El Despertar: La Herencia De La Luz

Capítulo 16: El Peso de la Inmortalidad

El sabor del beso de Evelyn seguía en mis labios, pero el calor que había dejado en mi pecho comenzó a transformarse en una presión gélida. Mientras caminaba por el pasillo central de la iglesia hacia la salida, cada paso que daba me recordaba la densidad de mis huesos y la pesadez de mi disfraz humano.

Me detuve frente a la gran puerta de roble, con la mano en el picaporte. Miré hacia atrás por encima del hombro. Evelyn estaba arrodillada, una pequeña figura bañada por el resplandor de las velas. En ese momento, mi visión celestial se filtró a través de mis ojos mortales y vi lo que tanto había intentado ignorar: su línea de tiempo.

Para un ángel, la vida de un humano no es una película, es un destello. Vi su nacimiento, sus risas de niña, y vi, con una claridad que me desgarró, el final de su hilo. Vi que, en el mejor de los casos, a ella le quedaban unas pocas décadas; a mí, me quedaban eones.

—Este es el verdadero castigo —susurré para el aire viciado de la iglesia—. No es el exilio, ni el barro. Es la aritmética del tiempo.

Sentí el peso de la inmortalidad como una losa de mármol sobre mis hombros. Amarla significaba condenarme a verla marchitarse como una de las flores que ella tanto cuidaba. Significaría sostener su mano mientras el tiempo le robaba el aliento, mientras yo seguiría luciendo exactamente como hoy, con la misma piel tersa y la misma energía inagotable.

El amor humano es un acto de valentía suicida porque siempre termina en una despedida. Nosotros, los de mi clase, no fuimos diseñados para despedirnos; fuimos creados para el "siempre".

—¿Vale la pena? —me pregunté, mientras el susurro de las tinieblas afuera se volvía más estridente, burlándose de mi dilema.

"Mírala, Daniel", siseó una voz desde las sombras que intentaban colarse por debajo de la puerta. "Ella es solo un suspiro en la tormenta. En un parpadeo para ti, será polvo. Déjala que se apague ahora. Evítate el dolor de verla envejecer mientras tú permaneces joven y solo".

Apreté el picaporte con tanta fuerza que la madera crujió. La lógica de las sombras era impecable, pero carecía de la verdad que Evelyn me había enseñado en el hospital. Ella me había dicho que la belleza de la vida reside en su brevedad. Que un diamante es valioso porque es raro, y un instante es precioso porque no se repite.

—Prefiero un siglo de despedidas contigo que una eternidad de silencios sin ti —respondí al vacío.

Abrí las puertas de par en par. El viento negro de la ciudad me golpeó con la fuerza de un huracán, intentando empujarme hacia atrás, hacia la seguridad del templo. Pero ya no tenía miedo de las sombras, ni del tiempo. Si mi destino era ser un testigo eterno, entonces sería el testigo de su luz, sin importar cuán breve fuera el destello.

Salí al atrio, y mientras la oscuridad rodeaba los muros sagrados, sentí que mi espalda ardía de nuevo. Esta vez no era dolor de caída, era el fuego de la protección. El peso de mi inmortalidad ya no era una carga; se había convertido en el escudo que usaría para asegurar que el tiempo de Evelyn fuera, al menos, un tiempo de paz.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.