El Juego #01 (el Juego) [muestra]

Primera Parte: Revelaciones

1

CATALINA

Estoy llegando a casa.

Miro alrededor y resoplo resignada. Esta habitación la comparto con mi hermana menor, así que, la probabilidad de llegar y encontrarla ordenada es completamente nula. Mejor ni me molesto en pelear con ella. Acabo de llegar de una jornada agotadora en el instituto y lo último que quiero es discutir con una niña de doce años.

Paso sobre libros, almohadas y ropa.

Saltando esporádicamente hasta llegar a mi cama; dejo el bolso en su lugar y suspiro. Mi madre va a asesinar a Cinthia cuando vea el desastre que tiene en la habitación, enserio ¿Cómo una chica de doce años puede ser tan desordenada?

Me recuesto en la cama exhalando el aire por la nariz con los ojos cerrados, sumamente agotada. La vibración de mi teléfono me recordó lo que estaba a punto de hacer y cuando miré la notificación en la pantalla volví a sentir el miedo atenazar mis huesos

¿Cómo me dejé convencer para hacer esto?

Técnicamente es pedir a gritos que me asesinen.

– Catalina, ven a comer. – dice mi madre desde la cocina.

– ¡Voy!

Karina: ¿Ya les preguntaste? 6:40pm

Catalina: No, acabo de llegar ¿Quieres que me maten? 6:41pm

Karina: ¡Deja el miedo, idiota! Confía en la tía Kari, ellos van a aceptar. Ahora ve y pide el estúpido permiso. 6:42pm

Me siento en la cama con un suspiro.

Cuando a Karina Shailenn se le mete algo a la cabeza no hay quien la saque de eso, y yo, lamentablemente soy su mejor amiga. Y como la buena adolescente alocada que soy, la obedezco cuando me aconseja pedir permisos a mis padres para cualquier tipo de salidas.

Claro que, casi siempre termino castigada y sin probabilidades de salir, pero bueno, no pierdo nada que ya no haya perdido intentándolo ahora.

Guardo el teléfono en mi bolsillo rezando a cualquier ser omnipotente que me escuche y salgo de mi habitación con los nervios a flor de piel.

– Lamento la demora. – digo tomando asiento junto a mi hermana en la mesa.

Mis padres son de las personas que buscan educar a los chicos sin importar lo duro o difícil del método que utilicen. Para ellos, tener una buena educación es lo esencial, y no los culpo, todos los padres quieren lo mejor para sus hijos; pero en mi caso esta educación es asfixiante.

Tanto mi hermana como yo tenemos miedo de hacer cualquier cosa por no saber si les agrada o no a las personas frente a nosotros, la mayoría del tiempo nos cohibimos de hacerlo para no contradecirlos.

Bueno, yo, más que ella.

Porque, para nadie es un secreto que ella tiene más libertades que yo.

No hemos tenido la misma educación.

Cuando ella nació, las personas frente a mi eran dulces y un poco más susceptibles a cuando yo nací.

Conocí la oscuridad de éstas personas.

Donde mi infancia se basó en entrenamientos, supervivencias, órdenes – cosas que afectarían a cualquier chica ordinaria –. La de Cinthia fue como la de toda chica normal, con risas, regalos, abrazos y todo tipo de afecto.

Pueden pensar que digo esto por envidia, pero no es así.

Todo lo contrario.

Esa crianza me daba una pizca de adrenalina que deseaba drenar en cada aspecto.

Por eso, en la actualidad no me arrepiento de nada. Es más... la vida de mi hermana me aburre. En lo único que deseo ser como ella es en los permisos para salir con amigos, y sin embargo, no me mortifico tanto al no lograrlos.

Bien puedo burlar la seguridad de esta casa en la noche y correr por el bosque cuando quiera.

Todo esto mientras que ellos no lo noten, cuando lo hagan estaré completamente confinada en este lugar y sí me voy a sentir como una prisionera.

– ¿Qué tal su día? – Pregunta el hombre de treinta años frente a nosotras.

Mi padre.

Jonas Lender.

Un hombre frío, recto, de cabello castaño claro con un corte militar, ojos marrón claro con facciones duras e inescrutables. Aterrador para muchos por su profesión de oficial en toda la zona. Pero para mí solo es un sujeto al que deseo superar sin importar el costo.

Él era el encargado de todos mis entrenamientos y algún día quiero demostrarle que lo superé, que no soy la misma chica débil que llevó a ese bosque hace nueve años.

Aun así, por el momento debo mostrarme temerosa con cada palabra que exprese, actuar como Cinthia.

Es por eso que, cuando te hace una pregunta y continúa comiendo, por obligación debes responder, esto para que no piense que has hecho algo mal o estás en algún problema.

– Todo de maravilla, papá. – responde la chica a mi lado con una amplia sonrisa en el rostro. – Los profesores me felicitaron antes de anunciar las vacaciones y me dijeron que te comunicase que has hecho un gran trabajo al educarme.

El mismo cuento de siempre.

Primero, elogiarse a sí misma como si fuera un ángel.

Luego, apretar las manos en puño bajo la mesa.

Para que al final, solo pronuncie unas palabras que sabe, conseguirá el resultado deseado.

– Excelente, Cinthia – dice mi madre. Mira a mi padre por el rabillo del ojo y sonríe – ¿Algo más?

Mi madre.

Magda Oliver de Lender.

Una mujer de cabello rubio y ojos verdes pálido, de personalidad fría, infranqueable, aterradora. No deseas toparte con ella en el lado enemigo, ella es igual o más letal que mi padre.

Sinceramente, es a la que más respeto de los dos le tengo, porque sé que cuando ella dice algo debe cumplirse o tendrás consecuencias. Incluso Cinthia ha recibido varios castigos bajo su mando, ella es la cara opuesta de la moneda.

Es abogada, decirle alguna mentira es imposible.

De eso vivimos ¿Qué podías esperar a cambio?



Laczuly0711

Editado: 20.03.2021

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