El Cáliz ( libro uno)

CAPITULO DIECISÉIS: LA PROPUESTA

En la tienda de Amelia, ella se retiró a buscar unos nuevos productos que llegarían al puerto de embarcaciones. Unas plantas exóticas no sé de dónde las encargo. Había encontrado mi vocación, ayudar a la gente gracias a nuestros productos admitíamos paz y bienestar saludable en seres mágicos y personas comunes. Mi tía quería abrir otra sucursal conmigo al mando.

Venecia, en Grecia siempre hablaba por Facebook o instagram. Mandaba fotos y maravillada con un “belisimo” como decía italiano.

Sara en su universo de fantasía contiguo a Rafael. Uriel constantemente visitaba la tienda con Javier. Desde el viaje de Venecia frecuentaba a Javier.

Sonó mi celular. Deje los frascos de vidrios que etiquetaba en la estantería y atendí

-Hola

-Hola mi amor ¿cómo estás?

-Bien mi cielo ¿vos?

-Bien acá con unos estúpidos papeles, ubicándolos en cualquier lado apropósito en la oficina de mi padre.

- No seas rebelde Javier-hable con voz decidida- ya dentro de poco encontrare un conjuro para deshacer la iniciación oscura. No provoques a tu padre.

-No me regañes que te extraño y te amo mucho.

- No te hagas el tierno, sabes que tengo razón. Las aguas están relajadas, no las provoques por favor.

-Yo tengo una idea para iniciarme en el aquelarre blanco.

-¿Sí?-mi rostro se ilumino-¿cuál?

-Tengo que decírtelo personalmente amor. Porque vos formas parte de mi propósito.

-Vos y tus planes, me asustan.

- Qué poca fe que poseo en mi novia-dijo bromeando-

- Tus planes siempre son locos y nunca terminan bien o te recuerdo la fiesta de mi cumpleaños.

-Seguís con eso salvia, ya te pedí perdón mil veces.

-Está bien, no te repito ese acontecimiento.

-Bueno amor, esta noche te espero en la cascada así te hablo de mi plan.

-Está bien, no salgas con alguna tontera.

-Te amo

-Te amo

Corte la llamada. Mi padre entro en la tienda con varias cajas que ubico con pesar casi se le cayeron de sus manos. Camine a su ayuda. Acomode las cajas a un lado.

-Buen día papá-bese su mejilla-

-Hoja día hija- estiro su espalda-

-¿Cómo amaneciste?

-Un poco dolorido, por afuera los brujos parecemos jóvenes pero la edad pesa- apretó mi mejilla delicadamente-

-Estas re joven, no digas tonterías.

Comencé a sacar los productos de las cajas etiquetando y hechizando cada frasco. La campanilla sonó, mi reacción al ver quien pasaba por esa puerta, casi se me resbala el frasco de crema. Gertrudis. Mi padre quedo inmóvil en el Gertrudis se acercó a él, ella radiante.

-Hola Areu ¿podríamos hablar a solas?

-Discúlpame Gertrudis pero lo que tengas que decir, puedes decirlo tranquilamente delante de mi hija.

Ella me observo con desprecio, a ese acto mi padre se enfureció.

-Areu solamente quería invitarte a una reunión que se dará a cabo hoy a la noche en el aquelarre oscuro. Una fiesta por tu vuelta.

-Te agradezco, no podría asistir. No sé si recuerdas que jamás me inicie en el aquelarre oscuro. Solamente lo llevo en la sangre pero no pertenezco a ningún aquelarre.

-Areu-sin inhibición masajeo su mejilla-

-Gertrudis, por favor ten un poco de respeto-quito sus manos de el-

-Salvia ¿por qué no te marchas? –Dijo ella enojada-

-Salvia te quedas. No sos nadie para mandar a mi hija a ningún lado. No tenes cara, vete.

-Areu simplemente le estoy pidiendo que se marche de verdad necesito hablar a solas.

-Papá si queres me voy-interrumpí su conversación-

-No hija, la que se tiene que ir es ella.

-Como quieras pero se trata de algo muy importante-bramo Gertrudis-

-Primero era mi supuesta fiesta ¿qué vas a inventar cuando estemos solos?

-Areu yo quiero decirte algunas cosas en privado.

-Gertrudis lo diré sin rodeos. Después de tantos años quiero pedirte disculpas por no decirte mis verdaderos sentimientos hacia Calíope. No debí abandonarte sin ninguna explicación. Perdóname.

Ella se impresiono por las palabras de mi padre. Se mantuvieron la mirada y ella con apatía y desánimo abandono la tienda dando un portazo.

Continúe acomodando los frascos y luego de un rato expuse mi opinión.

-Creo que no le agrado mi presencia y que le pidas perdón.

-Salvia las personas reacias son las más lastimadas. Ella siempre conoció oscuridad, se impresiono ante la palabra “perdóname”.

A la tarde me dirigí a la biblioteca, a unas cuadras de la tienda. Había un sector especial para brujos. Trate de buscar en libros todo tipo de conjuros para sacar la oscuridad en Javier.

Llegaba la noche y yo cansada y afligida porque no encontraba ninguna evocación.

Mire mi reloj las nueve de la noche, embebida la tarde completa en la biblioteca derrochando el tiempo.

Sonó mi celular, Javier me llamaba.

-Hola mi cielo hermoso

-Hola mi reina ¿Dónde estás?

-Caminando para despejar un poco la mente-mentí no quería desilusionarlo-

- Te espero en nuestro lugar-determino cortante-



J.A.PRIMUS

#13553 en Fantasía
#2818 en Magia

En el texto hay: amor juvenil, magia

Editado: 02.06.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar