El Desfile Macabro 0.5

Capítulo 19: Ocultos

Hace cinco meses...

***Steiner***

Terminé mi turno de día. Había trabajado desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Había estado haciendo investigaciones no tan profundas, a como solía hacer en ese tiempo de trabajo.

Estaba en mi oficina, sentado en el escritorio frente a la computadora. Ese día había ayudado a descubrir el paradero de un ladrón de una panadería y había interceptado varias llamadas de algunos traficantes de drogas menores en las calles. Estaba satisfecho con mi trabajo, había sido muy productivo. Apagué la computadora. Estaba caminando para salir del edificio, cuando un compañero me paró.

—Hay una nueva misión para ti —dijo.

—Una... ¿de día, o una de noche? —pregunté interesado.

Había una enorme diferencia entre ambas.

—Una de noche —dijo sonriendo.

—Ven —dije regresando a la oficina. Cerré la puerta con llave tras nosotros.

—Mira —dijo él abriendo su computadora portátil. En ella estaba toda la información del caso.

Los agentes especiales de la policía de la Ciudad Onírica teníamos un secreto. Estábamos bajo las alas del gobierno, pero por más que estuviéramos del lado "bueno", nosotros le poníamos nuestro propio toque.

El nuevo caso hablaba sobre un club nocturno donde supuestamente se iría a reunir gente relacionada con algo llamado la "Deep web". Era de suma importancia lograr mezclarnos entre el entorno para así poder sacar información de extrema importancia.

—Así que... ¿estás conmigo? —preguntó Vincent.

—Claro que sí. Nos vemos en el Bar Somnífero a las doce en punto —dije emocionado.

Salí de la oficina rápidamente. Manejé hacia mi apartamento. Siempre tenía mucho cuidado al observar a mis alrededores, para ver si había alguien siguiéndome. Esta vez no había nadie.

Llegué treinta minutos después y abrí la puerta. Mi apartamento era simple, ordenado, limpio y acogedor al mismo tiempo. Me gustaba tener todo en orden, me daba una sensación de seguridad interesante.

Vivía sólo. Mi trabajo no me dejaría tener una esposa o hijos. Aparte, no quería nada de eso por el momento. Quería dedicar mi vida a lo que hacía para ganar dinero, quería seguir en lo mío sin interrupción alguna. Hacía lo posible por ayudar a las personas de la Ciudad Onírica a mí manera, y con autorización de los que mandaban.

¿Qué más se podría pedir? Caminé hacia mi cama. Me quité la corbata y me desabroché los botones de mi camisa. Me quité los zapatos y me lancé en las almohadas. Encendí la televisión. Pronto me quedé dormido, la noche anterior no había dormido nada por el trabajo; esta noche tampoco lo haría.

Desperté aproximadamente a las diez de la noche. Estaba muy cansado, pero tendría que levantarme, así como siempre lo hacía. Caminé hacia la ducha. Me bañé con agua caliente, observaba el vapor rodearme lentamente, lo respiraba, su densidad también me calmaba.

Salí de la ducha y me sequé. Me empecé a vestir con ropa de fiesta. Una camisa negra de botones y un jean. Tomé mi pistola y la guardé. Tenía treinta y cinco años. Me veía joven todavía, pero elegante y con cara seria cuando lo deseara.

Salí de mi casa y pasé por Vincent a la suya. Ambos fuimos al Bar Somnífero. Desde el parqueo se podía escuchar el tipo de música característico de ese lugar todas las noches. Era una música disco industrial electro oscura, algo definitivamente original... aunque estar ahí mareaba a las personas.

Concluí que por eso el nombre del bar. Era enorme y muchísimos jóvenes iban ahí todos los días. Caminamos hacia la entrada, había una fila de aproximadamente diez personas. Pagamos y entramos. El humo era intenso, la música atúrdente y el movimiento de todas las personas sofocante.

Había luces de todos los colores, además de algunas luces blancas que parpadeaban intermitentemente extremadamente rápido, haciendo que sintiera un ligero mareo. Había algunas chicas muy borrachas que se movían como trapos al ser empujadas por el resto de la gente que estaba bailando, había gente sin pantalones o camisas.

Olía a alcohol por doquier. Me acerqué a Vincent.

—¿Qué es exactamente lo que buscamos? —pregunté gritando a su oído.

Él señaló hacia arriba. Había un cuarto con suelo y paredes transparentes. Ahí había varios sillones negros y dos tubos, con dos mujeres semi desnudas bailando. Llegamos hacia las gradas para poder subir ahí. Era evidente que no podríamos, así como así. Un enorme guardia nos paró.

—¿Hacia dónde van? ¿Quién los invitó? —preguntó.

Nos quedamos en silencio. Había un joven caminando detrás de nosotros, él iba a subir.

—Están conmigo —dijo sonriendo —. Vamos.

Vincent y yo nos quedamos confundidos un segundo, pero lo seguimos igual. Las escaleras eran largas hasta el segundo piso, después había un largo pasillo negro y después dos puertas rojas. Una hacia el cuarto transparente, la otra era el baño.

El joven y nosotros no intercambiamos ni una sola palabra de camino. Entramos al gran cuarto. Lo que veía era interesante. Había cuatro sillones grandes. Había uno con una señora rubia, de avanzada edad. En el segundo había un señor con un copete en su cabello, de color café claro. Él era muy elegante, tenía un traje puesto.

El tercero estaba en una esquina donde casi no llegaba la luz. En él había una chica cuya cara no podía ver en absoluto. Lo único que podía ver de ella era su colorido vestido... algo que no calzaba en absoluto con el lugar en el que se encontraba. El cuarto estaba vacío. El joven era el dueño de este. Nos invitó a sentarnos junto a él.

Se podía ver los cientos de personas bailando agitadamente bajo nosotros, aparte del DJ justo en frente, al otro extremo de la disco. Él sirvió vodka con una gaseosa de naranja para nosotros, algo que no me pareció muy serio que digamos. Igualmente la aceptamos. Las dos chicas no paraban de bailar sensualmente en los tubos.



AlejandroMurillo

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En el texto hay: secuestro, terror, amor

Editado: 16.07.2020

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