El Lado Oscuro de mi Mente

Capítulo XII: Encuentros

“Bajo la sombra del pasado, firmemente pegado al abismo, nuestras ideas creen abandonar allí un lugar maldito, siempre con el eterno sonido de una vida agonizante en él, se encuentra con el rencor que los atrapo y una vez más los arrastra a él,  sin dejar de sentir el abismo que creyeron olvidar”  

Éramos tan felices, éramos tan unidos, éramos una familia. La vida tenía un sentido distinto.  Compartimos tantos momentos, tantas alegrías, tantas tristezas. Pero solo el significado de un recuerdo oscureció este nuevo encuentro, desde los prados cerca de mi casa, me siento pensando en ello, el reconocer que siempre existirá un muro entre todo esto,  pero encontrarme un nuevo miedo hace que me pregunte ¿a qué le temo ahora? ¿A quién le temen ahora? Solo espero no ser yo. Vi en sus ojos ese temor al verme, la última vez que lo hizo no fue como lo esperaba, les hice sentir ese terror, que ahora tengo miedo a ser yo a quien temen.

Momento después siento que mi madre llega al lugar, esperó un momento en medio de esta soledad, se sentó junto a mí en la grama, y minutos después dice:

—Vi que al llegar te viniste a este lugar ¿estás bien?—

—Sabes que este lugar me trae muchos recuerdos—esos recuerdos se mantenían frescos en mi mente, cuando éramos niños, yo y mis primos, junto a toda la familia solíamos venir a este lugar los fines de semanas, jugábamos, cantamos, y contamos historias alrededor de grandes fogatas (me gustaría sentir ese calor una vez más) pero nada duro para siempre, aún recuerdo la sonrisa dibujada en sus rostros, en nuestros rostros.

—Lo sé… (Se quedó callada por un momento) creo que tus recuerdos son muy distintos a los míos—dijo.

—Yo también sé porque lo dices—le dije mirándola.

—Mi madre creía que los recuerdos en nuestra mente eran lazos irrompibles, que se podían unir con otras personas, con momentos de nuestra vida, y que podía cruzar muchos lugares, muchos años, e incluso muchas vidas—me dijo llena de nostalgia.

En ese momento la  tomo de la mano y le digo:

— ¿Qué recuerdas de mi abuelo, de tu papá?­—

Me miro, y luego miro nuevamente a los prados, por un pequeño instante guardo silencio, luego respondió:

—Algunos lazos no cruzan la línea—

—Entonces los míos cruzaron esa línea, nunca mantuvieron su distancia. Nunca debí ir más allá de ellos—le dije.

Me miro nuevamente, y luego puso su brazo sobre mis hombros, abrazándome, y dijo:

—Aunque han pasado más de siete años desde eso, lo sigo viendo en tus ojos, ese dolor, no todos sentimos el dolor de la misma forma—

—Hable con Livia hoy, estuve con ella, me cuesta tanto entender—dije.

—Nunca compares su dolor con el tuyo—me dijo.

—No creo que sea dolor—le dije.

—Creo que es hora que entremos, ya va a llegar Emiliano—me levante y nos fuimos a la casa, juntos y abrazados.

Emiliano es el policía que aquella vez se acercó a nosotros, en ese accidente de la chica en el puente. En el último año ha estado pretendiendo a mama, es una buena persona, y aunque mi dolor por la pérdida de mi padre sigue vivo, sé que mi madre debe continuar con su vida, necesita de muchas alegrías, necesita de  alguien que este con ella.

Nos divertimos mucho esa tarde en la cena, Emiliano es alguien que logra sacarnos muchas sonrisas, Morgan lo ama, y por eso sé que mi madre puede tener un buen futuro con él. De cierta forma creo que existen personas que te enseñan a olvidar, tan importante es hacerlo, no siempre puedes hacerlo solo. Mi madre me dijo que los recuerdos son lazos, pienso que esos lazos son atados fuertemente a nosotros, y desatados por el olvido, sin embargo no significa que te alejes de ellos o que los olvides para siempre.

Entre tanto conversar, Emiliano nos contó algo que presencio hoy en su guardia en el pueblo más cercano al de nosotros; la villa el caminante, donde ocurrieron varios (según informes oficiales) asesinatos, de tres personas masculinas; un adolecente, uno mayor de edad, y un niño de once años, acompañados también de un último adolecente, quien sobrevivió, es el único testigo según la versión oficial dice Emiliano, resalto su asombro cuando los vio a todos bañados en sangre, pero sin la más pequeñas de las heridas, y quien sobrevivió solo repetía esa palabra (sangre) una y otra vez. Al terminar de contarnos finaliza diciendo:

—Enigmas de la vida—

Yo estuve allí cuando llegaron esas ambulancias al hospital, puede tener mucho sentido ante la forma en que la vi. Una vez acabada la cena, subí de inmediato a mi cuarto, a buscar por el internet sobre el accidente; esta noticia sale en primera plana en muchos periódicos de la región, unos de los enunciados que más me llamo la atención era uno que decía:

– Nuestra sangre ¿nuestro veneno? –

Pero la mayoría lo catalogaba como “un sangriento asesinato” mientras unos pocos lo llamaron como “suicidio múltiple” y una publicación decía “fueron víctimas de su propio ritual satánico”

Las victimas respondían al nombre de  Axel, de 23 años, Andy, de 16, el niño de 11 años quien respondía al alias de “chico” y el único sobreviviente con el alias “Rico” con apenas 18 años recién cumplidos, estos dos últimos eran hermanos. Estos portales también mostraban las fotos de cada quien, así como las fotos de los cuerpos sin vida, tapados por una sabana, pero que  no lograba cubrir la sangre en ellos, ya que todas estaban llenas de ella, también había una imagen del chico que sobrevivo, bañado en sangre igualmente, se notaba su estado de shop en su rostro, y el pie de foto decía “su vida cambio por siempre”.

Todo esto ocurrió en una casa “aparentemente”  deshabitada según la mayoría de los reportajes, lo más extraño es que el testimonio de algunos lugareños decían que se trató de una venganza, ya que todos estos jóvenes eran vándalos del sitio, según vivían de ello, pero ningún reportaje confirmo esta especulación.



Eduardo Duarte

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En el texto hay: relatos, muerte decepcion felicidad, desgracia

Editado: 14.12.2020

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