El Engaño © [saga Italianos #1]

Capitulo 14

César

Flasback.

— esperó que todo salga bien con la visita a tu padre — Lana sonrió y recostó su cabeza en el respaldo del asiento — es incómodo el cinturón por mi gran panza.

— pero no debes quitártelo — ella suspiró y dirigió su mirada a las calles, nos quedamos en un silencio cómodo.

Música suave sonaba en el estéreo, el auto se deslizaba lentamente por las calles.

— ¡César détente! — la miré preocupado.

— ¿estás bien? — me miró muy excitada.

— ¡es ella César! — dirigí mi mirada hacia la mujer que avanzaba despacio por la calle, el frío era intenso, ella daba pasos cortos, tanto lo que le permitía el frío y el bolso de viaje.

— ¿Quién es ella? — el auto iba más lento.

— la chica que vivía conmigo en la casa de acogida, te conté, recuerdalo — detuve el auto, la chica se hizo hacia atrás su ceño estaba fruncido.

— ¿estás bien? — Lana me miró,abrió la puerta — no temas, no te haré daño — abrió su abrigo y le mostró que estaba embarazada — mi nombre es Lana — me miró y por su rostro me di cuenta que la chica no la había reconocido.

Extendió su mano y soltó un jadeó.

— estás congelada, sube al auto. Él es mi prometido Cesar, no te haremos daño.

Bajé  del auto, ambos nos miramos, ella entre abrió los labios y en su mirada había apreciación, no me di cuenta que también me había quedado contemplandola, cuando reaccione Lana me miraba... ella había notado.

— mi nombre es César, no temas que no deseamos hacerte ningún daño, Lana te vio y creo por que estas embarazada como ella, desea ayudarte. Si gustas podemos llevarte, danos la dirección — mi voz sonó segura, Lana estaba en silencio contemplandonos.

La chica bajo la mirada.

— no tengo donde ir — susurró.

— ven, podemos llevarte a un hotel, pagaremos está noche y luego hablaremos de que haremos, no sé puedo ofrecerte  trabajo en casa, en este momento vamos fuera de la ciudad —  de reojo miré a Lana, ella sonreía.

— gracias, soy una total extraña y se han detenido a ayudarme.

Lana se quitó su abrigo.

— pontelo, estas congelada, puedes ir al frente del auto para que te calientes.

— pero usted está embarazada y necesita calor — Lana negó y siguió extendiendo el abrigo.

— yo estoy caliente, quítate el tuyo y lo pondremos atrás.

La chica se lo pusó y cerró los ojos cuando cerró el abrigo.

— mi nombre es Xilonem — se presentó mientras yo tomaba su bolso de viaje, no la miré a los ojos me diriji al maletero a guardar su bolso.

Lana subió al auto en la parte de atrás y se acomodó, Xilonem se subió enfrente, puso su cinturón de seguridad.

— ¿has comido Xilonem? — Lana era una chica muy atenta.

— si — desvió la mirada y me pregunté si decía la verdad.

— bien, Cesar, llevanos a un hotel, ahí te instalaremos Xilonem mientras regresamos.

Xilonem miró a Lana y le preguntó.

— ¿por qué me ayuda?

Mi mirada se encontró con la de Lana por el retrovisor.

— somos mujeres y también vengo de una condición humilde, pero me fui superando con la ayuda de una señora a quién conoci, así que siento que también debo hacer lo mismo contigo.

Frunci el ceño por que no le había mencionado que se conocían de niñas. Lana me ignoró.

— gracias — Xilonem agradeció, mientras Lana tomaba el abrigo de la chica y se lo colocaba, cerró los ojos mientras se cruzaba de brazos.

El auto arrancó, a los minutos Xilonem estaba dormida. Obviamente estaba cansada, miré a Lana por el retrovisor.

— ¿por qué no le has dicho que la conoces de niña?

— lo haré cuando lleguemos al hotel y haya comido, entonces le diré que yo era aquella chica escuálida y de cabello corto como de hombre a la que seguía a todas partes y que le prometí que la cuidaría siempre cuando lloraba al sentirse sola.

Hubo un silencio.

— te gustó Xilonem —  negué y nuestras miradas se encontraron.

— sabes que te conozco César, de hecho fue mutuo, por un momento me sentí como una intrusa por que ambos se vieron como si estaban en una burbuja.

— amor estas delirando —  Lana soltó una suave carcajada.

— cielo, se que me amas como yo a ti, pero no puedes negar que Xilonem causó en ti un gran impacto. La electricidad nos rodeó.

No respondí y continúe conduciendo en silencio... ¿podía mentirle? Ella me conocía mejor que nadie y no podía negar que está chica me impactó. Algo extraño por que no me consideraba un mujeriego.



Katy Silva

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En el texto hay: amor, romance, mentiras

Editado: 30.04.2018

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