El color de los Dulces

1. "Café"

Daniel buscaba algo con sus manos al lado de la mesa. Lisa por querer saber que era se asomó y encontró un maletín que al parecer no podía encontrar.

Por supuesto que no iba a ayudarlo, pero se sentía curiosa de lo que había adentro, así que no apartó su miraba esperando a que lo tomara.

—¿Necesitas algo Daniel?— preguntaba de vuelta el maestro Phillip.

—El maletín debería estar aquí— respondió Daniel mientras seguía buscando.

El señor Phillip entendió lo que buscaba y le pasó el maletín que estaba al lado.

Daniel sonrió a su maestro agradeciéndole y esperando que haya estado frente a él cuando hizo su gesto.

Lisa miraba como su compañero de mesa deslizaba sus manos por el maletín ubicando su forma para acomodarla y luego abrirla.

Miró una máquina extraña. Como una para escribir, pero con muy pocas teclas.

Cuando el señor Phillip comenzó a dar la clase logró que Lisa mantuviera sus pensamientos lejos del niño raro.

Comenzaba a aburrirse, así que como distracción empezó a dibujar estrellas en el borde de sus pantalones cortos como hacía comúnmente. Ella disfrutaba de hacer eso, de dibujar, pero el problema eran sus papás. Dicen que debería de estudiar y no preocuparse por tonterías. Estaba a punto de pasar a quinto grado y para ella eso no era nada especial, pero debía obedecer.

Recordaba la primera vez que entró a esta escuela, ese día tuvo su primera pelea. Claro que no fue un buen comienzo y ahora la mayoría de los niños tenían miedo de hacerla enojar.

Quiso disculparse, pero no podía, no le gustaba mentir y realmente no sentía ganas de pedir perdón. Además de que su tío le dijo que debería hacer las cosas como quisiera y se sentiría bien. Así que ese era su comportamiento. Las cosas a su manera al parecer son las correctas.

El señor Phillip le decía todo lo contrario y de una manera diferente. Le hablaba con paciencia y eso a Lisa le hacía sentir cómoda, ella solo le hacía caso al señor Phillip aunque eso implicara desobedecer a sus padres. Pero el señor Phillip no es malo, era la única persona que Lisa conoció que la trataba diferente... hasta ahora.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir algo cálido ponerse sobre su mano.

Se volteó para ver que era y miró la mano de Daniel sobre la suya. Alzo la vista hacia él y pudo darse cuenta de su rostro.

Tenía piel blanca, cabello castaño y ondulado, labios delgados y una pequeña nariz.

Lo más impresionante eran sus ojos. Eran de un color azul rey, pero en lugar de una pupila negra como todos, el de él era color blanco.

Cualquiera diría que era muy lindo, pero Lisa lo miraba aún como un raro, ahora tenía la excusa de que no podía ver y esos inusuales (y debía admitir lindos) ojos.

A Daniel le había tomado tiempo encontrar la mano de su compañera de al lado, pero cuando la tomó se sintió más seguro al saber que alguien estaba con él.

—¿Como te llamas?— preguntó girando ligeramente su cabeza hacia ella.

—¿Que te importa?— respondió Lisa quitando su mano.

Daniel acercó su mano hacia ella tomándola suavemente del brazo.

—¿Puedo llamarte Iris?

Lisa no respondió, pero tampoco apartó la mano de Daniel de su brazo.

"Tal vez si lo ignoro piense que estoy muerta" pensó Lisa.

Pero Daniel no se rindió, sabía que lo escuchaba.

Soltó su brazo y metió su mano dentro del bolsillo de su pantalón sacando una envoltura.

Daniel no tenía permitido comer dulces como todo niño, pero había veces en las que su mamá hacía una excepción.

Pero a Daniel no le gustaban los dulces. Los amaba. Porque a través de los dulces podía sentir de una manera diferente lo que no podía ver.

Daniel estiró su brazo con el envoltorio frente a su nueva amiga "Iris".

—¿Me lo abres?— preguntó.

—No.

El niño le iba a suplicar pero una voz mayor no lo dejó hablar.

—Daniel—lo llamó el maestro. —No está permitido comer en clase, te pediré que guardes tu dulce. Podrás sacarlo en tu recreo.

Daniel se sintió avergonzado por el sermón por las risas de los demás niños. Inmediatamente guardó el envoltorio donde lo tenía antes y continuó escuchando a su maestro.

De seguro se preguntarán ¿para qué es la máquina que Daniel está tecleando?

Eso mismo se preguntaron los niños que estaban en su misma clase. Por lo que al momento de sonar el timbre todos se acercaron curiosos. Hacían varias preguntas y lo examinaban curiosos y sonriendo.

Daniel se sintió feliz al tener tanta atención ¡y apenas era su primer día de clase!. Aunque no los miraba, él se encontraba seguro de que estaban riendo. Ya se estaba imaginando la cantidad de amigos que haría y la diferencia de esta escuela con la antigua, nunca había hablado con más de tres personas sin haber sido burlado.

Sonriendo explicó que era una máquina para escribir en braille. Una clase de escritura que se puede leer con sus dedos. Consta con pequeños puntos en un papel que van formando palabras.

Lisa, en cambio, no se quedó para escuchar la explicación, ella quería ir a su descanso y no perdería el tiempo.

Pero antes de cruzar la puerta se detuvo un momento para ver a Daniel y su máquina "perforadora", como ella le había llamado.

Aunque al ver la escena se sintió confundida al ver como, en lugar de que sus compañeros se interesaran en el raro objeto, hacían caras y burlas frente a Daniel sabiendo que este no los veía.

Aunque debió haber esperado que eso sucediera. Daniel era raro y distinto a los demás, no pertenecía ahí. Claro que todos harían lo posible para molestarlo y darle a entender eso.

Pero Lisa no estaba segura querer involucrarse aun sabiendo lo divertido que sería.

Una de las niñas tomó a Daniel del brazo dándole una mirada fúrica a los niños que lo molestaban.

Lisa salió de ahí. Ella ya estaba considerando unirse a los niños para molestar a Daniel también, más le hizo una promesa al maestro Phillip, y él ha sido tan bueno con ella que no quería que eso se echara a perder.



Sel

Editado: 17.05.2020

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