El Pacto de Emma (libro 1)

Capítulo 3

 Siento la inconfundible suavidad de mi cama, el persistente olor del alcohol, mi respiración constante, mi cuerpo relajado, mis parpados pesados.

Recuerdos de la noche pasada me abordan como un mal sueño, el campo, los tomates, las risas, la biblioteca y....Abro los ojos, el mismísimo Lucifer y nuestro trato, a lo mejor esa parte sí que fue un mal sueño y solo me golpee fuerte en la cabeza, aunque eso no explica cómo demonios es que acabe en mi cama no pudiendo recordar como llegue.

Mi estómago se siente como si lo hubiesen pateado repetidas veces y cuando me levanto ese dolor se convierte en náuseas y en una maratón al baño. Arcadas tras arcadas hacen que mi estómago se contraiga y un dolor de cabeza comience a florecer. Me siento extrañamente liviana, mi mano arde y las náuseas no cesan.

Me levanto del suelo para poder lavarme la cara y un grito escapa de mi garganta al verme reflejada en el espejo, no soy yo, es decir, soy yo pero...no lo soy, soy el reflejo que me mostró Lucifer, sacudo la cabeza fuertemente, me toco todo el contorno del cuerpo para verificarlo, jadeo, no es una ilusión, sigo usando el mismo vestido y rastros de tomate seco están por todos lados, tendré que darme una ducha antes que Jeff se de cuenta. Me miro al espejo y sonrió, toco mis labios, mi frente. Mi cara.

Un golpe en la puerta me saca del trance, "Oh no"

-¿Qué demonios te pasa, Emma? ¡Abre la maldita puerta! - Jeff esta borracho como de costumbre.

Mis nervios están a flor de piel, tengo que hacer que se vaya.

- Déjame Jeff, estoy bien, bajo en un segundo, tengo que arreglar algo aquí. - me paseo de un lado al otro de la habitación, pensando cada palabra con cuidado. Su borrachera suele ser sensible.

Los golpes en la puerta se hacen más insistentes "Bueno, al parecer no funciono"

-Me importa muy poco lo que tengas que hacer, ABRE - gimoteo en respuesta, mi cabeza palpita, la palma de mi mano arde, estoy hambrienta, sus golpes se vuelven más ruidosos, me irritan.

Ya me canse.

-¡Déjame en paz, maldita seas! - sus golpes se acallan de inmediato.

El silencio se hace entre nosotros, mi corazón se acelera, nunca le había levantado la voz a Jeff, nunca en toda mi vida.

Cuando voy a disculparme, la puerta se abre de par en par dando un golpe contra la pared, un Jeff enojado y muy alcoholizado entra y se paraliza al instante de encontrar mi mirada, sus ojos se abren desmesuradamente y poco a poco comienzan a humedecerse, su boca cae abierta mientras un jadeo acompaña las lágrimas y susurra una palabra:

-Ana... - estira las manos para tocarme, como si no pudiera creer que soy real, su expresión se torna temerosa y baja los brazos, trato de alcanzarlo para hacerlo entrar en razón pero retrocede asustado. De repente sus ojos se vuelven blancos y cae , cae como si fuese una marioneta a la que cortaron sus hilos, chillo mientras su cabeza golpea el suelo con fuerza, corro a su lado y lo sacudo gritando su nombre, torpemente busco su pulso, respiro aliviada al encontrarlo allí.

-¡Despierta! - golpeo su cara y nada, corro escaleras abajo y busco el teléfono, con dedos temblorosos marco el número de emergencias y pido ayuda, la mujer que me atiende dice que la ambulancia está en camino, así que cuelgo y subo las escaleras a toda prisa, coloco un almohadón debajo de la cabeza de Jeff y me cambio rápidamente.

~°~

Estoy sentada en el hospital, esperando la respuesta de los médicos. Mis uñas están todas mordidas y mi estómago ruge en señal de protesta. Todo lo ocurrido me tiene bastante angustiada, el hecho de que Jeff haya susurrado el nombre de mi madre al verme, me hace pensar que somos más parecidas de lo que pensé, no solo en actitudes.

El tiempo pasa, los minutos se hacen eternos, cuando por fin una enfermera se acerca, estoy de pie al instante, esperando una respuesta.

-Tu padre sufrió un colapso, está en un coma temporal, su sistema tenía demasiado alcohol y no lo resistió. - asiento ausente, ella pone su mano en mi hombro - Deberías ir a casa y descansar, tenemos tu número, te llamaremos si hay algún progreso. - me da un apretón consolador y se va. Caigo sobre el asiento y pongo la cabeza entre manos. Sola, otra vez, primero mi madre y ahora él. Respiro forzosamente y decido irme del hospital caminando, lo que me dará más tiempo para pensar...

~°~

Llego a mi casa veinte minutos después. Todo está en silencio y en calma, como si nada hubiese pasado.

Me preparo un buen plato de espagueti con salsa y me lo devoro por completo. Una vez saciada y más calmada reviso el reloj de la cocina, 21:48. Vaya. No me había dado cuenta las horas que estuve en el hospital. Me dirijo a mi habitación, me doy un baño y me demoro bastante tiempo allí. Cuando salgo, mi cuerpo está más relajado y el sueño comienza a hacerse imposible de ignorar.

Mi camisón ahora parece una especie de remera estirada que me cae por los hombros, resoplo "Genial, ahora necesito un nuevo guardarropa" Me meto en la cama y me tapo hasta la nariz, miro el techo un rato y luego mis ojos se van cerrando, mis párpados demasiado pesados para mantenerlos abiertos y la oscuridad me da la bienvenida.

~°~

Me levanto tres horas después con la extraña sensación de alguien o algo observándome, me levanto para tomar un poco de agua y cuando vuelvo a mi habitación, la extraña sensación se vuelve a asentar, suspiro frustrada y froto mi cuello, voy hacia mi ventana, nada, ni una sola alma fuera. La luz del farol titila afuera, dando un aire muy tenebroso.



S. Luque

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Editado: 17.03.2018

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