Detrás de sus ojos

CAP 3 --- OJOS GRISES

La lluvia continuó cayendo durante toda la noche.

Y también durante toda la mañana.

Blackwood parecía diferente bajo la tormenta.

Más oscura.

Más antigua.

Más inquietante.

Elara caminaba por uno de los senderos cubiertos mientras observaba la nota que había guardado dentro de su cuaderno.

No debía seguir pensando en aquello.

Era ridículo.

Llevaba apenas dos días en la universidad.

Dos días.

Y ya estaba obsesionada con una persona que ni siquiera conocía.

Amelia Cross.

Volvió a repetir el nombre en silencio.

Algo en él le resultaba familiar.

No porque lo hubiera escuchado antes.

Sino porque cada vez que lo pronunciaba sentía una extraña sensación de tristeza.

Como si aquel nombre perteneciera a alguien olvidado.

A alguien que merecía ser recordado.

—Vas a terminar chocando con alguien.

La voz apareció tan cerca que Elara se sobresaltó.

Levantó la vista.

Olivia la observaba divertida.

—¿Otra vez pensando en la nota?

—Un poco.

—Llevas horas haciéndolo.

—Porque es extraño.

—Todo en Blackwood es extraño.

Respondió Olivia.

—Te acostumbrarás.

Elara no estaba tan segura.

---

Aquella mañana tenían una reunión de bienvenida para los nuevos estudiantes.

El auditorio principal estaba lleno.

Filas interminables de asientos.

Luces tenues.

Un enorme escenario decorado con el escudo de la universidad.

Elara se sentó junto a Olivia.

Mientras esperaban el inicio de la presentación, observó a los estudiantes.

Algunos parecían emocionados.

Otros nerviosos.

Y otros simplemente aburridos.

Entonces lo vio.

Cassian Blackwood.

Se encontraba varias filas más adelante.

Solo.

Como siempre.

Parecía completamente desconectado del resto del mundo.

Ni siquiera estaba mirando el escenario.

Tenía la vista fija en algún punto invisible.

Perdido en sus propios pensamientos.

—¿Siempre está así?

Preguntó Elara.

Olivia siguió su mirada.

—¿Cassian?

—Sí.

—Prácticamente.

—Parece que odia estar aquí.

—Quizás odia a las personas.

Respondió Olivia.

—Eso explicaría muchas cosas.

---

La presentación terminó dos horas después.

Cuando por fin fueron liberados, cientos de estudiantes comenzaron a abandonar el auditorio.

Elara intentó abrirse paso entre la multitud.

Pero alguien chocó contra ella.

Los libros que llevaba cayeron al suelo.

—Genial.

Murmuró.

Se agachó rápidamente.

Otra mano alcanzó uno de los libros antes que ella.

Por un instante ambos lo sujetaron al mismo tiempo.

Elara levantó la mirada.

Y se encontró con unos ojos grises.

Cassian.

Por supuesto.

¿Por qué tenía que ser él?

—Gracias.

Dijo ella.

Él soltó el libro.

—Deberías prestar más atención cuando caminas.

—Tú también chocaste conmigo.

—No.

Respondió tranquilamente.

—Tú chocaste conmigo.

Elara abrió la boca.

La cerró.

Y volvió a abrirla.

—¿Siempre eres tan agradable?

Por primera vez vio algo parecido a una sonrisa.

Pequeña.

Casi imperceptible.

Pero estaba allí.

—Solo cuando me provocan.

Aquello la irritó más de lo que debería.

—Pues qué suerte la mía.

Cassian la observó durante unos segundos.

Como si estuviera estudiándola.

Analizándola.

Desarmándola pieza por pieza.

Y por alguna razón aquello la puso nerviosa.

Muy nerviosa.

—Deberías tener cuidado.

Dijo finalmente.

Elara frunció el ceño.

—¿Con qué?

—Con las preguntas que haces.

Un escalofrío recorrió su espalda.

—¿Qué significa eso?

Pero Cassian ya había comenzado a alejarse.

—¡Espera!

Él no se detuvo.

Ni siquiera giró la cabeza.

Simplemente desapareció entre los estudiantes.

Como si aquella conversación nunca hubiera ocurrido.

---

El resto del día fue una tortura.

Porque no podía dejar de pensar en sus palabras.

"Deberías tener cuidado con las preguntas que haces."

¿Cómo sabía que estaba investigando?

¿Quién se lo había contado?

¿Olivia?

No.

Era imposible.

¿Entonces quién?

---

Esa tarde decidió volver a la biblioteca.

Necesitaba distraerse.

Necesitaba respuestas.

Y sobre todo necesitaba dejar de pensar en Cassian Blackwood.

La misión resultó imposible.

Porque cuanto más intentaba ignorarlo, más recordaba aquellos ojos grises.

Aquella mirada intensa.

Aquella forma extraña de observar a las personas.

Como si pudiera ver cosas que los demás no veían.

—Estás distraída.

La voz de Clara Bennett la sacó de sus pensamientos.

—¿Tan evidente es?

—Mucho.

La bibliotecaria acomodó varios libros.

—Blackwood suele producir ese efecto.

—¿Qué efecto?

—Hace que la gente piense demasiado.

Elara sonrió.

Pero algo en aquella frase quedó rondando en su cabeza.

---

Cuando salió de la biblioteca ya había anochecido.

La lluvia había empeorado.

El viento agitaba las ramas de los árboles.

Las sombras parecían más largas.

Más oscuras.

Más amenazantes.

Mientras caminaba hacia la residencia, escuchó una conversación.

Dos estudiantes.

Un chico y una chica.

Hablaban en voz baja.

Muy baja.

Pero alcanzó a escuchar una palabra.

Una sola.

—Amelia.

Elara se quedó inmóvil.

Su corazón dio un salto.

Los estudiantes no la habían visto.

Se escondió detrás de una columna.

Intentando escuchar.

—Te dije que no hables de eso.

Susurró el chico.

—Han pasado años.

—No importa.




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