El Juego del Tiempo - Leyendas de Verano e Invierno 1

62. Jor XVIII

Miedo: La Noche del Terror

Un montón de estrellas se abrían paso en nuestras vistas, o mi vista pues no veía a nadie más que yo en el lugar. Desde un lugar completamente inhabitable como lo llamábamos El Vacío, hasta llegar a un mundo del que se veían las estrellas de este. Muchas, más de lo común.

—Hoy es el día —decía una voz con desesperación, un anciano rebuscaba entre muchos libros empolvados la respuesta de algo.

—Destruir a Kerit —decían susurros, constantemente.

—Es su misión —una voz femenina. Parecida a la de Protectaria.

Ahora estaba en una playa, recostada en la arena una guriana miraba las olas del mar. Detrás de ella el pequeño pueblo de Furcht se movilizaba como era de costumbre, niños yendo con el educador, hombres y mujeres pastando animales o arando el campo y una Jer tomándose el día.

—Jer —dijo una voz masculina a su espalda, no le veía la cara, solo podía decir que la mujer estaba encantada con él. Pero no era mi padrastro, quizás mi padre. Dos alas enormes eran cubiertas por alguna sombra y no se apreciaba el color de estas, pero si su tamaño, uno que jamás había visto en un guriano.

—¡Es un Inmortal! ¡Jor! ¡Jor! —se escuchaban gritos, del mismo anciano o de alguien más, no lo sabía.

Pero ahora dos pies cansados se movían por los pasillos de una estancia de paredes oscuras o negras. Una mano se levantó y tocó la puerta y abrió un hombre prácticamente idéntico a mi padrastro, con ojos morados.

—Cuentan las leyendas —susurraba una voz pastosa, ronca y de anciano.

——¿Qué desea, Señor Amo Dragón? —dijo el ser.

—Te encargo una misión.

Que por estas épocas nació un niño.

—¿De qué se trata?

—Siéntate —obedeció— tienes que matar a un niño.

—Pan comido.

Uno que salvaría su pasado y su futuro.

—Pero no es cualquier niño —hizo una pausa— es el elegido para destruir el mal, inclusive a los dragones.

—Ha de ser fuerte.

—Lo es, es un alado, una encarnación... tiene que ser un guriano.

—Necesitaré poderes para transformarme en esa raza.

—Te los otorgaré.

Un brillo rodeó el cuerpo del ser, que sonrió, se puso de pie y luego se cayó al piso, las alas no tardaron en aparecer. Al acabar el proceso se levantó del suelo, las alas lo hacían parecer más alto, era igual a Jod.

—Dices que se llama Jor ¿no? ¿Qué edad tiene?

—Nace hoy día —eran ahora solo voces— será tu prueba zikiano, tendrás que vivir con el tres años y sin encariñarte tendrás que matarlo, sino tu vida será maldita y me encargaré de que lo sea.

—Un niño, damas y caballeros, un niño que jugaría con el tiempo.

—Perfecto —y dos alas sonaron al chocar contra el viento.

Pero se encariñó... y maldito fue —dijo la voz de mi madre.

Ahora la cálida habitación aparecía de nuevo, en una pequeña cuna dormía un pequeño guriano de apenas tres años y dándole un beso a mi madre el traidor de Jod se acercaba al bebé. Cerré los puños, quise matarlo ahí mismo, pero la última vez no pude ni entrar al episodio.

—Jor es su nombre, Jor o El Llegado.

—Pequeño Guardián, duérmete ya —cantaba el hombre y vi en sus ojos aquel fulgor violáceo, bañado quizás en pena o en responsabilidad. Grité y traté de golpearlo, pero una clase de pared invisible me lo impidió, pero nada impidió encender en fuego el lugar.

—Impulsos —decía la voz del Maestro— no es un método muy aceptado.

—Que dará con su vida el fin a la Era de Oscuridad.

Ahora tenía al dragón sometido a mi poder, volaba por encima de Igno y a cada segundo obligaba al ser a escupir su magia para acabar con todos, algunos Ignanos ya lanzaban fuego y en las orillas pude divisar con que proximidad se acercaban dos flotas, una ondeaba un copo de nieve en su bandera y la otra en las velas llevaba estampado algunos robles.

Apunté la Maza hacia ellos para que Pozhar y Snyag los acabaran. Lamentablemente el desembarco fue apresurado y más de una flecha ya caía.

—¡Amo! —alababan algunos ignanos, en la ropa llevaban dibujos de dragones, bajé a hablar con ellos.

—Pelearán contra todo aquel que esté en mi contra y la ciudad renacerá de las cenizas para ser suya.

Todos asintieron y salieron por las puertas para atacar.

—En la que hemos vivido por mucho tiempo. Donde ya no debemos vivir.

Y ahora todo el suelo estaba quemado, habían cadáveres por todos lados. En una pica se encontraba clavada la cabeza del petún, en el suelo los ojos de Aleidón perdían brillo y se daban a la muerte derramando lágrimas, Sirinna corría huyendo pero finalmente la aplastaba una gigantesca Maza, que superaba el tamaño de la elfina con creces. Ojos Verdes trataba de auxiliar a Shakar que expulsaba alguna especie de baba viscoza y blanca, esta en sollozos es asesinada por una flecha en el corazón. Alicia, muerta. Aegis, muerto. Marte, muerto. Fénix, muerto. Todos muertos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.