La fiesta estaba en su punto máximo, pero Taehyung estaba a punto de colapsar. No podía dar un paso sin que un primo o un tío lo apartara para llevarse a Hoseok a otra esquina del salón.
—¡Oye, Tae, déjanos hablar con él un segundo! —decía uno de sus primos, arrastrando a Hobi para que les contara más historias de España.
Taehyung se quedó parado en medio del salón, con una copa de champaña en la mano y la cara de pocos amigos más épica de la historia. Estaba acostumbrado a que la gente le tuviera miedo, pero no a que lo ignoraran por culpa de su novio.
Sin embargo, lo que más sorprendió a todos fue lo que pasó en el rincón más alejado de la terraza. Allí estaba Minho, el sobrino pequeño de la familia, un niño de unos siete años que era idéntico a Taehyung: serio, callado y que no le dirigía la palabra a nadie. Ni siquiera sus propios padres lograban que sonriera.
Hoseok, notando al pequeño sentado solo con un libro, se escabulló de los primos y se sentó en el suelo frente a él, sin importarle su traje caro.
—Ese libro se ve muy interesante —dijo Hobi con esa voz suave que derretía glaciares—. ¿Es de dragones o de espías?
Minho lo miró con esos ojos gélidos de los Kim, pero Hobi no retrocedió. Empezó a hacer unos trucos de magia sencillos con una moneda y a contarle una historia graciosa de cuando Jimin se quedó encerrado en un armario.
Cinco minutos después, la familia entera se quedó en silencio. Taehyung caminó hacia la terraza para ver qué pasaba y se detuvo en seco: Minho se estaba riendo a carcajadas mientras Hoseok le hacía cosquillas y le explicaba cómo ser un "mafioso amable".
—No puede ser... —susurró el padre de Minho—. Ese niño no ha sonreído en dos años.
Taehyung sintió un calor extraño en el pecho. Ver a Hoseok ganándose incluso al más difícil de los pequeños Kim lo hizo darse cuenta de que Hobi no solo era su pareja, sino el corazón que su familia tanto necesitaba.
—Es un don —dijo la madre de Tae, apareciendo detrás de él—. Hoseok no conquista territorios con armas, Taehyung. Los conquista con el alma. Por eso lo elegiste.
Taehyung finalmente sonrió, una sonrisa real y orgullosa. Caminó hacia ellos, cargó al pequeño Minho en sus hombros y tomó la mano de Hoseok para levantarlo del suelo.
—Está bien, ya fue suficiente de compartir —dijo Tae mirando a su familia con autoridad pero con brillo en los ojos—. Hoseok es mío, Minho es mi sobrino favorito ahora todos ustedes pueden volver a sus tragos