El amor en los tiempos del internet

Capítulo 22: Lenguaje

Llegó el viernes y todavía no había noticias de Beto. ¡Lo extrañaba muchísimo! Mi casa se sentía tan vacía sin él…

Yo ya me estaba recuperando de mi gripe, aunque no del todo, pero ya había retomado las clases y el trabajo. En la escuela, había rendido los exámenes que tenía atrasados, en los cuales dudaba que me hubiera ido muy bien.

La buena noticia, fue que después, en el trabajo, ¡me ascendieron a mozo! ¡Qué copado! Ya no tendría que tocar platos sucios. Mi deber, de ahora en más, consistía en atender a los clientes, por lo que ahora sí podría tener algunos tiempos libres mientras ellos comían. ¡Y además me dejarían propinas!

Les conté la buena noticia a Guada y a Maca. Esta última me felicitó y manifestó su emoción por que nos veríamos el sábado y podríamos festejar juntos mi ascenso.

Guada, por su parte, también me felicitó, y me contó que este fin de semana se iría con sus amigos de viaje a la playa. Su familia tenía una cabaña allí. Por supuesto, que dentro del grupo de amigos con el que viajaría, se encontraba Gus.

Me lo comentaba para avisarme que ahora sería ella quien no tendría internet durante el fin de semana.

De inmediato volvieron a invadirme los celos al pensar en que Gus tendría todo un fin de semana en la playa para disfrutar con ella. ¡Qué molesto que era sentirlos! ¡Qué molesto que era no poder expresarlos! ¡Un tremendo bajón!

¿Y yo? ¿Qué iba a hacer yo en mi fin de semana? ¿Terminar con Maca? O quizás podría empezar a disfrutar de la vida como me había aconsejado Bruno… ¿Por qué no? ¿Por qué seguir sintiendo cosas tan profundas por Guada si ella se iba a la playa con Gus todo el fin de semana?

—¿Y qué se siente ser mesero? –me preguntó Guada, quitándome de mis pensamientos, y como todavía nadie me llamaba, le contesté y comenzamos una conversación.

—Nada mal –le respondí—, está bastante piola, es mucho más relajado que estar en la cocina lavando lo que ensucian los cocineros y los clientes.

—Ah, piola, sí, ¿y sabes que la playa está bastante cuerda? Y el colegio bastante hilo

Tuve que esforzarme por no reírme en público y comencé a explicarle a Guada que piola o re piola era una expresión argentina que significaba cool.

—O en tu idioma, chévere –le expliqué.

La maga me envió emojis riendo.

—Ya veo, siempre es bueno conocer más palabras de tu cultura. ¿Y ahora qué haces? ¿No deberías estar trabajando, curanderito?

—Eso hago. Por ahora solo estoy atendiendo a una mina comiendo una lasaña de verduras.

—¿Una mina? –Guada se rió otra vez—. ¡Aguas con pisarla! ¡No vaya a ser que explote!

—Nooo –le respondí y también me reí y de inmediato miré a mi alrededor. Se suponía que yo debía estar atento a las solicitudes de los clientes y no quería que me vieran riéndome solo—. Una mina es una mujer.

—¿Y cómo es el hombre? ¿Un mino? –me preguntó la maga, seguido de varias risas.

—No, no –le expliqué—, un hombre es un tipo.

—¿Y un pibe qué es?

—Un pibe o piba es alguien joven, un tipo o una mina es un adulto. –Me reí para mis adentros mientras explicaba eso. Era interesante cómo palabras que sonaban tan comunes para mí podían no serlo para otra persona que también hablara español.

—Ohh yo pensaba que una mina era una adolescente.

Dudé antes de responderle. Había escuchado usar ese término en adolescentes también, aunque quizá mayormente en adultas. El español era un lenguaje tan extraño y variado.

—Quizás depende del contexto –le respondí.

—¡Oye! ¡Hagamos nuestro diccionario de argentinismos—mexicanismos—leanguadismos!

—¿Leanguadismos? –pregunté, y de nuevo tuve que esforzarme por no reírme.

La maga estaba escribiendo, pero no pude esperar su respuesta pues nuevos clientes entraron al restaurante y me tocaba a mí guardar el celular y atenderlos.

Una vez que les tomé su pedido y lo llevé a la cocina, pude leer lo que Guada me había escrito:

—¡Leanguadismos son palabras nuestras y solo nuestras! Como “agrandepalarse”, lo contrario a achicopalarse; “subidón”, lo contrario a bajón. Y yo le agregaría “re cuerda”, en vez de “re piola”.

Me reí por su ocurrencia.

—De acuerdo, juguemos a ser lingüistas –le propuse—. ¡Hagamos el diccionario! Pensá en otras palabras mexicanas que se te ocurran y yo mientras pienso en otras palabras argentinas para agregar.

—Órale, ahorita me pongo a pensar –me respondió—. ¡Y después lo vendemos en internet! ¡Nos haremos millonarios! Y podemos usar el dinero para pagarnos unos pasajes y poder vernos en persona.

Me reí enternurizado por la inocencia con la que sentí que había escrito aquellas palabras.

—Será una mina de oro nuestro diccionario —comenté.

La verdad fue que divertí ese viernes en el trabajo, fue bastante relajado, porque no vinieron muchos clientes más, y a la vez fue divertido armar un diccionario con la maga. Nos reímos mucho mientras pensábamos y nos mencionábamos palabras regionales de cada uno de nuestros países. Le prometí que cuando volviera a casa y tuviera tiempo lo pasaría en limpio en un archivo de word.

***

Cuando llegué a mi hogar, Guada ya se habría ido a la playa y no tendría señal, porque mis mensajes no le llegaban.

No quería hacerlo, no quería sentirlo, pero comencé a extrañarla desde que nos despedimos en el restaurante donde trabajo. ¿Por qué sentía todo esto? ¡Qué bronca no poder controlarlo!

Mi padre vendría a buscarme más tarde, por lo que dediqué mis últimas horas en la ciudad a pasar en limpio las palabras que habíamos recolectado con la maga para nuestro diccionario.

Una vez que terminé de hacer eso y de darle una estructura al diccionario, lo guardé como “Diccionario de Leanguadismos”, y se lo envié a Guada. Por supuesto que ella no lo recibiría hasta que volviera de la playa. Le pedí que me dijera qué le parecía y que se sintiera libre de agregar o cambiar lo que quisiera.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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