Detrás de sus ojos

CAP 1--- BIENVENIDA A BLACKWOOD

La lluvia comenzó antes de que el autobús cruzara las enormes rejas de hierro.

Elara Whitmore observó las gotas resbalar por la ventana mientras el paisaje cambiaba lentamente. Los edificios modernos de la ciudad habían quedado atrás hacía casi una hora. Ahora solo veía árboles.

Árboles.

Bosques interminables.

Carreteras vacías.

Y una niebla espesa que parecía tragarse todo a su paso.

Suspiró.

Durante meses había esperado aquel momento.

La Universidad Blackwood.

Una de las instituciones más prestigiosas del país.

Un lugar reservado para estudiantes brillantes, familias influyentes y personas destinadas a ocupar puestos importantes en el futuro.

Y, contra todo pronóstico, ella estaba allí.

Apretó con fuerza la carta de admisión que llevaba dentro de una carpeta.

Todavía le costaba creerlo.

Había trabajado demasiado para conseguir aquella beca.

Demasiadas noches sin dormir.

Demasiados sacrificios.

Demasiados esfuerzos.

Pero finalmente lo había logrado.

Sin embargo, a medida que el autobús avanzaba por el camino empedrado, una extraña sensación comenzó a instalarse en su pecho.

Una sensación difícil de explicar.

Como si algo no estuviera bien.

Como si aquel lugar escondiera algo.

Las enormes rejas aparecieron de repente entre la niebla.

Altas.

Imponentes.

Decoradas con símbolos antiguos.

El autobús disminuyó la velocidad.

Las puertas metálicas se abrieron lentamente.

Y por primera vez Elara vio Blackwood.

El edificio principal emergió entre la lluvia como una sombra gigantesca.

Torres de piedra oscura.

Ventanales inmensos.

Gárgolas desgastadas por el tiempo.

Escaleras interminables.

Parecía más un castillo abandonado que una universidad.

—Dios mío...

Murmuró.

Varios estudiantes sacaron sus teléfonos para tomar fotografías.

Otros observaban en silencio.

Incluso el conductor parecía incómodo.

Elara no sabía por qué.

Pero aquel lugar le provocó escalofríos.

Y ni siquiera había bajado del autobús.

---

Veinte minutos después caminaba bajo la lluvia arrastrando una maleta negra.

El campus era enorme.

Mucho más grande de lo que mostraban los folletos.

Había senderos de piedra.

Jardines antiguos.

Fuentes.

Estatuas.

Edificios conectados por pasillos cubiertos.

Y estudiantes por todas partes.

Aun así...

Algo resultaba extraño.

La mayoría caminaba deprisa.

Con la cabeza baja.

Como si nadie quisiera permanecer demasiado tiempo al aire libre.

Como si todos tuvieran prisa por llegar a algún lugar.

Elara estaba observando un mapa cuando alguien chocó accidentalmente contra ella.

—¡Lo siento!

La joven levantó la mirada.

La chica frente a ella tenía el cabello rubio recogido en una coleta alta y una sonrisa tan amplia que parecía imposible que estuviera de mal humor.

—Fue mi culpa.

Respondió Elara.

—No estaba mirando.

—¿Nueva?

—¿Tan obvio es?

La chica soltó una carcajada.

—Solo los estudiantes nuevos se quedan admirando el edificio principal como si acabaran de descubrir Hogwarts.

Elara sonrió por primera vez desde que llegó.

—Supongo que tienes razón.

—Olivia Sterling.

La rubia extendió la mano.

—Elara Whitmore.

—Perfecto.

Ahora ya no eres oficialmente una desconocida.

Elara arqueó una ceja.

—¿Y eso qué significa?

—Que puedo ayudarte a sobrevivir a tu primer día.

—¿Tan terrible es?

Olivia la observó durante unos segundos.

Luego volvió a sonreír.

—Depende de a quién le preguntes.

---

Mientras caminaban hacia la residencia universitaria, Olivia hablaba sin parar.

Sobre profesores.

Sobre clases.

Sobre fiestas.

Sobre estudiantes insoportables.

Sobre reglas absurdas.

Y sobre rumores.

Muchos rumores.

—Dicen que una vez encontraron a un estudiante viviendo dentro de un túnel abandonado.

—Eso suena inventado.

—Lo está.

Probablemente.

—¿Probablemente?

—Bueno, Blackwood tiene muchos secretos.

Elara soltó una pequeña risa.

—Todas las universidades tienen secretos.

—No como esta.

La forma en que lo dijo hizo que Elara la mirara.

Pero Olivia ya había cambiado de tema.

---

La residencia femenina era un edificio elegante de tres pisos.

Las habitaciones eran más grandes de lo que esperaba.

Muebles modernos.

Ventanas enormes.

Una vista espectacular del bosque.

Y un silencio extraño.

Demasiado silencio.

Después de instalarse, Olivia insistió en mostrarle el resto del campus.

Elara aceptó.

Todavía faltaban varios días para el inicio oficial de las clases.

Y quería conocer el lugar.

Caminaron durante más de una hora.

Vieron la biblioteca.

Los laboratorios.

Los jardines.

Las cafeterías.

Y finalmente llegaron al edificio de Medicina.

Allí ocurrió algo extraño.

Porque de repente Olivia dejó de hablar.

Algo que parecía físicamente imposible.

—¿Qué pasa?

Preguntó Elara.

La rubia miraba hacia las escaleras principales.

—Nada.

Respondió demasiado rápido.

—Olivia.

—Solo...

No hagas contacto visual.

—¿Con quién?

—Con él.

Elara giró la cabeza.

Y entonces lo vio.

---

Un hombre descendía lentamente las escaleras.

Alto.

Cabello negro.

Abrigo oscuro.

Las manos dentro de los bolsillos.

Había algo en él que llamaba la atención inmediatamente.

Algo imposible de ignorar.

No era solo atractivo.

Era la manera en que caminaba.

La manera en que observaba.

La manera en que parecía completamente ajeno al mundo que lo rodeaba.




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