Desvanecer

5° CAPÍTULO

Al día siguiente y a sólo unas horas de que acabara el tiempo que tenía en el hotel, decidió hacer lo único que podía. Tomó el teléfono y con miedo y nerviosismo marcó el número que había en la tarjeta que apenas ayer le había entregado Valbert Vidal.

Tenía miedo y vergüenza de lo que estaba a punto de hacer, pero tras una larga noche de deliberaciones, se dio cuenta que no tenía otra persona a quien recurrir y que de ser necesario habría de humillarse y rogar ayuda a aquel extraño quien había sido la única persona en mostrarle un trato digno en los últimos días.

Tras la línea se escuchó la voz de una mujer quien saludó con el mecánico saludo que recibían quienes llamaban a la casa editorial. Klaudia le pidió que le comunicara con Valbert, pero la secretaria le dijo que estaba ocupado y que no podía atenderla, Klaudia sintió miedo de que su última oportunidad fuera rechazada, no sabía qué hacer y solo pudo insistir con la voz a punto de quebrarse que le permitieran hablar con Valbert, pero la secretaria solo le repetía que era imposible que la comunicarla.

Justo cuando la mujer se despidió y Klaudia creía que colgaría el teléfono, alcanzó a escuchar una pequeña discusión que no entendió y luego reconoció la voz profunda de Valbert Vidal al otro lado de la línea.

-Hola ¿aún está ahí?

Klaudia sintió cómo si el alma regresara a su cuerpo y no pudo contener un suspiro de alivio del cual se arrepintió, pues había sonado tan fuerte que era seguro que su interlocutor lo había escuchado.

-¿Está bien señorita? –Pregunto Valbert.

-Si señor Vidal, o mejor dicho, no. Creo que necesito un favor.

-Antes que me pida algo  ¿podría decirme quién es?

Klaudia notó que no se había presentado, una vez más se ruborizó y sintió que la cara se le caía de vergüenza, no bien había pasado un minuto de hablar con el hombre que era su única esperanza y había hecho el ridículo repetidamente.

-Soy Klaudia Comanely, nos encontramos el día de ayer en el  parque ¿recuerda?

-O sí, claro. ¿En qué puedo ayudarla señorita?

-Pues verá, es algo complicado –Klaudia sintió miedo, pese a que había pensado e inclusive ensayado qué era lo que le diría a aquel hombre para pedirle ayuda, en aquel preciso momento no supo qué decir. -Verá señor, actualmente estoy desempleada y a decir verdad, no tengo dinero ni un lugar donde ir. Sé que usted no es quien para pedirle que haga obras de caridad por alguien que apenas y conoce, pero necesito su ayuda.

Durante varios segundos que parecieron más largos de lo que en realidad fueron, Valbert no dijo nada, Klaudia sentía los latidos de su corazón acelerados y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. No sabía qué era lo que provocaban esas lágrimas, si el miedo a que aquel hombre quien apenas había visto en dos ocasiones le negara la ayuda o el miedo y la vergüenza de verse en esa situación, mendigando ayuda y caridad como si fuera una desahuciada.

-¿Dónde se encuentra en este momento?– preguntó Valbert con voz seria.

-En el hotel que se encuentra cerca del parque donde nos vimos ayer.

- No sé qué decirle señorita. Hmm dígame ¿hasta cuándo puede estar en el hotel?

-Hasta hoy a las 5 p.m.

-Hmm… señorita, no suelo hacer esto, pero lo único que se me ocurre es darle hospedaje en mi casa. No sé si a usted le parezca cómodo y adecuado.

Klaudia dudó pero no tardó en responder.

-No, no. No hay ningún problema, le agradecería mucho si puede hacer eso por mí.

-Muy bien, enviaré a alguien a buscarla al hotel antes de las 5 p.m. ¿tiene muchas pertenencias que mover? ¿Tal vez algo grande? Así sabré qué tipo de vehículo debo de enviar.

-No señor, apenas unas cosas pequeñas, cualquier tipo de auto está bien.

-Sea entonces, la veré esta noche señorita, que tenga buen día. -Y dicho esto, Valbert colgó el auricular.

Klaudia sintió alivio, había resuelto al menos de momento el problema de residencia. Pero la sensación de paz no duró mucho, pues de inmediato la asaltaron múltiples dudas y temores. ¿Por cuánto tiempo podría estar en la casa de Valbert? ¿Por qué un hombre rico e importante habría aceptado tan fácilmente ayudarle a una desconocida? ¿Por  qué le había ofrecido hospedarse con él en vez de prestarle dinero o ayudarle a pagar otro día de estadía en el hotel? Y lo que más le aterraba pensar ¿Qué pediría Valbert Vidal como pago por su hospitalidad?



EL PALADÍN

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Editado: 02.05.2018

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