Ecos de un Corazón en Silencio

Capítulo 15

Conversaciones que empiezan a abrirse

Los primeros días en la mansión Vance fueron extraños, todo era demasiado grande, demasiado silencioso por las noches me quedaba mirando el techo alto de mi habitación, abrazando la almohada que aún conservaba un poco del olor del suavizante de casa.
Una noche, después de mi segundo día de clases, bajé a la cocina a buscar un vaso de agua, Aurelio estaba allí, sentado en la isla de mármol con una taza de té y unos documentos, llevaba una camisa blanca con las mangas arremangadas se veía cansado, pero al verme levantó la vista.
—¿No puedes dormir? —preguntó con voz baja.
Negué con la cabeza y me senté frente a él. El silencio entre nosotros ya no era tan incómodo como antes.
—Hoy fue mi segundo día completo en Westminster Academy —dije, jugando con el borde del vaso—. Conocí a algunas personas amables. Lila, una chica de aquí que es muy alegre, Sophie que es tranquila y pregunta mucho y Theo, que le gusta la música, ellos… me aceptaron aunque no entienden todo de mí.
Aurelio asintió lentamente, escuchando de verdad.
—Me alegra oír eso. ¿Y las clases? ¿Cómo te fue?
Sonreí un poquito, a pesar de todo.
—Bien, en Literatura leímos un poema de Wordsworth y la maestra me pidió que lo analizara, dije que hablaba de la memoria y la naturaleza como refugio en tiempos difíciles. Ella se sorprendió y dijo que tenía una lectura muy madura para mi edad, en Matemáticas resolví los ejercicios de álgebra más rápido que los demás, la profesora me miró y me preguntó si ya había visto el tema antes, en Música nos pusieron frente al piano y tuve que tocar una pieza sencilla, capté la melodía rápido y la maestra dijo que tengo buen oído y en Historia también fue bien… hablamos de la Revolución Industrial y pude explicar cómo afectó a las familias normales.
Aurelio me miró con algo parecido a orgullo, aunque intentó disimularlo.
—Eres muy inteligente, Amara eso lo heredaste de tu madre.
Sentí un nudo en la garganta al oír mencionar a mamá.
—No estabas estos días —dije bajito, sin acusarlo, solo preguntando—Cuando llegué, cuando empecé las clases… no te vi mucho.
Él dejó la taza de té y se pasó una mano por la cara, ño primera vez habló con una honestidad que no esperaba.
—Trabajo, Amara siempre trabajo Vance Aurum tiene una exposición importante de joyería la próxima semana y Vance CyberShield está cerrando un contrato grande con un banco aquí en Londres, pero… no es solo eso. —Hizo una pausa larga—Estos días he estado intentando encontrar la forma correcta de acercarme a ti no quiero presionarte, sé que todo esto es nuevo y doloroso.
No soy bueno con las palabras emocionales, nunca lo fui, pero estoy aquí y quiero estar más presente.
Lo miré no había frialdad en sus ojos esta vez solo cansancio y algo que parecía arrepentimiento real.
—¿Por qué te fuiste hace quince años? —pregunté suavemente— Mamá nunca me lo explicó bien solo decía que te fuiste.
Aurelio se quedó callado un momento miró hacia la ventana oscura del jardín.
—Fue por mi padre. Reginald, el era… un hombre complicado muy poderoso y muy oscuro, cuando tu mamá me dijo que estaba embarazada, yo estaba feliz de verdad quería una vida diferente, pero mi padre me puso entre la espada y la pared me hizo elegir entre quedarme con ustedes o protegerlas de las sombras que él traía y elegí alejarme pensando que era lo mejor, fue un error uno muy grande y lo he cargado todos estos años.
No dijo más no me contó los detalles oscuros, pero sentí que era sincero y por primera vez no lo vi solo como el hombre rico y frío que apareció en el funeral sino que vi a alguien que también cargaba dolor.
—No sé si puedo perdonarte todavía —dije honestamente
—Pero… gracias por contarme algo.
Él asintió.
—Es un comienzo.
Esa noche, antes de dormir, hablé con E.S. mientras estaba acostada en la cama enorme.
—Hoy fue un poco mejor, Aurelio habló más, pero todavía extraño tanto a mamá y a tía Laura…
La presencia tibia llegó suave, como una caricia en el corazón:
“Estoy orgulloso de ti por abrirte un poco, Amara el perdón no siempre llega rápido, pero yo estoy trabajando en los corazones, incluso en los que parecen más duros.”
Al día siguiente, el tercer día de clases, todo fluyó un poco mejor.
En Literatura, la maestra nos pidió analizar un fragmento de “Orgullo y Prejuicio”,levanté la mano y expliqué cómo Austen usaba el orgullo como máscara del miedo al rechazo la maestra sonrió y dijo: “Excelente análisis, Amara tienes una sensibilidad muy fina para la literatura”.
En Matemáticas, resolví los problemas de ecuaciones cuadráticas en pocos minutos la profesora, la señora Ellis, se acercó a mi pupitre y murmuró: “Eres muy rápida, ¿Quieres que te dé ejercicios más avanzados la próxima clase?”
Asentí me gustaba sentir que al menos en las clases podía ser yo misma.
En Música, la maestra nos puso frente al piano de cola del salón, me tocó tocar una pieza sencilla de Bach mis dedos recordaron rápido la melodía y agregué un poco de expresión la maestra levantó las cejas. “Tienes talento natural ¿Has tomado clases antes?” Le dije que solo había tocado en la iglesia ella sonrió y me anotó para el grupo de música avanzada.
En Historia, hablamos de la reina Victoria, pude conectar cómo su reinado afectó a las familias comunes, y la maestra me felicitó por la profundidad de mis comentarios.
Durante todo el día, cuando sentía el peso del cambio —el acento diferente, el frío constante, las miradas de Victoria y su grupo—, E.S. estaba allí.
En un momento, mientras caminaba por el pasillo hacia la cafetería, sentí esa calidez conocida y escuché en mi mente:
“Eres luz aquí también, Amara, no necesitas ser como los demás solo sé quien Yo te hice.”
Sonreí un poquito para mis adentros. Lila, Sophie y Theo me esperaban en la mesa de siempre me senté con ellos y por primera vez conté un poco sobre mi vida en Florida no todo, pero sí lo suficiente para que se rieran cuando les hablé de las arepas de tía Laura.
Victoria pasó cerca y murmuró “la rara que habla sola otra vez”, pero esta vez no me dolió tanto tenía a E.S. conmigo y empezaba a tener amigos nuevos.
Al final del día, cuando el chofer me llevó de regreso a la mansión, sentí algo diferente, no felicidad todavía, pero sí una pequeña paz.
Estaba lejos de casa.
Estaba en un lugar nuevo y extraño.
Pero no estaba sola.
Y eso, por ahora, era suficiente para seguir un día más.




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