El amor en los tiempos del internet

Capítulo 17: System error

—¿Qué dijiste? –me preguntó Maca. No se veía enfadada, solo muy extrañada de lo que acababa de escuchar salir de mi boca.

Yo no supe qué responderle. "¿Te amo, Guada?", ¿en serio? ¿En serio le había dicho eso a Maca? ¡Maldito alcohol! Por algo yo sabía que no había que tomarlo.

—Tengo que ir al baño. –Fue lo único que se me ocurrió responderle y me alejé de ella para encerrarme en el tocador de la casa de Victoria.

Me senté en el inodoro y me sujeté la cabeza con ambas manos. Esto no estaba bien. Para nada bien, ¿cómo le explicaba a Maca quién era Guada? ¿Qué hacía? ¿Qué podía hacer ahora? La puta madre. ¿Qué otra salida me quedaba? ¿Cuánto tiempo podría permanecer en el baño sin levantar sospechas?

Tomé mi celular para saber qué hora era y ¡oh sorpresa! ¡Tenía mensajes de Guada! Al parecer en la casa de Victoria mi celular había logrado captar un poco de señal.

—¡Que te diviertas mucho en tu fiesta de cumpleaños, curanderito de 16 años! –me había escrito.

Y entonces no sé por qué, probablemente por el alcohol que tenia en el sistema, pero no pude contenerme: 

—Guada –le escribí y aguardé a que me respondiera mientras me despeinaba nervioso, en serio esperaba que estuviera conectada. Quizá ya era hora de dejar de dar tantas vueltas y comenzar a confesar, empezar a ir de frente. En el momento me pareció que era lo correcto y todo lo que quería hacer.

—¡Lean! –me escribió ella milagrosamente unos segundos después—. ¡Me dejaste plantada esperando que me hablaras ayer!

—Sí, lo siento, también me decepcioné, pero descubrí que no llega la señal a la casa de mi padre –le expliqué y de inmediato le cambié de tema—. Guada, ¿qué dirías si, no sé, yo, por ejemplo, te dijera que estoy enamorado de vos?

No lo pensé, solo lo escribí y lo envié. Algo que no hubiera hecho si no me encontrara tan asustado y tan ebrio. Al menos no le confesé directamente que había pronunciado en voz alta, involuntariamente, que la amaba, en el peor escenario posible: delante de Maca, mientras nos besábamos.

Los minutos que tardó en contestar me volvieron loco, se me hicieron una eternidad. Estaba viviendo una pesadilla encerrado en ese baño de aquella casa llena de música y alcohol.

—No sé jajaja –me respondió después de un tiempo—, te diría que estás demente.

—¿Demente? –Yo no estaba loco, era una persona tranquila que siempre había estado en sus cabales, ¡el amor me estaba volviendo loco!

—¡Claro! –me escribió—. ¿Cómo vas a enamorarte de alguien que está tan lejos?

—Pues tengo miedo de estarme volviendo un poco demente –le confesé.

—¿Por qué? –me preguntó ella después de unos segundos.

Y entonces comencé a contarle a Guada que estaba asustado. Ella era mi confidente y por ende no estaba mal que le contara esto que le había estado ocultando por tanto tiempo. Le confesé sin filtros, muy probablemente por culpa del alcohol, que solía pensar en ella bastante seguido. No sabía si eso estaba bien o mal, ni siquiera sabía si era algo normal. Pero le dije que me solía pasar mientras besaba a Maca, solía pensar por escasos segundos que la estaba besando a ella. Estaba confundido y necesitaba contárselo.

Una vez que terminé, releí ese largo párrafo que había escrito varias veces y lo rehíce otras varias más. Estaba a punto de desistir de contarle todo ese lío, cuando de repente unos golpes en la puerta del baño me sobresaltaron y apreté la tecla de enviar sin querer.

—¡Lean! ¿Estás bien? –Era Maca, que me lo preguntaba preocupada.

—¡Sí! –le respondí—. ¡Ya voy!

No. No estaba para nada bien. Estaba en el medio de una crisis sentimental.

—Wow –me respondió al fin Guadalupe, después de varios minutos que fueron una agonía para mí—. Ya leí.

—Sucede que estás mucho en mi mente, dejá de usar tan seguido tus hechizos mentales en mí, maguita –bromeé, intentando aliviar la tensión. Ella me envió unos emojis riéndose.

—¿Te cuento un secreto? –me escribió—. Tú también estás en mi mente durante mi vida diaria, no sabía que los curanderos podían hacer ese tipo de hechizos mentales.

Mi corazón palpitó más rápido de lo normal, animado por la alegría de leer eso, no solo no era el único demente en todo esto, sino que ¡ella pensaba en mí!

—Te quiero mucho –le confesé sin siquiera pensarlo. Mis dedos escribieron esas palabras sin mi autorización consciente. Pero era cierto, la quería mucho—. De hecho, creo que te amo.

De nuevo pasaron varios segundos interminables hasta que ella volviera a contestarme.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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