Cursed

1. El circo de las máscaras.

Mi vida era un completo fracaso.

La frustración invadía mi organismo y aún podía sentir mi rostro ardiendo por la vergüenza que acababa de pasar. Al parecer, a los veintidós años mi cuerpo decidió volverse completamente inútil. El ballet ya no era lo mío, no importaba cuánto lo intentara. Era como si de la noche a la mañana el talento hubiese abandonado mi cuerpo, provocando que dejara de ser buena en lo único que realmente disfrutaba.

La maestra fue muy paciente conmigo, al menos durante un tiempo. Pero hoy su paciencia llegó al límite cuando en medio de un ensayo tropecé e hice caer a la estrella de la clase, quien terminó con una fractura menor. Ese fue el momento en el que se rindió conmigo.

Deberías buscar otras opciones, Val.

Fue lo que me dijo, frente a toda la clase.

Traté de moverme a través de la multitud cómo pude. Tanta gente me hacía sentir sofocada. No era normal la aglomeración en el parque. Miré a mi alrededor y vi a un grupo de personas haciendo una especie de espectáculo en medio del parque.

Resoplé y continué mi camino. La verdad es que sólo quería llegar a casa para encerrarme en mi habitación y llorar toda la noche.

Pero la suerte no estaba de mi lado hoy.

—¡Hola, señorita!

Un hombre enorme, al menos treinta centímetros más alto que yo y bastante musculoso se acercó a mí. Estaba vistiendo solamente un pantalón ridículamente ajustado, con rayas verticales negras y rojas. Pero incluso con su tamaño descomunal y su torso desnudo en pleno febrero, lo que más llamaba la atención era la máscara que tenía sobre su rostro. Una máscara blanca, con una perturbadora sonrisa tallada y algunos adornos en dorado que no me moleste en contemplar por más de unos segundos.

Vi que traía algunos afiches en sus manos y sacó uno para entregármelo.

—El circo...

—Lo siento, tengo prisa —contesté, con la mayor cortesía que pude reunir y seguí caminando, evitándolo por completo.

Seguramente estaba promocionando el circo que se había instalado a las afueras de la ciudad durante el fin de semana. Todas mis compañeras hablaron de eso durante la práctica. Decían que el circo era un poco extraño y las escuché decir que cuando googlearon el nombre nada apareció. Sonaban muy intrigadas.

A mí no podía importarme menos.

Después de unos minutos más de caminata, finalmente llegué a casa.

El auto de mi madre no estaba en la entrada. Suspire de alivio. Al menos no tendría que aguantar sus criticas hasta la noche.

O eso creí, porque en realidad la mala suerte no terminaba.

—¿Qué haces en casa tan temprano?

Ella estaba en el sofá, revisando unos documentos que seguramente eran cuentas atrasadas que debíamos pagar pronto.

—¿Qué haces tú en casa tan temprano? ¿Y el auto? —pregunté sin molestarme en ocultar mi disgusto por su presencia.

—Se descompuso otra vez. Tuve que llevarlo al mecánico, que por supuesto me cobrará una fortuna.

Su vista volvió a los papeles entre sus manos y por un momento pensé que me libraría del interrogatorio, pero apenas di un paso en dirección a la escalera, volví a oír su voz.

—Creí que tenías práctica.

—La tuve. —respondí sonando más cortante de lo que pretendía—. Clare me envió a casa.

Sus ojos volvieron a posarse en mí. Podía sentir la crítica formándose en su mente.

—¿Por qué? —Su tono ya era intimidante.

—No pude hacer nada bien hoy. Sólo tropecé, hice caer a Logan. Se fracturó el tobillo. Así que Clare me dijo que debía buscar otra cosa.

—Un trabajo estaría bien.

—Mamá...

—Valerie —interrumpió— he sido paciente contigo. Te dejé seguir alargando tu año sabático, que ya no es uno, sino dos. Te dejé perseguir el sueño inútil de ser bailarina y fracasaste en eso también. Tal vez deberías hacer algo útil para variar.

Mordí mi lengua. Si decía lo que quería decir, sólo empeoraría las cosas. Y no tenía las ganas ni la energía de discutir. Tragué el nudo en mi garganta y me di la vuelta para subir las escaleras.

Una vez que entré a mi habitación, las lágrimas por fin abandonaron mis ojos.

(…)

Todo a mi alrededor desprendía alegría y entretención. Era contagioso y justo lo que necesitaba después del pésimo día que tuve.

—Te dije que esto te animaría. —Ashley pellizcó una de mis mejillas.

Al principio, estaba escéptica, pero apenas llegamos al lugar comencé a sentirme más relajada. El peso sobre mis hombros se iba sintiendo más ligero, al menos momentáneamente. Sabía que una vez que regresara a casa todo volvería a ser lo mismo. Pero eso sólo me hacía disfrutar aún más la compañía de mi amiga.

Durante la tarde, me llamó para invitarme al misterioso circo del que todos hablaban. Mi primera respuesta fue no, pero Ashley era realmente insistente y la verdad no quería estar en casa. No quería oír más críticas. Había sido suficiente amargura por un día.



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En el texto hay: fantasia, circo, circo fantasma

Editado: 20.06.2026

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