El amor en los tiempos del internet

Capítulo 9: Récord

El siguiente día que pasé en el campo no tuvo mucho movimiento. Mi padre no me levantó temprano para que cortara el pasto, quizá porque se había apiadado de mi estado o quizá simplemente se había olvidado. Porque a lo que se abocaron después fue en retar a Julieta por no haberles contado que había tenido novio. Me sentí un poco culpable por eso, pero pienso que sus padres tenían que enterarse, el chabón era un loco impredecible.

En fin, nos quitaron la playstation porque estaban enojados con los dos. Sin internet y sin videojuegos, qué emoción. Tenía mi carpeta de historia para estudiar, pero estaba muy adolorido como para hacerlo.

Noelia, la esposa de mi padre, se mostró humanitaria conmigo por primera vez y me convidó uno de sus preciados antiinflamatorios que jamás me había querido dar antes cuando me dolía la cabeza. Pero gracias a esa pastilla  sobreviví el resto del fin de semana aquel.

El domingo, mi padre sí me despertó temprano, aunque tampoco demasiado, para llevarme a la ciudad. Al parecer estaba ansioso por deshacerse de mí, y no lo culpo, yo también quería irme cuanto antes de esa casa.

***

Cuando llegamos a mi hogar en la ciudad, mi madre se espantó al verme tan golpeado, y eso que ya estaba mucho mejor que el primer día.

—Inició una pelea en un boliche –le contó mi padre—, ahora tiene la entrada vetada.

—Defendí a Julieta –lo corregí entre dientes.

—Porque no estuviste junto a ella para cuidarla –remató mi padre, y después de eso y de intercambiar algunas palabras más con mi madre que ya no quise escuchar, se retiró.

—Tenés mucho que contarme –me inquirió mi madre levantando una ceja, mientras se acercaba hacia mí con intenciones de retarme.

Yo suspiré y le conté mi verdad, es decir, la verdad, y que mi padre estaba siendo injusto. Por suerte, ella me entendió y me abrazó con delicadeza.

—El próximo fin de semana no quiero que vayas con tu padre –declaró—, te quedarás conmigo y con Darío.

Darío era su novio y futuro padre de mi futuro hermano, no tenía idea si quería pasar tiempo con esos dos, pero hacía bastante que no me quedaba un fin de semana en la ciudad, quizá pudiera hacer algo con mis amigos al fin.

—Ok –le respondí encogiéndome de hombros.

Varias veces antes había querido quedarme en la ciudad y ninguno de mis dos progenitores me lo había permitido. Supongo que en el fondo me alegré de al fin poder quedarme. Lo único malo era que no volvería a ver a Maca pronto y no tenía su número para hablarle. De todas formas, no sabía sobre qué hablar con ella, pero suponía que las personas que se besaban debían mantener cierto contacto, ¿verdad?

Después de desayunar y charlar con mi madre de diversos temas, me comentó que lo sentía pero que ella no había pensado que yo llegaría tan temprano el domingo y que ya había hecho planes de ir a almorzar con la familia de Darío. Me invitó pero yo no quería ir, no iba a presentarme como el hijo todo golpeado ante desconocidos. Además, tampoco tenía ganas de conocer gente nueva. Ella comprendió y me dejó dinero para que pidiera una pizza o algo así para almorzar.

De modo que me quedé solo el domingo, nada mal, quizás era lo que necesitaba. Un poco de paz. Beto estaba durmiendo en mi cama cuando llegué a mi pieza, y ¡hasta él me miró sorprendido!

—Sí, ya sé –le respondí—, me veo horrible, no me digas nada.

Mi gato simplemente me escuchó y después volvió a dormir. No podía juzgarme, ¡él también solía llegar todo lastimado de sus peleas nocturnas con otros gatos!

De inmediato fui a mi computadora para jugar Magnus, el juego de rol. ¡Al fin volvía a tener internet! Había sido un largo fin de semana en el campo.

Ninguno de mis amigos estaba conectado, ¡pero Lutina sí! Qué alegría volver a verla, o sea, volver a ver a su personaje virtual.

—¡Curanderito! –me escribió apenas le hablé—. ¡Qué onda, güey! Qué milagro tenerte por aquí tan temprano un domingo.

—Sí –le respondí—, parece que incomodé a mi familia del campo y me devolvieron antes a la civilización.

Chévere –me escribió—, deberías incomodarlos más seguido. ¡Muy pronto comenzarán mis vacaciones de verano!

—¿De verano? Pero estamos en junio.

—¡Claro! ¿Cuándo es que es verano allá en tu planeta?

—Pues en diciembre –le contesté como si fuera lo más obvio del mundo. ¡Pero claro! ¡Ella se encontraba en el hemisferio norte!

Conversamos un poco sobre lo diferentes y extraños que eran nuestros calendarios escolares. El de ella terminaba en junio, y retomaba el año siguiente a fines de agosto. ¡Qué raro!

—Definitivamente somos de planetas diferentes —comentó ella risueña.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar