El Pacto de Emma (libro 1)

Capítulo 15

La tarde paso en un borrón. Junto a Jeff acomodamos la casa y movimos algunos muebles del lugar , luego lo ayude con la búsqueda de trabajo. Había encontrados una vacante para operador de grúas, él me había mirado y había dicho que definitivamente no, pero después de algunos minutos de renegar lo logré convencer que tiene la suficiente experiencia y que si después de probarlo no era lo que esperaba entonces encontraríamos otro. Cuando finalmente nos habíamos cansado de buscar nos pusimos a hablar y me contó sobre mi madre.

Se habían conocido en un parque, Jeff paseaba como de costumbre por ese lugar, y como era un hábito para él en ese entonces, se sentaba todos los días en un banco a esperar el amanecer. Porque para él no había nada mejor que comenzar el dia con esa vista, sabiendo que debido a su trabajo podría ser la última vez que lo viera. 

 Hasta que la encontró.

 En un banco más alejado del suyo, la perfección, la belleza en persona, ella era como un espejismo irreal, que miraba el amanecer con fascinación y una emoción pura y sincera. 

 Y como si notara su mirada, giró su cabeza y al verlo sonrió con dulzura. 

 Jeff dice que fue amor a primera vista, como si mil flechas cayeran sobre su corazón y las piezas que no encajaban en su vida, de pronto cobraban un total sentido. Y así fue  por varias semanas hasta que se animara a hablarle y se diera cuenta de que ella era totalmente etérea y no un tipo de ilusión. 

 Sus primeras palabras hacia ella habían sido: Disculpa pero tienes una araña en el hombro. No pude evitar quedarme pasmada y luego soltar una carcajada. Porque, efectivamente, mi madre tenía, aquel día, una araña en el hombro.

 Ella habia reido y luego de poner al pequeño animal en un árbol, lo invitó a sentarse juntos y contemplar el amanecer. 

 Y así empezó. Esa mañana, entre charla y charla. Ella le habló de la pequeña hija de 6 mese que tenía y él le habló de su trabajo y el deseo de formar una familia. 

 El amor crecía con cada palabra entre ellos y 8 meses después, Jeff era parte oficial de la familia y mi padre. Ellos tenía sus peleas. Me contó que incluso quería tener otro hijo, pero ella nunca quiso y él nunca entendió la razón, y la sigue sin entender hasta el dia de hoy.

 Jeff me dijo que lo más raro pasó un tiempo luego de conocerse, cuando vivían en el apartamento de él. Un dia luego de volver de su trabajo la había encontrado hablando sola en una esquina, haciendo pausas y comentarios como si mantuviera una conversación con la pared y está le respondiera. Él dice que después de ello, ella nunca volvió a ser la misma. Se volvió más paranoica y cada noche salía a realizar sus caminatas nocturnas y volvía al dia siguiente, cansada y drenada de color. Por supuesto, Jeff enloquecía de preocupación pero no había forma lograr que ella frenara estos comportamientos. Y él sí que lo intento. Y nunca nos abandonó porque nos amaba con locura y ese amor superaba incluso las locuras de mi madre.

 Luego de mucho tiempo así, él recibió una oferta de trabajo en la gran ciudad, en un departamento de bomberos que era considerado el más prestigioso, donde el dinero era el doble de lo que él ganaba en su actual trabajo. Y cuando se lo menciono a mi madre, ella estaba emocionada, orgullosa de él y ansiosa por mudarse. 

 Pasaron un poco más de dos años cuando el incidente ocurrió. Una noche, él recibió una llamada de los vecinos, alertando un departamento que  se estaba incendiando y en cuanto supo la dirección y el número su corazón dejó de latir, salió a toda velocidad, olvidándose de absolutamente todo y puso en marcha el camión.

 Cuando llegó, diez minutos después, ya era demasiado tarde. El apartamento estaba completamente tragado en llamas. Olvido su traje, olvido la manguera y hasta se olvidó de su propia vida al entrar al apartamento rompiendo la puerta de una patada. Se ahoga por el humor y su visión era muy reducida pero encontró las fuerzas para avanzar. Llamo a gritos a mi madre pero no obtuvo respuestas, luego escuchó sollozos débiles provenientes del armario y cuando lo abrió me encontró. Tirada en el piso, hecha una bola, temblando incontrolablemente. Me sostuvo en sus brazos y el techo del apartamento comenzó a desmoronarse y un pedazo de escombro cayó sobre su pierna. Con un grito de dolor y lágrimas corriendo por su cara, formando líneas negras en sus mejillas, abandonó el apartamento. Abajo estaba la ambulancia, me puso en brazos de un médico y se dio la vuelta, dispuesto a entrar de nuevo a buscar a su amada, pero la explosión  destruyó todo y el lugar quedó consumido en llamas. Nadie pudo haber sobrevivido a eso. Él cayó al piso y su llanto de perdida era una arrebatadora sinfonía al compás de las llameantes brazas que se burlaban de él.

 Cuatro meses después, Jeff era un bombero retirado. El escombro que había caído sobre él, había fracturado su pierna en muchas partes y lo había dejado fuera de combate, con una cojera permanente y muletas los primeros 2 años. Y además de tener que cuidarme, lidiaba con la pérdida de mi madre,  y sus restos, que nunca fueron descubiertos. Por ello comenzó a beber y una vez en ello, no pudo parar. La bebida era para él, como la medicina para un enfermo, lo curaba momentáneamente y lo alejaba de la realidad y dolor con el que vivía. Siempre quiso lo mejor para mi, el mejor padre. Pero cada vez que me miraba, veía a mi madre y temía perder la cabeza o quebrarse, entonces solo me mantenía alejada de él, queriendo que yo lo odiase por algo que nunca supe. Queriendo mi odio por sentirse responsable de su muerte. 



S. Luque

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Editado: 17.03.2018

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