Dame una oportunidad. (ceo busca madre sustituta)

Capítulo 82. Genes de macho alfa.

Luego de ayudar a su familia en la supervisión de aquella magna actividad, Becca encontró unos minutos libres para pasearse entre los invitados de importancia, derrochando simpatía y fortaleciendo sus relaciones públicas.

Se paseaba como una modelo de pasarela luciendo un conjunto entero floreado de pierna ancha elaborado por algún diseñador conocido, que resaltaba su estrecha cintura. Se sentía satisfecha por captar todas las miradas, aunque había una que se le resistía: la de Liam Hamilton.

Al divisarlo solo no dudó en acercarse a él. El hombre estaba parado muy cerca de Julián Holt, pero este último se hallaba charlando muy concentrado con un viejo amigo, así que podía tener a Liam para ella sola.

—Que pecado que estés tan abandonado —dijo coqueta al ubicarse a su lado.

Liam sonrió con cortesía al verla.

—No me abandonaron. Justo en este momento mis acompañantes están algo alejados, pero pronto regresarán.

—La verdad, si yo fuese tu acompañante, no te dejaría ni un instante solo. Eres un ejemplar al que uno no puede quitarle la vista de encima. Lo hice una vez y encontré a otra rondándote.

—Hablas de mí como si fuese un perro de raza —bromeó él.

—De una raza muy pura, tal vez, exclusiva.

—Tampoco exageres.

—Eres un hombre como ya no los hay, Liam. Aunque tú lo niegues.

—Soy un hombre como cualquier otro. Créeme que he conocido a muchos mejores que yo, más empáticos y solidarios. Y estoy seguro que tú también has conocido a otros mejores. De no ser así, no habrías estado pendiente de mí tan solo… ¿qué? ¿Dos semanas? Creo que ese fue el tiempo en que tuvimos un acercamiento. Si hubieses visto algo especial en mí, jamás te habrías alejado.

—Estuve muy dispersa en esa época, pero ahora me siento mucho más centrada. —Se paró frente a él, muy cerca, para así obtener toda su atención—. Esta vez sé bien lo que quiero —aseguró, acomodándole la corbata—. Y cuando eso pasa no me detengo ante nada —dijo, inclinándose hacia él como si buscara su boca.

Liam retrocedió con delicadeza, poniendo distancia sin que se viera agresivo el rechazo. Iba a decirle algo, pero de pronto Emma apareció a su lado aferrándose a uno de sus brazos.

—Becca, no te había visto desde que llegué —saludó a la mujer con especial ironía y posando en ella una mirada que ardía por la furia, aunque en su rostro se dibujaba una sonrisa.

—Oh, Emma, ¿cómo has estado? —preguntó la mujer irguiéndose con actitud desafiante—. ¿Disfrutas de la inauguración?

—Mucho. Tienen excelentes atracciones, los gemelos están felices.

Liam se sintió algo incómodo, aunque no pudo evitar sonreír. Aquellas dos mujeres se enfrentaban con gallardía, como si fuesen dos fieras que se peleaban por una presa.

Le gustó ver a Emma parada firme a su lado, defendiendo sin dudar lo que existía entre ellos. Él hubiese hecho lo mismo si estuviera en su lugar, porque sabía con exactitud lo que quería y estaba dispuesto a protegerlo hasta las últimas consecuencias. Que ella se mostrara igual, lo llenaba de júbilo.

Acarició la mano de ella que envolvía su brazo en apoyo. Becca no pudo pasar desapercibido el gesto, resultándole molesto, aunque no modificó su semblante alegre.

—Yo sabía que los gemelos la pasarían bien aquí. Eso los ayudará a distraerse y no estar tan encerrados en casa. Liam los sobreprotege demasiado —aseguró Becca.

—Tengo motivos para hacerlo —se defendió él.

—Supongo, pero de vez en cuando debes dejarles algo de libertad o los pobres crecerán cohibidos y con una personalidad débil.

—Son los que más han socializado de los niños presentes en el evento —saltó Emma, interviniendo en favor de los chicos—. Hasta han logrado liderar el grupo, ayudando a los animadores con el orden. Así que es poco probable que desarrollen una personalidad débil solo porque su padre cuida mucho de ellos.

Becca por un momento perdió la sonrisa, irritada por las palabras de la mujer.

Liam observó con admiración a Emma. El hecho que ella se enfrentara a otros por defender sus acciones y a sus hijos le produjo una emoción súbita en el pecho que hasta lo excitó.

—Bueno, entonces los gemelos son tan machos alfa como su padre. Tienes buenos genes, querido Liam —expuso Becca hacia él con tono seductor y simulando quitarle una mota de polvo de la chaqueta del traje aprovechando acariciarle el hombro—. Me encantaría ayudarte a poblar al mundo con ellos.

Becca, después de decir aquello, dio media vuelta y se marchó, siguiendo con sus relaciones públicas. Dejó a Emma con la furia hirviendo en su sangre y a Liam impactado por su directa declaración.

Emma quiso ir tras ella y detenerla para advertirle que si no era capaz de divisar sus límites con ese hombre, ella se los haría ver a la fuerza, pero él la retuvo.

—Ey, ¿a dónde vas?

—A ponerle los puntos sobre las íes a esa estúpida —soltó e intentó seguir, pero Liam se lo impidió.

—Calma, no vale la pena.

—Claro que lo vale. Tiene que respetar que ahora estamos juntos. Voy a cerrarle la boca por zorra.




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