El amor es para idiotas

Capítulo 3 En busca de otro mundo

— ¡Ara por favor! Abre esa puerta... — Una hora después mi tío y mi padrastro aun seguían tratando de que saliera de la habitación, pero no podía.No podía salir y contarles que estaba embarazada de un tipo que me había usado, que me había engañado y luego me había dejado tirada como si fuese un simple juguete viejo.

Además estaba llorando y yo nunca lloraba, al menos no en público. Aaralyn Carpenter era reconocida por su fuerte carácter, no por ser una niña llorica y ridícula como era en esos momentos. Solo tres veces me había dejado ver llorar en público.

La primera, cuando era una niña pequeña. Jugaba por el jardín de la mansión de mi padre y me tropecé, caí al suelo y me lastimé la rodilla. En realidad no fue nada, apenas un simple raspón. Aun así comencé a llorar por alguna extraña razón. Fue ese día que mi padre me dio mi primera lección de vida.

Landon Carpenter se acercó a mí y después de revisarme para asegurarse de que estaba bien, me dijo lo siguiente:

"Ara, hija, no tienes nada. No llores por cosas sin importancia, no tienes ni idea de cuantas personas están en una situación mucho peor que en la que estas tú ahora, ¿y qué hacen? ¿Se quedan ahí tirados llorando? No. Ellos se levantan, se aguantan las ganas de llorar y siguen como si nada hubiese pasado, siendo así cada vez más y más fuertes. Se fuerte Aaralyn."

Desde aquel día no había vuelto a llorar jamás, al menos no en público. Hasta que me dieron la noticia de la muerte de mi padre. Aguanté todo lo que pude, pero finalmente mis sentimientos me ganaron y no pude evitar llorar... Me sentí tan débil...

Y la tercera vez fue aquella mañana, cuando el amor de mi vida me partió el corazón de la manera más rastrera que alguien pudiese imaginar.

— ¿Ara? —La voz de mi madre. — ¿Hija qué pasa? — Acababa de llegar a casa.

— Se acabó... Ya lloré lo suficiente. Hasta aquí llegué. — Tomé aire, aparté las lágrimas de mi rostro con decisión, me levanté del suelo y me dispuse a abrir la puerta.

— Ara... No hace falta que abras. Solo queremos saber que estas bien, es solo eso. — Me detuve. No quería abrir la puerta, no todavía. No me sentía preparada. — ¿Estás bien cielo? — Volví a tomar aire y le respondí a mi madre.

— Todo bien mamá. — La voz de mi madre no se hizo esperar.

— Está bien cielo. Sal cuando quieras. Estaremos aquí para apoyarte si nos quieres decir lo que pasa. Si no, bueno, también te apoyaremos. — Mi madre siempre tan amable.

Pasaron unos diez minutos, por fin estaba lista para salir y contarles lo sucedido a todos, al fin y al cabo iban a terminar por enterarse.

— Hola. — Dije al salir de la habitación. Había cuatro personas en el salón. Mi madre, su marido, mi tío y mi hermano menor.

— Hola cielo. ¿Todo bien? — Yo suspiré.

— No. Tengo que deciros algo. — Todos se miraron entre ellos esperando lo peor.

— ¿Qué pasó? ¿Tiene que ver con Ethan? — James parecía sumamente molesto.

— Sí.

— ¿Ese imbécil egocéntrico te hizo algo? — Me preguntó el macarra, o sea, mi hermano menor.

— Yo... — Suspiré de nuevo. No sabía muy bien cómo iba a decírselo. Me di ánimos a mí misma, yo jamás había sido ninguna cobarde.

 

—Está bien Ara, sea lo que sea lo afrontaremos como una familia.—La mirada bondadosa y amable de Luke me daba ánimos.

—Bien. Bueno... Estoy embarazada...

—¡Qué!—Exclamaron todos al unísono.

—Supongo que es de Ethan... ¡No me digas que ese tipo no se quiere hacer responsable!—James estaba furioso.

—Eso no puede ser James. Los chicos van a casarse. ¿Cierto?—Pobre mamá... Nunca había sido una gran fan de Ethan, pero siempre apoyó nuestro amor por eso, porque era amor.

—No mamá, no nos vamos a casar. Ethan me dejó.—Le respondí con la mirada clavada en la ventana.

—¡¿Pero por qué?! –Exclamó Luke.

—Él te ama...

—Mamá. El nunca sintió nada por mí. Solo le interesaba mi dinero y ya no tengo nada. ¿Recuerdas?

—Eso no puede ser cierto cariño...

—Claro que sí. Por eso siempre me opuse a vuestra relación. Es uno de esos niños ricos y superficiales. Tu padre era demasiado ingenuo y se creyó por completo la historia de que estaba profundamente enamorado de ti. Igual que tú. Al final eres igual a mi difunto hermano. Y mira ahora lo que ha pasado... ¡Pues tiene que hacerse responsable!

—James...

—¡No madre! James tiene razón. Era más que obvio que ese tipejo no era bueno. —Intervino Aiden. —¿Qué vas hacer ahora hermana?

—No lo sé.—Respondí con toda sinceridad.



Sybil Reed

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En el texto hay: amor, drama y romance

Editado: 15.08.2018

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