Los golpes contra la puerta resonaron una vez más.
—¡Abran en nombre del rey!
Elara sintió cómo el miedo se apoderaba de cada rincón de su cuerpo.
Su abuela permaneció inmóvil durante unos segundos, observando las llamas de la chimenea como si buscara una respuesta en ellas.
Los golpes volvieron a sonar.
Más fuertes.
Más impacientes.
La madera crujió.
—Abuela... —susurró Elara.
La anciana se puso de pie.
Por primera vez en muchos años, su expresión tranquila desapareció por completo.
—Escúchame con atención —dijo.
—¿Qué está pasando?
—No tenemos tiempo.
Otro golpe.
La puerta estuvo a punto de ceder.
—¿Encontraron mi magia?
—No lo sé.
—Entonces...
—Elara.
La firmeza de su voz hizo que la joven guardara silencio.
La anciana caminó hacia una vieja estantería ubicada en un rincón de la casa.
Retiró varios libros.
Luego presionó una piedra escondida en la pared.
Un mecanismo antiguo se activó.
La estantería comenzó a desplazarse lentamente.
Detrás apareció un estrecho pasadizo de piedra.
Elara abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué es eso?
—Una salida secreta.
—¿Desde cuándo tenemos una salida secreta?
—Desde hace más de treinta años.
La joven sintió que cada respuesta generaba diez preguntas nuevas.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
—Porque esperaba no tener que usarla jamás.
La puerta principal volvió a estremecerse.
Esta vez escucharon claramente el sonido de la madera rompiéndose.
Los soldados estaban entrando.
—Debes marcharte.
—¿Qué?
—Ahora.
Elara negó con la cabeza.
—No voy a dejarte aquí.
—No es una petición.
—¡No!
La anciana tomó ambas manos entre las suyas.
Sus ojos grises se llenaron de una tristeza infinita.
—Escúchame bien. Lo que voy a decirte puede salvar tu vida.
Elara tragó saliva.
—Ve al Bosque Prohibido.
La joven parpadeó.
—¿Qué?
—Allí encontrarás unas ruinas antiguas.
—Nadie entra en ese bosque.
—Precisamente por eso debes hacerlo.
—Abuela...
—Tu madre me pidió que te llevara allí cuando llegara el momento.
Elara sintió un escalofrío.
—¿Mi madre sabía que esto ocurriría?
—Sabía que algún día te buscarían.
Otro estruendo.
La puerta finalmente cedió.
Escucharon voces dentro de la casa.
Los soldados habían entrado.
La anciana empujó suavemente a su nieta hacia el pasadizo.
—Corre.
—Pero...
—Corre.
Los ojos de ambas se encontraron.
Y por primera vez, Elara comprendió que aquello era una despedida.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.
—Te encontraré.
Su abuela sonrió.
Una sonrisa triste.
Hermosa.
—Lo sé.
Entonces cerró el pasadizo.
Y la oscuridad envolvió a Elara.
~~~~~~
Corrió.
Corrió durante minutos que parecieron horas.
El estrecho túnel descendía bajo la tierra.
Las paredes estaban cubiertas de raíces antiguas.
El aire era húmedo y frío.
Pero ella apenas lo notaba.
Solo podía pensar en una cosa.
Su abuela.
Las lágrimas descendían por sus mejillas mientras avanzaba.
Finalmente vio una luz.
La salida.
Emergió entre unos arbustos a cientos de metros de la aldea.
La noche cubría el bosque.
La luna brillaba entre las ramas.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Escuchando.
Esperando.
Nada.
Solo el viento.
Solo el bosque.
Y un dolor creciente en su pecho.
Entonces vio algo.
A lo lejos.
Una columna de humo elevándose hacia el cielo.
Desde Ravenwood.
Su hogar.
Elara sintió que el corazón se le rompía.
No sabía qué estaba ocurriendo.
No sabía si su abuela estaba bien.
No sabía si volvería a verla.
Pero sabía una cosa.
Ya no podía regresar.
Los soldados la estarían buscando.
Y permanecer allí significaba morir.
Secó sus lágrimas.
Apretó los puños.
Y comenzó a caminar hacia el norte.
Hacia el Bosque Prohibido.
~~~~~~
Las historias sobre aquel lugar existían desde antes de que ella naciera.
Los ancianos aseguraban que estaba maldito.
Los cazadores evitaban acercarse.
Incluso los animales parecían mantenerse alejados.
Decían que antiguas criaturas habitaban entre sus árboles.
Decían que las ruinas de una civilización perdida permanecían ocultas bajo la vegetación.
Decían muchas cosas.
Pero nadie sabía la verdad.
Porque nadie regresaba para contarla.
Elara caminó durante horas.
La noche avanzaba.
El bosque se volvía cada vez más oscuro.
Los árboles parecían más altos.
Más antiguos.
Más vivos.
En cierto momento tuvo la sensación de que la observaban.
Se detuvo.
Giró sobre sí misma.
Nada.
Solo sombras.
—Estoy imaginando cosas —murmuró.
Continuó avanzando.
Sin embargo, aquella sensación no desapareció.
Al contrario.
Se hizo más fuerte.
Como si algo la estuviera guiando.
Como si el propio bosque conociera su nombre.
~~~~~
El amanecer comenzaba a teñir el horizonte cuando encontró las ruinas.
O más bien, cuando las ruinas la encontraron a ella.
Porque aparecieron de repente.
Ocultas entre enormes árboles cubiertos de musgo.
Elara quedó inmóvil.
Eran inmensas.
Columnas derruidas.
Escalinatas partidas.
Arcos de piedra decorados con símbolos desconocidos.
Todo cubierto por siglos de abandono.
Parecía un lugar olvidado por el tiempo.
Y aun así...
Algo en él resultaba familiar.
Extrañamente familiar.
Como si hubiera estado allí antes.
Aunque sabía que era imposible.