Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 4

Estoy en las profundidades de un sueño tan reparador, que mi cuerpo exhausto lo agradece. Todo es tan placentero, todo es tan agradable, todo es... y ahí va, una atípica vibración repiquetea sobre la mesilla de noche, irrumpiendo mi tranquilidad, obligándome a articular movimiento aún en medio de mi inconciencia, por lo que sin más estiro el brazo y contesto a la llamada.

—¡Dios! ¡Por fin! ¿Estás bien? ¿Te pasó algo? ¿Por qué no respondías? Llevo llamándote desde ayer, y desde hace quince minutos que estoy tratando de contactar contigo. Estaba a punto de cruzar los océanos para llegar hasta ese lugar al que llamas casa—Me riñe una Julia agobiada desde el otro lado de la línea.

Ángeles de la guarda, ¿por qué me enviaron a una amiga tan dramática?

—Juls, es muy temprano todavía. Acabas de despertarme, y anoche no respondí porque me acosté muy temprano.

—Ayer dijiste, «Te llamo luego» después de cortar como si nada. ¿Qué pasó, Mandi? Te sentí preocupada. Esperé esa llamada hasta las once de la noche, como no lo hacías, empecé a llamarte como una loca obsesionado que no soy…—«Sí claro»—¿Ya viste la hora que es en primer lugar? Son las ocho con quince de la mañana, ¡Ocho con quince, Mandi! ¿Dime si no me debo preocupar? Tú siempre despiertas muy temprano. ¿Qué pasó hoy para ser la excepción? Me has tenido en vilo toda la santa noche, que con ese vagabundo suelto frente a ti, no estoy para nada tranquila.

¡Demonios! Se me olvidó llamar a Julia, siempre se preocupa demasiado por mí. Desde que Aaron ha estado sentado en ese columpio, mi buena amiga no ha parado de llamarme; es más, si ella no anduviera de novia en estos momentos, ya se hubiera mudado conmigo. Sí, así de paranoica puede llegar a ser. Por ese motivo no puedo decirle lo que hice por él, me mataría en sermones, y si de ella dependiera castigarme, créanme, lo haría. Sí, señores, con Julia Jackson no se juega, así que, por mucho que me duela ocultarle las cosas, no me deja más remedio. Mi querida amiga es lo que le sigue a protectora, como ya lo habrán notado.

—Lo siento, Juls. No quise preocuparte, no pasó nada ayer. Solo estaba un poco… ocupada, y hoy tengo programado el despertador algo más tarde.  

—¿Segura que ese vagabundo no está molestando? Porque sabes bien que él no es problema para mí, puedo subirme ahora mismo a mi auto y llegar hasta tu continente a velocidad de un rayo para patearle el culo.

—No, Juls, él no es peligro. Estoy bien, deja de preocuparte. ¿Y ya tienes planeada nuestra última semana de vacaciones?

Sí, es mi intento de salida de tema. Es deplorable, lo sé, pero no se me ocurre otro.

—Eso ni se pregunta, nena. Está planeadísima hasta el último detalle. Empezaremos por nuestra tradicional pijamada en tu renovada casa, que muero por verla, el resto ya lo irás sabiendo a lo largo del día porque no quiero que empieces con tus objeciones aburridas. ¿Te viene bien este viernes? Sé que hasta el jueves tienes jornada completa en el Madison.  

—Vale, el viernes, entonces. Y, por favor, solo lo necesario, no quiero dos maletas como la última vez. Exagerada.  

—¡Ay, qué pesadita! Una siempre tiene que estar lista para lo inesperado, aunque en tu barrio no existe más alma que la tuya. Así que, hecho, ropa interior y cepillo de dientes para que Sor Mandi no se asuste. Nena, te llamo luego porque estoy a cuatro patas—ríe sonoramente—Ya entiendes… ah, no, qué vas a saber tú. Bye, Bye. Besitos, Mua, Mua.

Cuelga e inmediatamente el sonido de la alarma me indica que es momento de empezar el nuevo día. Con algo de cansancio me coloco la ropa de deporte para iniciar mi rutina fitness, aunque si les soy sincera, no quiero ni hacerlo, pero como ya he dicho antes, algo debo hacer para todo lo que como; por lo que acomodando los auriculares, subo el volumen y salgo a correr por todo el vecindario.

Hora y media después, llena de sudor y más hambrienta que de costumbre, voy de regreso a mi morada. Conforme me voy acercando, noto cómo la puerta de la casa frente, se va abriendo de par en par, y tras estas mi vecino viene a iluminarme con su apuesta y aún herida presencia. ¡Wow! Menudo inicio de día, eh, me susurra el subconsciente con cierto tonillo, y le doy la razón, porque lo que es este tipo… ¡Uff! ¿Cómo puede lucir tan atractivo estando aún herido? ¿Es eso posible? Definitivamente, yo también quiero ser de su especie.

—Buenos días, Amanda. Eres muy madrugadora—Me saluda cordialmente.

—Buenos días para ti también. Tienes buen aspecto, ya casi no tienes hinchada la cara y hasta te oigo hablar claramente.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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