Ecos

12. Lo que no encaja

El salón estaba lleno.

Demasiado lleno.

O eso pensó Lía al entrar.

Había algo extraño en la distribución. No en las personas, sino en la sensación.

Como si algo faltara… pero nadie lo notara.

Se sentó lentamente en su lugar, observando.

Contó.

Uno.

Dos.

Tres.

Filas normales.

Todo parecía correcto.

Y aun así…

no lo era.

—¿Qué tanto ves? —preguntó Mara, dejando su mochila.

—Nada… —respondió Lía—. Bueno… no sé.

—Eso no ayuda mucho.

Lía dudó.

—¿No sientes que… falta alguien?

Mara frunció el ceño.

—No.

—¿Estás segura?

—Sí —respondió con seguridad—. Está todo normal.

Lía apretó los labios.

Normal.

Esa palabra ya no significaba nada.

La clase comenzó.

El profesor pasó lista.

Nombre tras nombre.

Todo correcto.

Hasta que—

Una pausa.

Breve.

Casi imperceptible.

Pero Lía la notó.

El profesor frunció ligeramente el ceño… como si hubiera olvidado algo.

Luego continuó.

Como si nada.

El corazón de Lía empezó a latir más rápido.

—¿Viste eso? —susurró.

—¿Qué cosa? —preguntó Mara.

—El profesor… se detuvo.

—Solo estaba pensando.

—No —negó Lía—. Fue diferente.

Pero Mara ya no estaba prestando atención.

Durante el descanso, Lía caminó por el pasillo.

Miraba a todos.

Buscando.

Algo.

Alguien.

Y entonces—

Un casillero.

Abierto.

Vacío.

Pero con una etiqueta.

Sin nombre.

Solo… un espacio donde debería haber uno.

Lía se acercó lentamente.

Pasó sus dedos por la superficie.

—Aquí… había alguien —susurró.

Lo sabía.

Lo sentía.

Pero no podía recordar quién.

Un dolor leve apareció en su cabeza.

Como presión.

Como si algo estuviera empujando sus pensamientos.

—No… —cerró los ojos.

Intentó recordar.

Un rostro.

Una voz.

Algo.

Pero cuanto más lo intentaba…

más se desvanecía.

—Lía.

Abrió los ojos.

Kael estaba detrás de ella.

Más serio que nunca.

—¿Ya lo notaste? —preguntó.

Lía lo miró, con el corazón acelerado.

—Alguien… falta.

Kael asintió lentamente.

—Sí.

—¿Quién era?

Silencio.

—Eso es lo que ya no puedes saber.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—¿Los Ecos… hacen esto?

Kael no respondió de inmediato.

Pero su mirada lo decía todo.

Y en ese momento, Lía entendió algo aterrador:

No solo estaban cambiando cosas.

Estaban borrando personas.




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