El deseo que nunca esperé

El Examen

Se intentó incorporar, pero me quejé como una niña pequeña y pasé una pierna encima de las suyas para que no se moviera.

Se quedó quieto, pero luego de unos segundos en los que casi me duermo, puso su temblorosa mano izquierda libre sobre mi cintura. Yo abrí los ojos y le sonreí. Él tomó mi barbilla y, levantándome como si no pesara nada, me puso sobre él. Empezó a besarme suavemente, tan tierno que sentía que estaba en el paraíso.

Debajo de mí, sentí su creciente erección y sonreí sin dejar de besarlo, mi borrachera se despejó un poco. Puse mi rodilla derecha a la altura de su cintura y me coloqué de manera que quedaba apoyada sobre su miembro.

Fue como apretar un interruptor, Arnoldo contuvo un ronquido grave en el fondo de su garganta, me mordió el labio sensualmente y se incorporó, haciendo que ambos quedáramos sentados. Sus manos recorrían mi espalda desnuda. Las mías buscaban sacar su traje. Primero desabrochando los botones de su chaqueta azul, luego los botones de la camisa que se hicieron eternos. Recorría su espalda, ancha y fuerte, con manos ansiosas.

Se separó de mí, vi su sensual boca con labios hinchados antes de que me quitara mi top.

-Bonito bikini-dijo en mi cuello mientras me estremecía.

-Me obligó a ponérmelo, Fabi-dije intentando taparlo con la mano.

-Gracias Fabi-dijo él mordiendo mi hombro suavemente.

Con su mano izquierda soltó el lazo de la espalda y con la derecha, el del cuello.

Sujeté como pude la pieza metiendo mis manos delante de su torso.

-¿Quieres que pare?-preguntó preocupado, y algo desilusionado.

-No-respondí dudosa.

-¿Segura?-preguntó mirándome a los ojos.

-Generalmente no hago esto- dije nerviosa-. No soy virgen, pero tampoco soy de rollos de una noche...

Sentía que mi voz se apagaba de la vergüenza, no podía mirarle a la cara y mis mejillas quemaban.

-A mí me parece que eres del tipo de chica que es tranquila y vale la pena conocer... ¿Y si mañana vamos a almorzar?-me preguntó sonriendo y levantando mi barbilla.

Me reí de los nervios y lo volví a besar.

-¿Eso es un sí?-preguntó divertido.

-Eres realmente, el hombre perfecto.

Me abracé a él, y besé su cuello. Primero suavemente con mis labios, pero luego, continué lamiendo y chupando sensualmente la piel de su cuello y hombro derecho.

Arnoldo soltó otro gruñido sexy y levantó mi cadera para sacarme la falda y la parte inferior del bikini juntos. Solté su cinturón y gemí de disgusto cuando no pude sacar su pantalón.

Se rió de mi reacción, y me levantó de la cadera para sentarme a un lado, mientras él se incorporaba y se quitaba: los zapatos, los calcetines, el pantalón y su bóxer.
Mientras, yo me senté e incorporé mi pierna izquierda para soltar la zapatilla.

-Eres hermosa-dijo sentándose a mi lado, susurrando en mi oído mientras besaba tiernamente mi mejilla.

Me arrancó el otro zapato, y me tumbó de manera que yo quedaba extendida en el lado derecho de la cama, Arnoldo, sobre su lado derecho acariciaba la piel entre mis pechos mientras me besaba. Solté un quejido cuando ignoró mis pechos y solté otro cuando, recorriendo mi abdomen, llegó a la zona entre mis piernas y empezó a acariciarme una y otra vez.

Subí mi pierna para quitarme el calcetín largo.

-No te los quites, me excita verte con esas medias largas-dijo incorporándose y recorriendo mi cuello.

Siguió subiendo de nivel, hasta volverme loca, incluso con mis sentidos mermados por el alcohol...

Ambos estábamos cansados y sudados. Quedó agotado sobre su espalda y yo me levanté de la cama para limpiarme.

Me arrepentí de hacerlo, me sentía una furcia aún ebria. Me lavé la cara y me quité el resto de maquillaje. Intenté consumir el tiempo pero era inútil, mi ropa estaba fuera del baño, por el suelo de la habitación.

-¿Ahora te portas tímida?-preguntó soltando una carcajada.

Él parecía escultura perfecta, con las piernas cruzadas y las manos bajo su cuello. Era demasiado sexy, así, perfectamente cómodo con su desnudez y una sonrisa irresistible.

Me sonrojé cuando me di cuenta que casi babeaba mirando su abdomen con cuadritos, sus bíceps y tríceps perfectamente marcados en esa posición de brazos...

-¡Vamos! Ya te vi desnuda-dijo riendo y palmeando la cama a su lado-. Tal vez necesitas otro trago.

Sonreí avergonzada, sentía que ardía la cara, pero aún así fui hacia la cama, donde me acurruqué y oculté mi cara contra su pecho.

-Eres hermosa-dijo hablando contra mi cabello y abrazándome por la cintura.

Estábamos cansados y nos quedamos dormidos en poco tiempo, luego de que Arnoldo extendió una manta sobre nosotros...

...............................

Me desperté, pero no sabía que hora era. Estaba sudando por el calor de la manta, así que intenté separarme un poco.

Me costó mucho salir de los brazos de Arnoldo, pesaba una barbaridad aunque su sueño también era pesado y sólo soltó un leve ronquido al moverse.



Ensoñaciones

Editado: 10.02.2019

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