dead in life

N✨️

Después de una larga charla con mis nuevas amigas, en donde pudimos conocernos mejor, el tiempo se nos fue volando. Ya se me había hecho tarde y tenía que irme a mi casa, de lo contrario mi madre se enojaría.

—Bueno chicas, ya me tengo que ir, debo alcanzar el autobús. Nos vemos mañana, adiós.

—Está bien, Naho, hasta mañana —respondieron ellas sonriendo.

Después de un largo viaje en autobús regresé a casa. Todo esto era nuevo para mí, pero me sentía muy bien; creía que esta vez me iría mejor. Apenas llegué, hablé con mi novio, porque quería contarle que pensaba hablar con mis padres para formalizar lo nuestro. Mis padres nunca me habían dejado tener novio, así que el simple hecho de que estuviera saliendo con alguien ya era algo nuevo para ellos.

El fin de semana pasado había salido de fiesta con mis padres. Justo estando en el lugar, empecé a hablar por mensaje con mi chico y, de casualidad, él estaba cerca de la discoteca donde nosotros estábamos. Me pidió que si podía pasar por allí, aunque yo no estaba segura de aceptar porque estaba con mis padres y no tenía pensado presentárselos todavía. Sin embargo, al final accedí.

Recuerdo que le comenté a mi mamá, y para mi sorpresa ella me dijo que no había problema. Pasamos un buen rato conversando todos juntos y, horas después, nos regresamos a casa. Desde ese momento, mi madre me aseguró que le había caído bien y que le gustaría conocerlo mejor. Incluso lo invitó a cenar en la casa.

Ahora estaba emocionada y, debo admitirlo, también un poco asustada. En mis 18 años de vida jamás había tenido un novio, así que todo esto era completamente nuevo para mí. Además, mi mamá siempre ha sido un poco estricta y eso me ponía nerviosa.

¿Qué podría decirle a Luke cuando llegara? Él vendría este fin de semana, y por fin todo iba a ser más real y formal entre nosotros. Solo de pensarlo sentía mariposas en el estómago, pero también un ligero temor de que algo saliera mal.

Me repetía a mí misma que debía confiar, que si mi madre lo había aceptado aquella vez sin problemas, seguramente ahora no sería diferente. Sin embargo, no podía evitar imaginar cómo sería esa cena, qué preguntas le harían mis padres y cómo él reaccionaría.

El reloj parecía avanzar más rápido de lo normal. Los días que faltaban para el fin de semana se me estaban yendo volando, y cada noche me dormía pensando en cómo sería ver a Luke sentado en la mesa de mi casa, conversando con mi familia, y en cómo ese instante marcaría un antes y un después en mi vida.

....
días previos se convirtieron en un torbellino de emociones. Por momentos me sentía tan feliz que no podía dejar de sonreír, y en otros, una punzada de miedo me recorría el pecho. Era como si dentro de mí convivieran dos voces: una que me decía que todo saldría bien y otra que me llenaba de dudas.

Nunca había estado en una situación así. Siempre fui la chica aplicada, la que obedecía reglas, la que evitaba problemas. Y ahora, de repente, estaba a punto de dar un paso que cambiaría no solo mi vida, sino también la manera en que mis padres me veían. Ya no era la niña que ellos cuidaban con recelo, ahora era una joven que había tomado una decisión: enamorarme.

Las noches se me hacían eternas. Me acostaba en la cama mirando el techo, imaginando cómo sería la cena. Podía ver a Luke entrando por la puerta, saludando con esa sonrisa que siempre me hacía sentir tranquila. Me lo imaginaba dándole la mano a mi papá, intentando sonar seguro, aunque por dentro seguramente estaría tan nervioso como yo. Y también me veía a mí, sentada a su lado, tratando de disimular el temblor en mis manos mientras lo miraba de reojo, como queriendo decirle: todo va a estar bien.

Pero después de esos pensamientos dulces, venían los temores. ¿Y si mi papá lo miraba con esa seriedad suya que intimida a cualquiera? ¿Y si mi mamá empezaba a hacer demasiadas preguntas? ¿Y si Luke se equivocaba en algo, decía lo que no debía o se mostraba demasiado tímido? Entonces mi mente inventaba miles de escenarios, algunos casi catastróficos, que me hacían suspirar con impaciencia.

Aun así, dentro de mí había una certeza: lo quería. Tal vez era la primera vez que tenía novio, pero sabía que lo que sentía era real. Cuando hablábamos, el tiempo pasaba volando; cuando me escribía, mi corazón latía más rápido; y cuando me miraba, sentía como si el mundo se detuviera. Quizás por eso estaba tan decidida a enfrentar mis miedos, porque valía la pena.

Pasaba los días distraída. En clases apenas podía concentrarme, pues mi mente volvía una y otra vez a la misma pregunta: ¿cómo saldrá todo? Incluso mis amigas notaron que algo raro me sucedía. Me decían en broma que tenía “cara de enamorada” y que ya no ponía atención a nada. Yo solo reía y lo negaba, pero en el fondo sabían que era verdad.

Cada vez que el teléfono sonaba y veía que era un mensaje suyo, una calma extraña me recorría. Hablábamos de cosas simples: qué había comido, cómo le había ido en el día, o lo cansado que estaba después de llegar a casa después del trabajo Sin embargo, para mí esas conversaciones eran como un refugio, una forma de recordarme que no estaba sola en todo esto, que él también esperaba con ansias ese momento.

entre risas nerviosas, dudas y esperanzas, los días fueron avanzando. Yo, mientras tanto, pensaba en que nunca había querido esto. Desde que tengo memoria siempre he tenido miedo de dejar entrar a las personas en mi vida, de permitirles conocerme tanto que pudieran descubrir todo lo que realmente hay dentro de mí: el vacío, la pena… con lo que llevo cargando casi toda mi vida.

Pero con Luke es diferente, de cierta manera creo que puedo estar bien con él. Habíamos estado hablando por un par de meses, aunque no teníamos mucha comunicación. Yo no quería conocer a nadie ni tener a alguien en mi vida.

Nos conocimos por medio de las redes sociales: él vio mi perfil, me envió una solicitud y la acepté. Al rato me mandó un mensaje, dudé en responderle, pero lo hice. Empezamos a hablar un poco, aunque yo estaba decidida a estar sola, así que no le respondía seguido. Incluso, varias veces lo dejaba en visto. En una de esas ocasiones, él dejó de escribirme.



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En el texto hay: romace, historia, dolor

Editado: 28.08.2025

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