De pequeños y grandes problemas

Prólogo

Luis:

 

Nos subimos a la terraza, la que sentíamos nos ocultaba de todos pues lo único que podíamos ver allí era la desolada oscuridad del patio trasero.

 

Él dejó su mochila en el suelo y luego nos sentamos en el borde de la terraza.

 

Dejamos nuestras piernas colgando, balanceandose con lentitud hasta finalmente yacer inmóviles luego de que la pequeña inercia halla pasado. El silencio taladró nuestros oídos hasta que finalmente me atreví a quebrarl—: Extrañaba estar aquí contigo —tanteé.

 

Pasó su brazo por mi hombro y me arrastró un poco, rompió el poco espacio personal que teníamos y sentí una leve incomodidad en mis piernas al apretarse contra las rejillas, pero opuse nula resistencia. Como siempre.

 

Aunque ahora me sentía más en control de mis emociones aún sentía aquellas "mariposas" en el estómago, aquellas que en un deseo estúpido quise aniquilar. Me fue imposible y me ví acercando con sutileza mi rostro a su ropa, queriendo apreciar su fragancia como si de droga se tratase. Si fuera así, yo era todo un drogadicto.

 

—Yo también. ¿Cuando fue la última vez? ¿seis meses?

 

Ya no me veía a mí mismo como un ser asqueroso por ser así, lo sentía más bien como un ínfimo sentimiento imperturbable que no saldría de mi pecho. No era algo que yo podría cambiar. No era algo que yo había planeado. No era algo que quería pero aún así aquí me encontraba, perdidamente enamorado de un muchacho.

 

Solté el aire de mis pulmones con fuerza y asentí con lentitud. Seis meses. El colegio y nuestros, hasta podría decirse algo banales problemas quitaban más horas de las que desearía de mi vida. Pero no me lamenté por eso, me encantaba aprender y los solucionaría de a poco. Intentaría arreglarme a mí y luego a él, y viceversa. Eso es lo que hacen los amigos.

 

—¿Sabes? Todavía me siento asustado — se sinceró —. Tengo miedo de lo que deba hacer, y sé que mis problemas tal vez no sean los más importantes, pero me asusta no poder solucionar nada porque sé que mamá no querrá dejar eso y que papá se rindió hace rato. Y... A veces quisiera volver atrás y no enterarme de nada, porque aún soy un cobarde.

 

Quité mi mirada de su sweater y la puse en su cara. Admiré con detalle su preocupado rostro, sus ojos a través de las gafas y me aparté de él.

 

—Yo también estoy preocupado porque aún hay cosas que me callo, pero sé que lo resolveré, espero juntar valor algún día y quitarme ese peso — conté y ví en sus ojos un brillo de duda pero no cuestionó nada —. No eres absurdo, todo lo que te afecta es importante. Y... no hay problemas grandes o pequeños, quizás solo más o menos valor para resolverlos.

 

Bajó la mirada hasta su mano, que ahora reposaba nuevamente sobre el piso de la terraza. Quitó sus pies de entre las rejillas del barandal color café. Creí que ya no querría estar ahí y fui a hacer lo mismo pero cuando iba a arrodillarme para ponerme de pie me sorprendió ahí, bajo aquel manto de tinta oscura que nos hacía sentír a salvo, con un abrazo.



aleliaguinaga

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En el texto hay: novelajuvenil, romance, lgbt

Editado: 17.06.2020

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