Cuando la nieve cae

Prólogo

¿Qué significa ser feliz?

Es imposible saber con certeza aquello que se desprende cuando te das cuenta del horror del mundo, de la oscuridad que lo rodea. De aquel perro negro que aguarda en las tinieblas, a la espera de salir y atacar.

El sol comenzaba a salir, hacía brillar las pequeñas gotas de agua que había dejado el rocío nocturno; un millar de luces cálidas. El viento soplaba con un ligero murmullo mientras los árboles se mecían a su ritmo. Las florecillas de colores pintorescos se abrían con lentitud, desperezándose exhibiendo sus variadas formas. Los pájaros cantaban alegres, volando entre los árboles y los valles. El sonido del río viajando cuesta abajo, con el firme propósito de llegar al mar.

Oh, era une bella mañana. Una mañana agradable y rutinaria. Sí, en esa parte del bosque las cosas son así, bellas. Eso es lo que todos los días se decía Jack, el viajero del ocaso.

Jack Apricot era un renegado; uno de los que logró escapar de la maldición de Ciudad, una urbe megalítica con más de un secreto. El propósito de Jack era el de encontrar la felicidad, y para ello viaja por todos los rincones de Planeta, por aquellos lugares inhóspitos que nadie se atreve a visitar.

Muchos habían escuchado de él, de cómo subió la alta muralla y evadió el ataque de los hombres de blanco, de como con una sola cantimplora y un pan duro atravesó las llanuras humeantes. Otros creían con firmeza que era solo un mito, un invento de los barrios bajos; el gobierno prefería esta versión.

Lo cierto era que él sabía cosas que otros preferían ignorar, él sabía la verdad. Y cuando la supo prefirió no haberla conocido nunca, porque había despertado al furioso perro negro.

Pero este canido no aparecerá tan pronto en la historia. No, ahora se está removiendo en su jaula oxidada. Sus fauces rugen, pero no se abren; comienzan a salivar. Su dueño lo alimenta todos los días, pero al mismo tiempo lo amenaza con un tubo de hierro del bueno. Eso perturba al perro, y por ello también quiere escapar. Pero él no busca la felicidad, como Jack. No, desatar el mal del mundo es su razón de ser. Solo un descuido de su pútrido amo, solo un parpadeo y sería libre.

Mientras tanto, Jack disfruta de una pequeña siesta en ese escondrijo del mundo. Disfrutando de la caricia del viento y del olor a tierra mojada. Se había comportado como un autómata toda su vida, interpretando un papel. No tenía ni idea de lo maravilloso que era el mundo, y de lo terrorífico que podía llegar a ser.

 

Jack quiere aprender a ser feliz, pero, sin pensarlo, lleva la marca del caos.



Agust Watermelon

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En el texto hay: depresion, ficciongeneral, drama

Editado: 10.04.2018

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