El Juego del Tiempo - Leyendas de Verano e Invierno 1

17. Jor IX

La llegada del Roble

Quedé en medio del camino iluminado con antorchas mientras el frío se entrometía por medio de mi ropa. Sirinna había desaparecido con el guardia hace un buen rato y yo no planeaba moverme de aquí.

Pero mi cabeza ya lo estaba haciendo.

¿Qué le estaría haciendo a Sirinna? Algo malo, desastroso. Quizás le habían ordenado matarla y antes la violaría, la verdad no lo sabía, pero todos los pensamientos sobre ese tema se desvanecieron cuando volvió con el guardia.

—Síganme, sus celdas son por acá —dijo con la característica voz gruesa.

Anduvimos en silencio un tramo más hasta llegar a una zona un tanto musgosa y de olor a heces, del techo goteaba un líquido algo pegajoso que daba total repulsión.

Las arcadas que Sirinna y yo mostrábamos era una clara evidencia de esta.

A su vez cada vez había menos iluminación y era muy probable que alguno de nosotros cayera o tropezara, pero no fue así, era extraño pero el húmedo lugar tenía una superficie completamente lisa y de piedra, por lo que no tardamos en llegar a nuestra celda.

—Esta es la mazmorra, esta es su celda y yo soy su guardia —dijo el elfo— si necesitan algo llamen por mi nombre, Tuth.

Cerró la celda de un golpe y cerca de allí encendió una antorcha, su sombra se alejó lentamente y cuando hubo desaparecido hablé de lo sucedido en la plaza, pues lo que había visto lo ameritaba.

—Sirinna —empecé— en verdad lo siento por tu padre.

—No creo que sientas lo que yo —se apresuró a decir.

—Creo que sé exactamente lo que sientes —agaché la cabeza y contuve las lágrimas, después solté con ira— mi padre murió después de mis hermanas y hace menos de un mes mataron a mi madre.

—No lo sabía —dijo con un hilo de voz.

—Obviamente no —dije bruscamente, una extraña cólera me había invadido— pero eso no es lo que quería decir.

—¿Y qué es? —dijo con una total seriedad.

—Tu padre.

—¿Qué tiene mi padre?

—Lo había visto en un sueño, el último que tuve hace días, ya que no he podido dormir con tanto movimiento.

—¿En un sueño? —dijo y se sentó en el suelo de la celda— ¿Cómo pudiste verlo en un sueño, si nunca lo habías visto antes?

—No lo sé, pero desde hace un mes y un poco más he estado teniendo pesadillas, que atormentan cada noche que me acuesto, en ellas hay un hombre, o un gigante que va con una armadura negra y una maza enorme, siempre lo destruye todo, pero la última vez horas antes de encontrarte todo fue distinto.

—¿Cómo distinto? —me miró como si estuviera loco, y quizás lo estaba.

—El gigante estaba en una silla y me habló del miedo, muchas palabras que no comprendí, sumando imágenes y hechos. Luego su cara comenzó a cambiar en muchas especies y personas, una de ellas era tu padre, sus ojos eran de un verde intenso y su cabello del mismo color que el tuyo, estaba angustiado por alguna situación que desconocía y tal vez ya la sé.

—Estas completamente loco —dijo dándome la espalda, temía que su reacción fuera aquella.

—Luego me dijo que los miedos son los que impulsan a la gente a hacer cosas y es el miedo lo que les hace sobrevivir y morir. No lo entendía en ese momento pero ahora lo veo, tú temías por tu padre y por su debilidad ante ti, Aeglos temía que el hiciera algo en contra de él y sumando esos miedos consiguió la muerte de tu padre.

—¡Puedes callarte, Jor! —gritó haciendo que me sobresalte, fue cuando me di cuenta de que estaba llorando— mi padre era débil y necio, y Aeglos aprovechó eso, por ahora no quiero hablar del tema y no me interesa saber si tienes algún poder o si ves en la gente lo que ellos mismos no sabes. ¡No me interesa!

Se echó en la fría roca y siguió sollozando en silencio.

Me aparté al otro lado de la amplia celda y me senté con las rodillas levantadas, miré alrededor del lugar, el techo era curvo y por esa zona no goteaba, además era de roca y casualmente más consistente que el resto de celdas, además en el centro de la nuestra había un pilar muy grueso que se extendía hacia arriba y solo habían pilares de esa naturaleza en los cimientos de alguna gran construcción.

Eso significa que estábamos debajo del Castillo Frío.

Me levanté para decirle a Sirinna, pero cuando estuve cerca de ella recordé que quizás ni quisiera verme y además estaba dormida.

Me senté a su lado y observé su piel surcada por las lágrimas, tan clara como la leche, sus pestañas largas y curvas, sus labios que eran gruesos y en ese momento tristes, también su nariz, que se elevaba en punta, sus ojeras por la falta de sueño, luego acaricié su cabello, liso y suave de un color rubio casi plata, entonces noté una fugaz sonrisa mientras dormía que me obligó a apartarme.

Entonces escuché pisadas por encima de mí en algún salón del Castillo Frío. Se trataba de tres seres, no sabía si elfos u hombres, pero posiblemente lo primero.



Gabriel E. B. Michaud

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En el texto hay: profecias, aventura peligro y accion

Editado: 01.08.2018

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