Epilogo
El Reflejo en el Agua
Dos años después…
Cozumel ya no era un proyecto en un papel, sino un ecosistema vivo. Me encontraba en la terraza de la "Suite Isabella", la habitación más exclusiva del hotel, la cual yo misma había diseñado con texturas de lino, piedras volcánicas y maderas recuperadas. El hotel ISVO Cozumel acababa de recibir su tercera estrella de sostenibilidad y el premio al mejor diseño arquitectónico del año a nivel internacional.
Sentí unos pasos firmes detrás de mí. No necesité voltear para saber quién era; su aroma a cedro y mar siempre me encontraba primero.
—Liam por fin se durmió —susurró Erick, rodeando mi cintura con una delicadeza extrema y apoyando la barbilla en mi hombro—. Ivana dice que es un guerrero, no paró de correr por el muelle en todo el día.
Erick bajó sus manos y las posó con una ternura infinita sobre mi vientre, que ya empezaba a curvarse orgullosamente bajo mi vestido de seda. Esta vez no había angustia, ni huidas, ni sangre en el barro. Solo había paz y la dulce expectativa de la niña que venía en camino.
—Esta pequeña va a ser más tranquila, lo presiento —dije, entrelazando mis dedos con los de él sobre mi tripa.
—Ojalá —rio Erick levemente—. Porque si hereda el carácter de su madre y de su tía Ivana, voy a tener que construir otra ala en el hotel solo para sus travesuras.
Nos quedamos en silencio un momento, disfrutando de la brisa. La constructora Allen, ahora bajo el mando absoluto de Erick y libre de la sombra de su padre, acababa de firmar un contrato para reconstruir escuelas en zonas rurales de Venezuela. Era nuestra forma de devolverle algo de luz al lugar donde ambos casi la perdemos.
—Tu padre está en el lobby —comentó Erick—. Está discutiendo con el gerente porque dice que el servicio de conserjería debería ser más rápido. Algunas cosas nunca cambian.
Sonreí. Nicholas Brown seguía siendo el "sargento", pero ahora pasaba más tiempo malcriando a Liam que revisando balances financieros. Incluso Milena y él habían encontrado un nuevo equilibrio, viajando juntos y redescubriendo su matrimonio después de que ella le pusiera los puntos sobre las íes en Caracas.
Miré hacia la playa. A lo lejos, vi a Alexa organizando una cena privada frente al mar. Se veía radiante. Había reconstruido su vida pieza por pieza y su agencia de eventos era ahora la más cotizada de Boston. Sergio seguía en su tratamiento, manteniendo una distancia respetuosa que nos permitía a todos respirar sin miedo.
—¿En qué piensas? —me preguntó Erick, dándome un beso suave en el cuello.
—En que este segundo embarazo se siente como el verdadero inicio —respondí, mirándome en el gran ventanal—. Aquella vez en la selva fue supervivencia. Esto... esto es plenitud.
—Valió la pena cada batalla, Isa —sentenció él con firmeza—. No hay estructura en el mundo que me importe más que la que tenemos nosotros tres, pronto cuatro.
Erick sacó de su bolsillo el primer boceto que hicimos juntos, aquel papel arrugado y manchado de café de nuestra primera reunión, ahora protegido en una funda de piel.
—Lo guardo para no olvidar nunca que el mejor diseño que hemos hecho no es este hotel, ni nuestras empresas —dijo Erick, mirándome con una devoción que aún me aceleraba el pulso—. Es esta familia que construimos sobre la verdad.
El sol terminó de ocultarse, dejando paso a un cielo estrellado que parecía bendecir nuestro refugio. Ya no había deudas, ni enemigos, ni sombras. Solo quedaba el sonido rítmico del Caribe y la certeza de que, mientras estuviéramos juntos, nuestra obra maestra nunca dejaría de crecer.
La diseñadora y el arquitecto finalmente habían terminado el plano más difícil: el de su propia felicidad.