanto, Emma también enfrentaba su propia prueba.

Se encontraba nuevamente en la cocina de la casa donde había crecido.

Su madre preparaba el desayuno.

Su padre leía el periódico.

Todo era exactamente igual que antes del caos.

—Ven, hija —dijo su madre.

Emma rompió a llorar.

Corrió a abrazarlos.

Durante varios minutos olvidó el desastre, las ruinas y el miedo.

Solo quería quedarse allí para siempre.

Entonces escuchó una voz lejana.

—Emma...

Era Noah.

Muy débil.

Como si la llamara desde otro lugar.

Su padre la tomó de la mano.

—No salgas.

Si cruzas esa puerta... nunca volverás a vernos.

Emma cerró los ojos.

Su corazón se partía en dos.

Pero entendió que el amor no consistía en aferrarse al pasado.

Respiró profundamente.

Besó a sus padres por última vez.

—Siempre vivirán en mí.

Caminó hacia la puerta.

Al abrirla...

Todo desapareció.

---

La niebla volvió a disiparse.

Emma y Noah aparecieron nuevamente sobre el puente.

Los dos tenían lágrimas en los ojos.

No hicieron preguntas.

No hacía falta.

Ambos sabían que acababan de despedirse de las personas que más habían amado.

Gabriel sonrió.

—Ahora sí están preparados.

El anciano levantó su bastón.

Al otro lado del puente, la vegetación comenzó a abrirse lentamente.

Un sendero cubierto de flores apareció donde antes solo había bosque.

Un aroma dulce llenó el aire.

El Jardín Olvidado los estaba esperando.

Pero antes de que pudieran dar el primer paso, la tierra comenzó a temblar.




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