El Crimen Que Nos Une

La Persecución

-¿Cómo era tu mami? -la inocente voz de Tommy me despierta de mi trance.

Estoy parada enfrente de la ventana de mi habitación. El sol hace contacto con mi piel provocando que sienta un calor muy reconfortante sobre ésta, desde lo lejos el cielo amenaza con unas nubes tan grises y juntas que indican que no falta mucho para los días lluviosos. Dejo que el viento sople sobre mi, y la ropa se pega a mi cuerpo, el cabello vuela discretamente e intento disfrutar éste pequeño momento. En mis manos sostengo una fotografía de mi madre que miro fijamente y me pierdo en ella; veo su rostro delgado y fino, su piel blanca y deslumbrante, su cabello castaño que con los rayos del sol se ve rojo, ese cabello lacio que se mantiene largo, una sonrisa tan brillante y grande que muestra sus perlas blancas, sus mejillas que se levantan, unos ojos que se hacen pequeños al sonreír y que miran fijamente a la cámara.

-Era hermosa -respondo a la pregunta de Tommy.

Mi mamá, a diferencia de mi, no tiene los ojos verdes claros, ella los tenía cafés claros que dejan ver su pupila. Tampoco mi tía Elena los tiene verdes, creo que nadie de la familia que conozco los tiene de ese color. Desde pequeña tuve la idea de que era idéntica a mi mamá, pero siempre juzgaba mis ojos con los de ella, llegué a suponer que mis ojos verdes se deben a mi padre ( él cual nunca conocí y no sé como luzca). Me dejo de importar hace mucho tiempo.

-¿Tú crees que mi mami era hermoso como la tuya? -pregunta Tommy.

Despego mis ojos de la fotografía y doy media vuelta para ver a Tommy. Él está sentado sobre mi cama observándome. Me acercó y me siento en la orilla de la cama.

-Creo que tu mami era igual de hermosa como tú -digo sonriendo.- Eres muy lindo.

Tommy sonríe tímidamente mientras que sus mejillas adoptan un color rosado.

Tommy y yo tenemos algo en común: ninguno de los dos conoció a su madre ni a su padre. Los dos somos huérfanos, la diferencia es que él es un niño abandonado y yo tuve la fortuna de tener a mi tía Elena desde el principio. Él tardó en conseguir una familia (mi tía Elena y yo) y la mayoría del tiempo las calles fueron su hogar.

Hoy, 13 de Junio del 2017, se cumple un año más desde la muerte de mi madre. Y como todos los años, hoy iremos al cementerio a visitar la tumba de mi madre.

Ésta mañana antes de despertar dije entre sueños "mamá", Tommy lo escuchó y lo confirmó. Es algo que pasa siempre el mismo día a la misma hora, no sé por qué, pero cuando despierto no recuerdo lo que dije o lo que soñé.

Mi puerta se mantiene abierta pero aún así cuando aparece mi tía Elena, ella la toca con los nudillos y llama mi atención.

-Buenos días -nos saluda con una sonrisa.- ¿Podrías ir a comprar las flores hoy, cariño?

-Claro -digo sonriendo.

-Gracias, querida. Te dejaré el dinero en el comedor -me avisa.- Y saldré a las 7 de la noche, a esa hora nos veremos aquí para ir al cementerio.

-Está bien, tía -sonrío.

-Bien. Adiós, te cuidas, y te quiero mucho.

-Y yo a ti -digo para que finalmente se marche.

Se escucha desde la cocina que mi tía Elena recoge sus llaves.

Volteo a ver a Tommy. Él juega con un peluche de oso mío.

-¿Quieres acompañarme? -le pregunto.

Levanta su pequeña cabeza al escuchar mi pregunta, y lentamente se le dibuja una sonrisa en su rostro.

-¡Si! -responde emocionado.

Nos preparamos para salir de la casa, resultó algo difícil, tuvimos que esperar a que se fueran las patrullas para poder sacar a Tommy. En cuanto se fueron los oficiales, nos dispusimos a apurarnos e irnos en mi bicicleta al centro de la ciudad. Cruzamos entre el tráfico de autos que había a unas cuadras del centro, la bicicleta facilitó la llegada. Decidí que antes de ir a comprar las flores, pasaremos por una tienda para comprar una golosina a Tommy. Dejé aparcada mi bicicleta en la orilla de la banqueta enfrente de la primera tienda que encontré. Tommy fue el primero en entrar casi corriendo, yo caminé atrás de él.

Tommy no tardó en pensar lo que quería y sus manitas fueron directamente hacia las galletas de vainilla que se aferró a ellas. Le pregunté si quería algo más, él negó con la cabeza como repuesta. Había una larga fila de personas esperando a pagar los productos que escogieron, sin perder tiempo nos formamos al final, dejé que Tommy se quedará enfrente de mi, y lo agarré por detrás de los hombros.

Me perdí en mis propios pensamientos sin prestarle atención al presente, pero esa calma se acabó cuando sentí de nueva esa sensación de estar siendo observada. Esos ojos clavándose en mi y provocando un agujero en mi sentido de confianza. Con el miedo en todos mis músculos, gire discretamente mi cabeza al lugar donde sentía la mirada, a travesando el vidrio de la tienda que dejaba una vista del exterior, ahí estaban esos ojos, un vehículo de color negro se encontraba estacionado a un metro de distancia de mi bicicleta, las ventanas estaban oscuras impidiendo ver el interior, sin embargo, sabía que ahí había alguien mirándome fijamente. Puede ser mi paranoica mente dañada pero aquello que sentí era como...



Juana Laura L. M.

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En el texto hay: crimen, juvenil, misterio

Editado: 27.07.2018

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